Maná

Maná

Una novela diferente

No es frecuente encontrar novelas que tengan a científicos como protagonistas, al menos no con un planteamiento coherente y verosímil. Maná se define como un thriller biotecnológico, una novela cuyo principal fin es el entretenimiento pero que no duda en abordar la divulgación científica usando la voz de sus personajes. Los autores, el guionista y crítico cinematográfico Pedro Uris y el científico Daniel Ramón han conseguido desarrollar una trama donde las intrigas y misterios típicos del género no están reñidos con la verosimilitud y el rigor en los términos técnicos. Además tratando un tema de tanto debate social como son los alimentos transgénicos, el avance científico y los intereses socioeconómicos que puede suscitar; siendo el resultado perfectamente accesible a todos los públicos. En esta reseña trataré de explicar la temática de la obra, sus puntos fuertes y débiles y, porqué no, una pequeña ración de divulgación sobre los organismos modificados genéticamente.

¿Qué es un OMG?

Maíz variegado
No, no es maíz transgénico. (Imagen de Sam Fentress bajo licencia CC-BY-SA-2 vía Wikimedia Commons)

OMG proviene de las siglas en castellano de Organismo Modificado Genéticamente. Es muy posible que hayáis oído hablar de ellos en su vertiente alimentaria, la de los alimentos transgénicos. Sobre todo por parte de la virulenta campaña en contra fomentada por diversas ONGs como Greenpeace, Amigos de la Tierra o Ecologistas en Acción. Tomates con dientes, fresas cuyo interior es el de un kiwi, diversas frutas con jeringuillas, maíz con cara malvada… No hay más que hacer una búsqueda en Google para desatar la ola de imágenes impactantes. Sesgadas y malintencionadas, sí, pero el impacto ya está conseguido: están metiendo genes en nuestra comida y oye, yo no quiero comer esas guarradas. Cabe decir que sí, todo vegetal que consumimos está formado por células y toda célula tiene en su interior genes que nos estamos comiendo, sea transgénica o no. A muchos lectores les parecerá una perogrullada pero he escuchado ese argumento más de una vez.

Se le llama OMG a todo organismo cuyo genoma ha sido modificado usando técnicas de ingeniería genética. Sin entrar en mucho detalle, la ingeniería genética permite añadir genes de otras especies – ya sea cercana o lejana– , y también aumentar o suprimir la expresión de un gen ya existente. Ese pequeño fragmento de DNA al que llamamos gen confiere a un organismo la capacidad de sintetizar una proteína, que puede ser una enzima, la base molecular de toda reacción química que tiene lugar dentro de un ser vivo; desde la transformación de azúcar en energía hasta la contracción muscular. En definitiva, gracias a esta técnica es posible coger un “trocito” de DNA de un organismo e introducirlo en otro con el fin de obtener alguna ventaja, conseguir que haga algo que no podía hacer hasta el momento.

Esta técnica es utilizada en mejora genética de cultivos destinados a la alimentación, y ese uso es el que causa la mayor controversia, pero vivimos rodeados de productos producidos a partir de OMGs : desde fármacos como la insulina o la hormona del crecimiento hasta las enzimas que contienen los detergentes para quitar manchas, el algodón para la ropa e incluso el utilizado para fabricar los billetes de Euro.

Quizás es algo que se entienda mucho mejor con un ejemplo real. Bacillus thuringensis es una bacteria capaz de producir una proteína (Cry) que es inocua para los animales y la mayor parte de los insectos; mata específicamente al taladro (larva de mariposa), una plaga que puede llegar a arrasar con plantaciones enteras de maíz y otros vegetales. Esto es sabido desde hace años y de hecho se vende la propia bacteria como insecticida, lista para ser repartida por doquier en todos los campos que se quieran proteger contra la planta. Conforme la ingeniería genética lo hizo posible, se tuvo la idea de expresar ese gen de la bacteria en el maíz. Con ello consiguieron que la planta produjera la proteína insecticida por sí misma en sus zonas verdes y no en las mazorcas. La incidencia de la plaga bajó considerablemente sin necesidad de hacer uso de otros insecticidas quizás no tan específicos como la proteína Cry con el consecuente beneficio económico y mediambiental. Esta estrategia funcionó tan bien y tuvo tanto interés que constituye uno de los pocos alimentos transgénicos (MON810) admitidos en la Unión Europea tras años de estudios que certificaron su inocuidad.

