Análisis Screamride

Análisis Screamride

Las montañas rusas son la atracción estrella de todo parque de atracciones, a todo el mundo les gustan, ¿no? Bueno, a mi no. De hecho, sufro un vértigo de aúpa y las montañas rusas siempre han sido mi cuenta pendiente. Frontier Developments nos presenta ScreamRide, una propuesta muy original que nos propone sacar a relucir nuestro talento para la creación de innumerables modelos de esta famosa atracción… ¿he dicho creación? ¡quería decir destrucción! Bueno, un poco de todo, porque Screamride nos ofrece construcción, devastación y sentido del humor a raudales. El estudio británico cuenta con un extenso historial de juegos en los que las atracciones son el protagonista principal, como los aclamados RollerCoaster Tycoon o Thrillville, entre otros.

ScreamRide llega sin hacer demasiado ruido, al contrario que otras grandes producciones, lo que resulta curioso si tenemos en cuenta que se trata de un título exclusivo para las consolas de Microsoft (Xbox 360 y Xbox One). Su propuesta es bastante directa: primero construye, luego destruye. El gran atractivo de esta fórmula está en las montañas rusas, y es que ese bucle creativo – destructivo gira constantemente en torno a la atracción de feria por excelencia. Personalmente, y como he dicho un poco más arriba, sufro un vértigo que me imposibilita disfrutar de este tipo de atracciones pero, en esta ocasión y con un mando en la mano, me siento mucho más valiente ¡y tengo muchas ganas de estrellarme contra un rascacielos a toda velocidad!, aunque sea encarnando a los simpáticos personajes que vemos en ScreamRide y que, aunque suene mal, “usaremos” para probar nuestras más enrevesadas creaciones enviándolos a una muerte segura.

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El juego nos ofrece dos modos bastante diferenciados: Carrera y Sandbox, ahora os hablaré del primero, el segundo lo dejaremos para más tarde. El modo Carrera, a su vez, nos ofrece tres modalidades de juego que cuentan con mecánicas muy diferentes entre sí y que nos lleva por una serie de pruebas en las que deberemos estar muy atentos si queremos lograr los mejores resultados. ScreamRider, así se llama la primera modalidad que nos propone el modo Carrera, y consiste en pilotar el vagón de las numerosas y retorcidas montañas rusas a las que nos enfrentaremos en los diversos entornos que visitaremos. ¿Dónde se ha visto que los participantes de una atracción sean los encargados de preocuparse por no descarrilar? Pues aquí, obviamente. Pilotar los vagones no resulta complicado puesto que, salvo milagro, nuestro recorrido llegará con éxito a su fin, otro cantar es aprovechar todas las posibilidades que tenemos a nuestro alcance para lograr altas puntuaciones y superar los numerosos desafíos que el juego nos propone en cada prueba. Para empezar, tenemos tanto freno como acelerador para regular la velocidad de nuestro vagón. A eso le sumamos que podemos usar el stick de control para equilibrar el vagón en las endiabladas curvas a las que nos enfrentamos constantemente y, por último y lo que seguro que os gusta, el turbo. Este elemento nos impulsa hasta alcanzar una velocidad vertiginosa con la intención de lograr nuestro mejor tiempo y así superar uno de los desafíos más habituales en esta modalidad: terminar el circuito en el tiempo estimado. Estos desafíos van ganando complejidad conforme avanzamos en las diversas pruebas de cada mundo y no tardamos mucho en encontrarnos con circuitos muy rápidos en los que tenemos varios retos si queremos obtener la medalla dorada, la cual indica que hemos exprimido todas las posibilidades de un nivel. Aprovechar a la perfección todas las secciones turbo, mantener un equilibrio exacto en todas las curvas o sumar puntos gracias a una conducción agresiva, colocando el vagón a dos ruedas el máximo tiempo posible. Cada nivel consta de seis medallas y estos se hacen mucho más exigentes conforme avanzamos, llegando a incluir saltos de raíl e incluso obstáculos.

