Hatoful Boyfriend, la mayor historia de amor jamás contada (Parte II)

Ayer, miércoles 10 de septiembre de 2014, he terminado uno de los finales de Hatoful Boyfriend. ¿Qué tengo que decir al respecto? Muchas cosas, pero de momento simplemente comentaré cómo ha sido la experiencia, con qué pájaro he salido y qué sensación me ha dejado. La review con la nota y todas las impresiones restantes estarán el viernes, y por fin podré quedarme a gusto y satisfecho. Esta entrada estará llena de spoilers, así que leedlo bajo vuestra responsabilidad.

En la última entrada, presenté a los distintos personajes que conforman -no a todos, queda uno más, pero como tampoco influye en la historia podemos prescindir de el- Hatoful Boyfriend y las bases de la historia, así que en este me dedicaré a hablar de las decisiones que he tomado y el final que he obtenido. Tras conocer a todos los pájaros, nuestro profesor comenta que tenemos que elegir algún club al que unirnos, ya sea el consejo estudiantil, el club de deportes o ser parte de los responsables de la biblioteca. Como Nageki, el palomo torcaz me gustó bastante -en parte por la canción de Serrat-, elegí la biblioteca para hacer migas con nuestro alado amigo. Una vez allí, hablamos un poco con él y conseguimos acercarnos un poco más, pero sin mucho éxito.

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Los días pasan y el juego se empieza a hacer cada vez más aburrido. La novedad de que nuestros compañeros sean pájaros deja de tener la poca gracia que poseía y los eventos que se nos presentan son inconexos y sin ningún tipo de sustancia. Por ejemplo, en una excursión los alumnos de clase comen en mitad del prado y podemos elegir con quién compartir nuestro almuerzo. Como Nageki no se encontraba entre las opciones, elegí a nuestro amigo Ryouta, el palomo común. Simplemente tienen una conversación sobre su alimento y no sucede absolutamente nada más.

Después de unas cuantas situaciones más -o justamente después de lo del prado, no lo recuerdo bien porque los días no tienen conexión entre ellos- se comenta que el festival de deportes está a la vuelta de la esquina. Nuestros plumíferos amigos deciden qué actividad quieren hacer, y se nos presenta una nueva decisión: podemos elegir entre la carrera a tres pies, la maratón, estar con el doctor para cuidar a los que se hagan daño o pasar de todo e ir a la biblioteca. La decisión era evidente dado el final que quería, así que dirigí mi atención al palomo solitario y tristón. Poco a poco va cogiendo más confianza, incluso parece que nuestra presencia le es agradable.

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El tiempo pasa y el curso acaba. En mitad del verano, nuestro personaje se aburre de estar en su casa y  decide ir a correr, dando lugar a otra situación sin sentido que no lleva a ningún sitio. Simplemente acabas lejos de tu hogar y te encuentras con otro tipo de ave llamado Koshiba Azami, un gorrión que vende takoyaki. Debido a que estamos tan alejados de casa, se presta a llevarnos en su moto para ahorrarnos el suplicio de hacer el camino de vuelta. Nos damos cuenta de que el gorrión conduce lento de narices y acabamos llegando de noche, pero no importa demasiado ya que no volvemos a ver a este personaje nunca más y la historia no tiene relevancia alguna.

Os ahorraré algunos sucesos inútiles más e iré a lo que de verdad importa: la historia de “amor” con Nageki. Después de bastantes decisiones que no parecen llevar a ningún sitio, nos damos cuenta de que todo el mundo ignora a Nageki, por lo cual llegamos a la deducción de que sufre acoso escolar. En un momento dado, el palomo está a punto de confesarnos la razón de por qué no sale de la biblioteca, pero nuestro profesor nos interrumpe para decir que tenemos que cerrar la biblioteca e irnos a casa. Al girarnos Nageki no está, lo cual es bastante extraño. Siguiendo los eventos, poco a poco nos acercamos cada vez más al tímido estudiante; nos pregunta más acerca de lo que nos gusta, se muestra más abierto y todos esos indicios de que se está enamorando.

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Una vez hechas bastantes visitas a la biblioteca, nos deja una nota en la que comenta que quiere reunirse con nosotros allí mismo cuando no haya nadie. Llegada la hora, Nageki nos pide que vayamos a algún otro sitio, pero en la puerta él se estrella con un muro invisible que no le permite salir. Al volver a entrar, empieza a hablar acerca de que somos la única persona que le ve, que no sufre acoso escolar sino que es un fantasma que se suicidó en la biblioteca, pero que gracias al amor que le hemos dado por fin puede pasar página y marcharse al otro mundo. Se despide de nosotros diciendo que nos ama.

Así completé Hatoful Boyfriend con el final número 4. ¿Habéis sentido que prácticamente todo el texto es relleno puro y duro para llegar a un final escueto y sin demasiada sustancia? Pues así me he sentido yo durante todo el juego. Dicho esto, esperamos que os haya gustado este mini diario acerca de nuestras amorosas aventuras con las aves de St. Pigeonations y que también disfrutéis con la review que saldrá este mismo viernes.

¡El diario del palomo acaba aquí! ¡Hasta siempre, corazones!

Texto escrito por Borja Suárez.

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