Las letras utilizadas en el nombre de la variedad de maíz (MON) constituyen seguramente el argumento más utilizado contra los transgénicos: Monsanto y en general todas las multinacionales que producen transgénicos de interés agronómico. Ese asunto daría para un artículo entero sin lugar a dudas pero no tiene sentido juzgar la herramienta según una empresa que la explota. Los alimentos transgénicos no son Monsanto y existen muchos centros de investigación públicos y gobiernos de todo el mundo apostando por ellos.

Arroz Dorado
Arroz dorado en comparación con el convencional. Sería perfecto para hacer paella, ¿no? (Imagen del International Rice Research Institute (IRRI) con licencia CC-BY-2.0 vía Wikimedia Commons.

Además, esto contrasta con la existencia de desarrollos públicos como es el caso del Arroz dorado. Este cultivo transgénico fue diseñado en universidades y centros públicos de investigación en Europa los cuales renunciaron a percibir ningún beneficio económico derivado de su uso. Este arroz expresa provitamina A en su grano. Se consiguió expresando 3 genes que codifican para 3 enzimas que completan la ruta de síntesis de la misma. Se estima que unos 250 millones de niños tienen carencia de esta vitamina la cual provoca problemas como la ceguera o incluso la muerte (1-2 millones de niños al año). Esta escasez es causada por una alimentación muy limitada, una dieta muy poco variada en ciertas partes de Asia que incluye tan solo arroz, que carece de esa vitamina. Este cultivo podría salvar la vida de cientos de miles de niños pero su uso está bloqueado por la fuerte oposición de diversas ONGs que lo consideran un “caballo de Troya” para mejorar la imagen de los transgénicos. En palabras de Patrick Moore, cofundador y exmiembro de Greenpeace:Greenpeace está utilizando sus más de 300 millones de dólares de ingresos para sofocar uno de los avances más importantes en la nutrición humana y la prevención de enfermedades.

Pero es que a mí me gusta comer natural”

La agricultura a lo largo de los años se ha tenido que optimizar para hacer frente a una demanda cada vez mayor de alimentos. Una buena parte de ese trabajo lo hicieron los propios agricultores eligiendo especies silvestres, cruzándolas y seleccionando aquellas que produjeran mayores frutos, crecieran mejor, etcétera. Tras todos esos miles de años de selección de mutaciones espontáneas y cruzamientos, sin ningún conocimiento de genética, hemos obtenido plantas que poco tienen que ver con su antepasado silvestre y que constituyen auténticos “monstruos” genéticos que no durarían ni medio telediario si el ser humano desapareciera. No hay más que ver una imagen del antepasado silvestre del trigo o del tomate para darse cuenta de que se parecen en poco o nada a los actuales tanto física como genéticamente. El redescubrimiento de las Leyes de Mendel, y el comenzar a discernir las bases moleculares de la herencia, abrió la puerta a mejoras que no dependieran de la lenta mutación espontánea. Ya en los años 50, con las herramientas heredadas de la Segunda Guerra Mundial se dio un paso más utilizando agentes mutágenos como los rayos gamma y X.

tomate "natural" vs. tomate actual
A la derecha, algunas de las variedades de tomate que consumimos actualmente (Imagen de NaJina McEnany, 2007 bajo licencia CC BY-SA 2.5.) A la izquierda una variedad de tomate silvestre (imagen de John D. Byrd, Mississippi State University, Bugwood.org bajo licencia CC BY 3.0). Además del diferente tamaño y aspecto de esta variedad natural, es tóxica.