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La segunda prueba del modo Carrera se titula Demolition y no deja muchas dudas de su funcionamiento, ¡Vamos a destruir ciudades enteras!, algo que, personalmente, me ha gustado mucho, posiblemente se haya convertido en mi prueba favorita. Demolition nos pone a los mandos de un mecanismo de destrucción masivo: una especie de catapulta capaz de lanzar cápsulas con una fuerza que ni los edificios más grandes podrán soportar. Lo primero que me pregunté al disfrutar de esta modalidad es qué sentido tiene, puestos a lanzar cápsulas destructivas contra todo edificio que se precie, es qué sentido tiene rellenarla con personas humanas, aunque tampoco me lo pensé demasiado a la hora de realizar mi primer disparo, el cual, dicho sea de paso, fallé y fue directo al mar. El funcionamiento de esta catapulta es muy fácil de entender, pero exigente de dominar debido a que debemos calcular minuciosamente los diversos elementos del brazo que lanza las citadas cápsulas. Lo primero es ajustar la velocidad, que consta de diez niveles y que nos permite realizar disparos de menor o mayor distancia dependiendo de cual sea nuestro destino. Luego y, como es evidente, debemos apuntar a nuestro objetivo, algo que nos servirá de poco si no acertamos con la altura y velocidad de nuestro proyectil. Al igual que en el modo ScreamRider, existen diferentes pruebas que nos llevan por varios entornos y nos proponen, de nuevo, una serie de retos adicionales si queremos alcanzar la máxima distinción en cada prueba. Volar una cantidad concreta de edificios, lograr derrumbamientos -que se traducen en puntos- a gran escala o, en los niveles más complejos, acertar dianas, entre otros. Al igual que en el modo ScreamRider, Demolition también adquiere complejidad conforme avanzamos y nos habilita la posibilidad de lanzar diferentes tipos de cápsulas, como una explosiva que podemos detonar en cualquier momento y otra que nos permite controlar ligeramente su trayecto una vez en pleno vuelo.

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Por último, y para rematar el modo Carrera, tenemos el modo Engineer, en el que debemos sacar nuestro lado más creativo porque el objetivo principal es diseñar nuestra propia montaña rusa, pero no sirve cualquiera sino que se premia la complejidad de la misma. Como no podía ser de otra forma, en el modo Engineer también disponemos de diferentes desafíos y, en esta ocasión, requiere más dedicación y paciencia que los demás modos puesto que se nos propone crear la atracción más frenética jamás vista. Las primeras pruebas nos ayudarán a comprender el funcionamiento del editor, el cual puede parecer simple a primera instancia, pero nada más lejos de la realidad; es bastante complejo si queremos exprimir todas sus posibilidades. En todo momento tenemos a nuestro alcance los controles del editor en la parte derecha de nuestra pantalla, así como la posibilidad de cambiar la cámara y así echar un vistazo rápido a la forma que va cogiendo nuestra atracción. Obviamente, el éxito o fracaso de una montaña rusa no se puede comprobar hasta que nos montemos en ella, así que tened cuidado y tomaos vuestro tiempo en calcular cada sección al milímetro, porque en cualquier momento podemos subirnos a ella para realizar un testeo, porque no nos gusta poner en peligro la integridad física de nuestros alegres pasajeros, o no debería gustarnos. Como ya es habitual, aquí también tenemos una serie de retos por superar si queremos, al igual que en los modos ScreamRider y Demolition, obtener todas las medallas, y es por eso que, pese a que la edición es libre, debemos ceñirnos a las diversas directrices de construcción que el juego nos propone. Alcanzar un número concreto de secciones, utilizar ciertos tipos de vías o lograr la máxima velocidad son algunos de los desafíos a los que nos enfrentamos en el modo Engineer, y sólo lo conseguiremos si somos capaces de crear la montaña rusa perfecta.

