Hatoful Boyfriend, la mayor historia de amor jamás contada (Parte I)

Hace poco llegó a mis manos un juego extraño y singular llamado Hatoful Boyfriend, y he decidido hacer un par de capítulos contando los sucesos de dicho juego antes de la review final. Seguramente ya habréis oído hablar de este título, sobre todo porque nosotros mismos hablamos de la salida del juego en una noticia anterior, pero por si acaso resumiré de qué trata: Hatoful Boyfriend es un simulador de citas donde seremos el único humano en un colegio de pájaros, y las extrañas situaciones o conversaciones que se nos plantean nos servirán para tomar ciertas decisiones para que la historia avance de un modo u otro. Dicho esto, empecemos con lo bueno.

En primer lugar, antes de empezar a jugar, decidí compartir todos estos momentos con un buen amigo mío para que la experiencia fuese todavía más divertida, así que cogí mis bártulos y me traslade a su casa para comenzar esta mágica aventura de amor entre palomos, pasión de pichón y absurdo total. Una vez instalado y preparado para lo peor, abrí el juego, comencé una nueva partida y como nombre me puse Pidgy Sosaka. Entonces a modo de introducción se te cuenta que éste es tu segundo año en St. PidgeoNation’s, un instituto de pájaros, por pájaros y para pájaros. Acto seguido conocí -yo, mi personaje ya le conocía- a la paloma común llamada Kawara Ryouta, el cual es mi mejor amigo y compañero de clase. La verdad es que aquí empecé a reírme como un descosido porque simplemente habían cogido una foto de una paloma cualquiera de la calle y la habían puesto unos bordes negros. La situación era extremadamente ridícula.

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Nuestro amigo, muy simpático él.

La siguiente frase a esta es algo así como que no nos dejemos engañar por su aspecto, que aunque parezca un bromista es bueno y amable. Lo cierto es que yo solo veía maldad en esa turbia mirada de paloma llena de enfermedades, pero si me dicen que Ryouta es bueno y amable tendré que creérmelo. Después de la charla, sonó la campana de clase y tuvimos que entrar para conocer a tanto nuestros nuevos compañeros como a nuestro profesor: la codorniz Nanaki Kazuaki, un exigente profesor de matemáticas. Tuve que dejar de jugar 5 minutos porque empecé a pensar cómo demonios iba a escribir en la pizarra y por qué una escuela de pájaros tenía mobiliario para humanos si yo era el único en todo el centro, pero como no llegué a ninguna conclusión que mereciese la pena, seguí jugando. Nanaki siguió hablando, y comentó que había un alumno nuevo en la clase, al cual le pidió que se presentase formalmente. Este nuevo personaje contestó con desdén que para qué iba a hacerlo, porque él era superior y el resto eramos poco más que chusma a su lado. Al final, esta maldita rata del aire decidió responder simplemente que se llamaba Sakuya Le Bel Shirogane y que era una paloma colipava.

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Nuestro profesor, con la mirada un poco perdida.

Terminada ya la clase, tuvimos que movernos a la biblioteca porque teníamos que devolver unos cuantos libros que teníamos desde el verano. Al llegar, no había ni un alma ahí dentro -o como dicen en el juego, anybirdie-, pero al poco nos encontramos con la sombría y triste paloma torcaz Fujishiro Nageki, el cual nos comentará que adora los libros y que no tiene ningún interés especial en nosotros. Tras una conversación poco animada y que no me produjo ningún interés, volvimos a clase para buscar a Ryouta. Ya en la puerta descubrimos que estaba en la enfermería por su delicado estómago, así que fuimos raudos y veloces a dicho lugar. Una vez allí, vimos que no había absolutamente nadie, pero al instante nos sorprendió el doctor Shuu Iwamine, la perdiz. La banda sonora que acompañaba a esta adorable criaturita nos cautivó al instante y, de golpe y porrazo, se convirtió en nuestro personaje favorito.

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Es simplemente adorable

Finalizado ya el día, simplemente preferí no seguir jugando porque tenía que asimilar demasiadas cosas. Demasiados chistes sobre pájaros, demasiados nombres que mencionaban demasiado poco para que se me quedasen y demasiadas fotos recortadas. Simplemente mi cerebro estaba dando chispazos sin cesar. Todavía quedaban personajes para conocer, situaciones que vivir y decisiones que tomar, pero no tenía ni fuerzas ni ganas para seguir con este extraño juego, de modo que pulse alt+F4 y me puse a jugar a otra cosa. Dentro de poco, podréis descubrir más acerca de nuestras pájaro-aventuras y de los amoríos que vayan sucediendo en este lugar en el que el tamaño del buche impone su ley. Preparaos para Hatoful Boyfriend, la mayor historia de amor jamás contada (Parte II).

Texto escrito por Borja Suárez.

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