La transgénesis constituye tan solo una herramienta más, la más afinada y específica de todas. Ya no tenemos que esperar que surja una mutación espontánea en el maíz que lo vuelva más resistente a una plaga, por ejemplo. Ni siquiera irradiar esas plantas para aumentar la tasa de mutación y acelerar ese proceso. Con la transgénesis se puede realizar el mismo proceso de una manera muchísimo más rápida y específica, con menor riesgo de efectos no deseados, e incluso lograr avances que serían imposibles o extremadamente largos con las técnicas antiguas. Como herramienta no es ni positiva ni negativa per se, tan solo una alternativa que puede ser de gran utilidad para la mejora de plantas de interés agronómico pero cuyos beneficios o perjuicios deben analizarse caso por caso. Lo que es evidente es que es el sistema más eficaz del que disponemos para conseguir cultivos con mejores características.

¿Pero esto no era una reseña de un libro?

Tal vez por pura “deformación académica” me he ido por las ramas pero creo que ha sido interesante aportar un humilde panorama de los organismos transgénicos a la hora de entender el argumento del libro.

El mismo gira alrededor de una idea imposible imaginada por 4 científicos en un bar de Heidelberg, muchos años antes del desarrollo de la historia, que quizás podría estar convirtiéndose en realidad: el cultivo perfecto que es capaz de satisfacer todas las necesidades nutricionales del ser humano, resiste todas las plagas y es capaz de crecer sin apenas agua, el Maná. Una planta de estas características “podría ser capaz de terminar con el hambre en el mundo”.

«Imaginad unos campos yermos, prácticamente un desierto, una escudrilla de aviones comienza a lanzar sus semillas desde el cielo y el desierto se cubre de verde. Las plagas bíblicas pasan sobre ese vergel sin tocarlo. […] Y sin embargo, para los hombres es el alimento completo. […] Y ha llegado del cielo, como el Maná. Solo que los dioses son ahora los científicos.»

Esta idea en un principio disparatada podría estar convirtiéndose en realidad gracias a la ingeniería genética. Esto que quizás puede sonar a ciencia ficción lo es tan solo a medias ya que hoy en día existen multitud de grupos de investigación desarrollando plantas resistentes a alguna plaga, a la sequía o con mejores propiedades nutricionales – o que las hacen válidas para ciertos colectivos – e incluso algunas ya están culminadas como los dos ejemplos de la introducción. De ahí a lograr un vegetal capaz de resistir cualquier plaga, tener una composición nutricional perfecta o poder crecer sin problemas con muy poca agua va un trecho, sin lugar a dudas, pero al menos la base científica, aunque simplificada, es creíble e incluso está ocurriendo hoy en día a una escala mucho menor.

A la izquierda se puede observar el maíz transgénico y a la derecha el convencional, ambos con el mismo trato.
A la izquierda se puede observar el maíz transgénico y a la derecha el convencional, ambos con el mismo trato.

Una trama que engancha

El protagonista, Sergio Soto, es un biólogo español especializado en biotecnología e inmunología que fue uno de esos 4 científicos que imaginaron el Maná: “Fue el único que no persiguió el sueño, pero ahora vivirá la pesadilla”. Está casado con Nuria, una economista ambiciosa que aspira a que su marido, hija y ella misma lleguen a lo más alto de sus carreras profesionales descuidando otros aspectos. Tras la trágica muerte de uno de esos cuatro científicos, Benjamin Cohen, Sergio se ve arrastrado desde Barcelona a Wageningen, una pequeña ciudad en los Países Bajos, para ocupar el puesto de director científico de una importante empresa biotecnológica, GenoAgri, que quedó libre tras fallecer su colega. Pronto se dará cuenta de que el interés en que ocupara ese puesto no surgía tan solo de sus méritos como científico. Cohen estaba trabajando precisamente en una planta transgénica con un contenido equilibrado de proteínas, ácidos grasos y vitaminas y le habían llamado para que recopilara toda la información posible del estado de la investigación y continuara con la misma. En otras latitudes diferentes los dos científicos restantes, Dieter Weissman y Hugo Almeida, estaban realizando grandes avances en conseguir plantas tolerantes a la sequía y resistentes a todo tipo de plagas, respectivamente.