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Tras este recorrido por el modo Carrera aún nos queda lo más ambicioso de ScreamRide: el modo Sandbox. En este modo no hay pruebas específicas, no hay retos adicionales ni ganamos medallas. Es más, lo único que nos ofrece el modo Sandbox es el límite de nuestra imaginación, porque estamos ante un modo de creación que nos permite construir cualquier estructura que imaginemos. ¿Un tablero de ajedrez gigante? ¿Una mesa de pinball? En ScreamRide es posible. Se trata de un editor bastante compleo que nos llevará su tiempo comprender puesto que la premisa inicial radica en crear montañas rusas de cualquier tipo, pero sus posibilidades van mucho, muchísimo más allá. Mi experiencia en este modo se hizo tornó algo tortuosa en los primeros minutos debido a las innumerables posibilidades que tenemos a nuestro alcance, al principio parece sencillo enlazar tramos de vía para nuestro vagón, construir una base firme e incluso edificar sobre ella. La gracia está en jugar con las físicas y aprovechar las mecánicas tanto del modo ScreamRider como del modo Demolition para lograr resultados fascinantes. ¿Por qué no crear una bolera y usar la catapulta y cápsulas esféricas para usarlas a modo de bola de bowling? Espera, espera… ¿y si creamos una gran diana y jugamos a estamparnos en ella con un vagón tras saltar a gran velocidad? Las posibilidades son inabarcables, y seguro que muchos jugadores con cierta experiencia en este tipo de juegos saca a relucir todo su talento y es capaz de lograr creaciones que nos dejen boquiabiertos. Es más, si disponemos de la versión de ScreamRide para Xbox One (esta función no está disponible en Xbox 360) podemos compartir nuestros inventos a través de Xbox Live, seguro que siempre descubrimos algo que nunca se nos hubiese ocurrido a nosotros. El modo Sandbox es muy ambicioso y no sólo se va desarrollando gracias a nuestro ingenio, sino que va ganando posibilidades conforme avanzamos en las 60 pruebas del modo Carrera puesto que las recompensas que allí conseguimos se plasman en nuevos elementos para el editor del juego, por lo que llegar a dominar las múltiples mecánicas y posibilidades que tenemos a nuestro alcance en este modo creativo nos llevará bastante tiempo y, por supuesto, un constante ensayo y error.

Con esto podemos hacernos una idea de lo que nos espera a los mandos de ScreamRide pero, aunque suena todo muy divertido -y lo es-, no es oro todo lo que reluce, y es que el juego cuenta con varios defectos, algunos más graves que otros, pero en la suma de ellos pueden llegar a molestar considerablemente. Lo primero y más llamativo es que el juego está completamente en inglés, algo insólito tratándose de un juego exclusivo y que no va a sentar nada bien a los usuarios de consolas de Microsoft en nuestro país. Es cierto que en ScreamRide no hay que leer demasiado, incluso es posible entenderlo gracias a la práctica sin atender a los tutoriales, pero en pleno 2015 es inadmisible que un juego exclusivo no sea localizado al castellano, más aún si tenemos en cuenta que ni por asomo estamos ante una tarea titánica debido a los escasos diálogos del juego. Siguiendo con lo que más desluce del juego llegamos al apartado técnico, que sufre algunos problemas ocasionales, especialmente en los derrumbamientos, en los que el framerate tiende a verse resentido momentáneamente. No es algo demasiado grave molesto puesto que no es constante ni tampoco desciende a niveles drásticos, pero los más exigentes en este aspecto seguro que se sienten molestos. Gráficamente el juego no es nada del otro mundo pero cumple sobradamente con lo que promete: un entorno futurista repleto de formas imposibles. El diseño artístico no está demasiado inspirado, pues tiende a hacerse repetitivo visualmente con el paso de las horas, aunque esto siempre estará sujeto a los gustos de cada persona. Como último reproche, al modo Carrera le habría venido de perlas una mayor extensión. Es cierto que la rejugabilidad del juego es alta debido a que casi nunca lograremos obtener todas las medallas en el primer o segundo intento pero, pese a ofrecer 60 pruebas, estas son bastante cortas y en apenas unas horas habremos visto todos los entornos y desafíos. Por suerte, el modo Sandbox prolonga la experiencia, prácticamente, hasta el infinito.

Concluyendo, ScreamRide no es un juego para todo el mundo, eso queda claro en cuanto conocemos su premisa pero, a su vez, estamos ante un título bastante original con una propuesta llena de frescura que encandilará a los jugadores más creativos. Construye una ciudad, coloca una montaña rusa y haz que todo salte por los aires, todo bajo un aspecto futurista y cargado de sentido del humor. No estamos ante una gran producción, ni siquiera parece que el juego vaya a tener gran trascendencia con el paso de los años, pero lo que pretende lo despliega de un modo completamente efectivo. ScreamRide es tan directo como divertido y su modo Sandbox ofrece un sinfín de posibilidades que merece la pena explorar, eso sí, tras armarnos de paciencia, mucha paciencia. Si eres como yo y te dan miedo las montañas rusas, no temas; aquí no da tanto miedo. Si por el contrario eres valiente y te encantan las atracciones fuertes, prepárate para el circuito más retorcido que jamás hayas imaginado.

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