Aunque esos tres científicos siguieron trabajando, cada uno por su lado, su visión sobre el avance científico no podía ser más diferente. Cohen era un científico muy reputado que había sonado varias veces para el premio Nobel, Weissman un buen profesional cuyo mayor anhelo es el reconocimiento de su trabajo que tantas veces le había sido negado y, en cambio, Almeida es un empleado de un organismo público, en Helsinki, y pensaba que su descubrimiento no debería caer en manos de ningún gobierno o empresa sino quedar a disposición de toda la humanidad.

Pronto entrarán en juego el gobierno chino y Global Transgenomics, una multinacional líder en el sector, que estarán dispuestos a hacer cualquier cosa con tal de conseguir el control de esos descubrimientos desencadenándose así el peligro para cualquiera de los investigadores implicados que no cedan a sus exigencias. Por otra parte, no podía faltar el policía veterano que en este caso es Pekka, un enfermo terminal de cáncer que no dudará en llegar hasta el final en el último caso de su vida.

Como claro contraste a todo ese mundo científico y empresarial se muestra la vida de Andrea, una joven activista dispuesta a cambiar el mundo que viajará a Berlín con su grupo para participar en una gran manifestación con motivo de una cumbre del G8. En un momento del argumento su camino se cruzará con el de Sergio. Dada la condición de antitransgénicos no muy bien informada que tiene Andrea, los autores usan ese recurso para rebatir algunas de las ideas más típicas pero su papel en la historia va mucho más allá: bastantes capítulos son narrados desde su punto de vista y su conexión con Sergio jugará un papel fundamental en la misma.

En definitiva, más de 500 páginas de asesinatos, amenazas, intrigas empresariales y políticas, dilemas morales e intereses tras uno de esos descubrimientos científicos que podrían cambiar el mundo y sacudir la historia de la humanidad.

El género de la “novela divulgativa”

Como he explicado en la introducción de la reseña, Maná se define como un thriller biotecnológico. Básicamente un libro de suspense, asesinatos e intrigas pero con científicos como protagonistas y un descubrimiento como argumento principal. No obstante, los autores han ido bastante más lejos en este sentido: el libro no sólo muestra una base científica sólida y coherente sino que intenta explicársela al lector de manera sencilla y sin eludir la polémica.

Esto queda patente desde las primeras páginas en las cuales Sergio asiste a su antiguo barrio en Sabadell para participar como ponente en un acto cuyo tema central es el hambre en el mundo:

«La biotecnología es la utilización de organismos vivos con fines industriales y, si bien es un concepto relativamente moderno, la especie humana la ha utilizado desde siempre, aunque durante largos periodos de la historia de la humanidad lo haya hecho de manera intuitiva, sin ninguna herramienta científica. […] Supongamos que tenemos una variedad de trigo que produce muchas toneladas por hectárea, pero es sensible a un determinado insecto; y otra que, por el contrario, es inmune a esa plaga, pero presenta unos ratios de producción muy bajos. Por separado no tenemos nada, los pueblos que dispongan de esas variedades probablemente terminarán padeciendo hambrunas. Sin embargo, si las juntamos, tendremos un tesoro y el pueblo que lo posea erradicará el hambre en su territorio. […] Con la ingeniería genética, con la ciencia, trabajaríamos únicamente en la dirección correcta, sin dejar margen para el azar.»

Un asistente del público no tardó en replicarle mostrando su oposición a la que Sergio no contestaría pues consideraba que nada de lo que dijeran en esa sala ni nada de lo que pensara la gente importaba realmente pues la ciencia era independiente de ello, y su actividad como científico totalmente ajena a la sociedad. A lo largo de la novela podemos ver cómo madura esa opinión.

El tema elegido, del hambre en el mundo y los transgénicos, no lo ha sido por casualidad. Es frecuente ver diferentes medios que hablan de la farsa de los OMG, de que no van a acabar con el hambre en el mundo “tal y como prometen”. Y es cierto: ningún avance científico puede, por sí solo, acabar con un problema así que tiene un trasfondo más bien político y social pero ningún partidario de los alimentos transgénicos sensato defendería tal cosa. Ahora bien, es evidente que una mayor productividad fruto de los transgénicos podría contribuir a dar alimento a una población cada vez más grande y en unas condiciones climáticas más extremas.

A lo largo de la historia veremos momentos así, en ocasiones algo metidos con calzador, que permitirán a los autores profundizar en algunos puntos relacionados con los transgénicos, su oposición así como la propia ciencia, sus límites y su relación con la sociedad. En cualquier caso, no creo que se hagan complicados para los lectores no duchos en el tema; es accesible para todos los públicos. Personalmente me ha parecido una combinación muy interesante porque permite al lector entender mejor algunos aspectos de lo divulgado al mismo tiempo que disfruta del suspense de la trama.

Unos entornos muy logrados

Hotel de Wereld
Hotel de Wereld en Wageningen. Imagen de Doorwerth. Disponible bajo la licencia Creative Commons BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons

La mayor parte de la acción de la novela se desarrolla en Wageningen, una pequeña ciudad de los Países Bajos. En esta ciudad se encuentra GenoAgri, la empresa que contrata a Sergio. Si bien este nombre es ficticio – aunque probablemente inspirado en alguna institución real – hay otros lugares reconocibles como el Hotel de Wereld en el cual se firmó el final de la Segunda Guerra Mundial en el país.

En Heidelberg, donde los cuatro científicos de la historia se conocen veinte años antes del transcurso de la trama, se sitúa el EMBO Lab, un laboratorio público internacional centrado en la biología molecular. Por otra parte, en Helsinki, donde residen Pekka y Hugo Almeida, se nombra el lugar de trabajo de este último: el VTT, un centro público finlandés de investigación así como diferentes barrios de la ciudad. En Berlín, donde se situará Andrea y su grupo, se muestra fundamentalmente el edificio Tacheles, un inmueble okupado por un grupo de artistas en los años 90, como lugar de reunión de los activistas.

Cabe decir que muchas personas u organizaciones a los que se hace referencia lo largo de la obra son reales exceptuando, claro está, a las principales empresas y protagonistas de la historia.

Novela a cuatro manos

Parc Científic
Imagen del parque científico de la UV. (Imagen publicada por Parc Científic de la Universitat de València – http://www.pcuv.es. Licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons)

La obra está coescrita por Daniel Ramón y Pedro Uris. El primero es un científico, doctor en Biología por la Universidad de Valencia, autor de más de cien artículos y de una decena de patentes. Su carrera ha estado vinculada al Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), un centro del CSIC situado actualmente en el Parc Científic de la UV, en donde se incorporó como científico titular dos años después de terminar su tesis doctoral en Antibióticos S.A. Actualmente está de excedencia de este organismo debido a su cargo de consejero delegado y director científico de Biopolis S.L. , una spin-off del IATA cuyas instalaciones están en el mismo complejo. En su faceta divulgadora, ya escribió un libro titulado Los genes que comemos (Algar, 1999) que mereció el II Premio de Divulgación Científica Estudi General. Daniel Ramón hizo varias estancias post-doctorales en los Países Bajos, concretamente en la Universidad de Wageningen, ciudad donde tiene lugar buena parte del desarrollo de la obra. Se nota entrever, por tanto, un cierto carácter autobiográfico en la novela o, al menos, mucha influencia de esas experiencias del autor en Holanda.

El segundo, Pedro Uris, lleva más de 30 años en la crítica cinematográfica siendo redactor de Cartelera Turia desde los años 80. Como escritor ha sido autor de varios relatos cortos que han cosechado premios en certámenes literarios y de una novela policíaca: Cita con la eternidad (RD Editores, 2008). También ha trabajado como guionista en series televisivas y TV-movies como Adrenalina o Las Palabras de Vero. Su experiencia en el medio escrito y en la novela negra junto con el bagaje científico de su compañero ha dado como resultado este libro escrito durante los fines de semana y espacios en la apretada agenda de los autores durante los últimos dos años y medio.

A pesar de estar escrita a cuatro manos, no se aprecia diferencias de redacción en las diferentes capítulos siendo notoria la complementación a nivel de estilo y conocimientos de los dos autores.

Pedro Uris y Daniel Ramón
A la izquierda Pedro Uris, a la derecha Daniel Ramón; autores de Maná.

Conclusiones finales

Maná, en definitiva, es una novela que engancha, fácil de leer y muy entretenida. Sus momentos divulgativos ocupan varias páginas pero están explicados con la mayor sencillez posible y, hasta cierto punto, integrados en la trama. Es cierto, como ya he comentado anteriormente, que en ocasiones no se consigue tal integración y para un lector más experto se puede notar que se intentan tocar todos los ámbitos y mitos recurrentes de los organismos modificados genéticamente. A pesar de ellos, la novela está al alcance de cualquier aficionado al thriller o que quiera aprender un poco de ciencia de una manera muy sencilla – o ambas cosas al mismo tiempo, que es donde reside la gracia de este género híbrido.

La novela muestra la postura de los científicos y también la de los detractores de los OMGs profundizando no sólo en los mitos infundados y falsedades malintencionadas de los segundos sino también en la idea de algunos de los primeros de que son la solución a la mitad de los problemas del mundo por sí solos.

Se recurre habitualmente en la prensa a querer “dar voz a todas las versiones” poniendo al mismo nivel un estudio científico realizado por varias instituciones de prestigio durante décadas que la ocurrencia de alguna entidad mediática, que esgrima la posición contraria sin ninguna base, dando la impresión al lector de que existe un debate real de igual a igual entre las dos posturas. Ese error no se comete en esta obra pero, desde luego, no se trata el asunto de manera simplista o excesivamente optimista.

Por otra parte, el ámbito y situación elegidos son un soplo de aire fresco a un género donde se suelen repetir ciertos clichés. En este caso los protagonistas son investigadores que no encajan ni en el perfil de científico loco ni en el de santo dispuesto a todo por el bien común. Son, ante todo, personas con las mismas inquietudes, luces y sombras que puede tener cualquier otra. Esto se puede observar en la gran diferencia de caracteres y moralidad de los cinco científicos principales. Nada es independiente ni libre de intereses y los científicos no escapan de ello. La ciencia en sí y las leyes que la rigen quizás no dependen de los intereses humanos pero la forma en la cual la estudiamos y hacemos uso de ella sí, y también las personas que se encargan de ello, sin lugar a dudas.

En la novela también nos encontramos con rasgos más típicos como es el caso del triángulo amoroso con un comienzo bastante convencional, una forma de conectar tramas y dar otra capa de dilema moral a la misma pero su desarrollo y conclusión no deja indiferente en absoluto.

Otro aspecto que no nos ha gustado tanto es la manera en la que se desvelan algunos aspectos del argumento, utilizando el recurso de la anticipación de manera un tanto abusiva: «Ambos volverían a encontrarse una vez más, pero entonces tampoco mantendrían ningún diálogo porque uno de ellos estaría muerto». Se recurre a esta clase de frases muchas veces, tanto que a mí personalmente me llamó la atención. Además, la sinopsis de la contraportada del libro desvela demasiado y no siempre de las primeras páginas. Es cierto que la mayor parte son cosas predecibles y no muy decisivas pero creo que más de lo que os he adelantado en esta reseña. Personalmente hubiera preferido empezarla sin leer ese texto.

Además de ser un entretenimiento fantástico, creo que deberían existir muchos otros proyectos similares en todos los ámbitos de la ciencia, que debería haber una divulgación científica y periodismo científico de calidad que en ocasiones es escaso o infame. Y para ello los científicos tienen que contar lo que hacen de la mejor manera posible, de forma que sea atractivo de cara al lector. En los últimos años se han dado algunos pasos en este sentido de manera que espero que la tendencia continúe con más investigadores que se animen a divulgar; más aún cuando la pseudo-ciencia, superchería y el engaño campan a sus anchas en farmacias, televisión o prensa.

Portada Maná

La novela está publicada por Carena Editors este mismo año, en tapa blanda y se hace cómoda de leer al tener un tamaño de libro y letra adecuados. Se puede conseguir por unos 19-20€ en varias webs pero no resultará fácil encontrarla en librerías y aún más si no están situadas en Valencia. Por otra parte, no existe todavía posibilidad de comprarla en versión para ebook algo que sería de agradecer si la rebaja de precio acompañara – cosa que no ocurre muy frecuentemente en este país.

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