Descubriendo a Nier

Descubriendo a Nier

La generación que se nos ha ido recientemente y que, en parte, sigue oponiendo resistencia a la hora de caer en su tumba nos ha dejado varios juegos de esos a los que solemos llamar “tapados” o “incomprendidos”. Estos juegos logran ser reconocidos con el paso del tiempo gracias al boca a boca de los jugadores tras encontrar algún que otro aspecto aparentemente secundario que destaca con fuerza incluso sobre juegos más populares y aclamados por prensa y jugadores. Algunos de ellos incluso llegan a tener el privilegio de ser considerados como obras de culto. No son juegos para todo el mundo, de hecho suelen pertenecer a ese grupo de títulos que tienen las mismas papeletas para ser odiados que para ser amados, sin término medio. Juegos que merecen ser probados, cómo mínimo, una vez.

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Desarrollado por Cavia y distribuido por Square Enix, Nier es un RPG de acción que ha pasado sin pena ni gloria por la longeva e intensa generación que nos ha dejado. Llegó en abril de 2010 a PlayStation 3 y Xbox 360 sin hacer ruido y, cinco años después, sigue siendo uno de esos juegos olvidados que han logrado hacerse un pequeño hueco en el corazón de un pequeño grupo de jugadores en el que, por supuesto, me incluyo. Nier es uno de esos títulos que no llama la atención a primera instancia, lastrado por su envoltorio, el cual no le hace ninguna justicia a todo lo que nos ofrece si nos atrevemos a rascar un poco la superficie. El mundo en el que vivimos es extremadamente superficial, es un hecho y lo aceptamos con normalidad. Superficialidad que puede salpicar a cualquier ámbito y el videojuego, como cualquier otro tipo de obra no se salva de ello pero, ¿qué esconde Nier tras un aspecto que parece estar a medio camino entre la generación a la que pertenece y la anterior? Míralo bien, Nier no es precisamente bonito, ninguno de los que lo consideramos un gran juego lo ve bonito ni te va a contar nada bueno de este apartado tan importante para muchos. Si buscas belleza visual, te recomiendo que no sigas leyendo; Nier no es para ti. Si, por el contrario, buscas algo más allá de eso, continúa.

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La fórmula de Nier no es precisamente innovadora, pero funciona a las mil maravillas; se trata de un RPG de acción, con un desarrollo en tres dimensiones en el que los combates se suceden en tiempo real y en el que la exploración cobra un gran protagonismo conforme vamos progresando en el juego. El sistema de combate es muy dinámico, aunque carece de una gran profundidad puesto que no tenemos un gran elenco de ataques ni posibilidad de enlazar largos combos. Posiblemente, el mayor aliciente es el uso de la magia, que nos ofrece diversos hechizos que hacen que cada combate pueda llegar a ser muy distinto al anterior. Hechizos que, por cierto, tenemos gracias a uno de los mejores personajes del juego: Weiss, el grimorio. Sí, se trata de un libro parlante que nos acompaña durante casi toda nuestra aventura y que no deja indiferente a nadie gracias a sus ocurrencias.

La historia de Nier da el pistoletazo de salida de una forma de lo más extraña cuando nos sitúa en lo que parece ser una ciudad decadente -más bien desolada- junto a nuestra hija, que cae enferma, curiosamente, tras entrar en contacto con el grimorio Noir, momento en el que nos hallamos a escasos metros de ella con la intención de protegerla con todo lo que tenemos a nuestra disposición de un numeroso grupo de enemigos a los que podríamos calificar como “sombras”. Weiss nos había prometido un gran poder si nos ayudábamos de él, pero viendo el comienzo del juego, parece que el precio por ello será muy alto, demasiado. Lo más interesante viene cuando el juego nos lleva, tras este breve tutorial, a una época que nos presenta como más de mil trescientos años después. ¿Cómo nos explicamos que el tutorial trascurra en una ciudad aparentemente actual y tantos años después nos encontremos en un lugar de aspecto medieval y mucho menos desarrollado? ¿Por qué Yonah, hija de Nier, permanece enferma un milenio después? Bueno, quizá la pregunta más inteligente sería por qué todo ese tiempo después estamos vivos y parece que el tiempo ha estado detenido para nosotros… y con esto comienza la historia de Nier, una historia en la que no falta el dramatismo, la desesperación y que no está mal servida de esos giros de guión que marcan al jugador. Una historia que, personalmente, considero de las más elaboradas y quizá madura de la generación. Eso sí, es de esas historias en las que un spoiler puede causa mucho daño y es por eso que las alusiones en este artículo terminan aquí.

Siguiendo con las bondades que hacen a Nier un juego especial llegamos a uno de sus mejores apartados y que destacan con una fuerza descomunal: la banda sonora. La música de este juego corre a cargo de Keiichi Okabe, junto con Kakeru Ishihama y Keigo Hoashi, integrantes de su estudio musical, Monaca, a los que se suma Takafumi Nishimura, de Cavia. Este grupo logró algo impresionante con el apartado musical de Nier, y es que el juego nos ofrece una selección de melodías de una belleza incuestionable que, para muchos de los jugadores que tenemos a Nier tan bien considerado, consideramos que se trata de una de las mejores banda sonoras que hemos disfrutado ya no sólo en los últimos años sino en nuestra vida. Por último, falta desvelar el nombre de la persona que pone voz a varias de las melodías que conforman la banda sonora de Nier y no es otra que Emi Evans (Emiko Rebecca Evans), cantante inglesa del grupo Freescape y que ya puso voz a varias melodías de Etrian Odyssey (Atlus, 2007). A continuación os dejo un par de las muchas piezas musicales que nos ofrece Nier y que sus seguidores nunca olvidaremos.

Nier ya merece ser probado solamente por su historia y, apurando, diría que sólo por su banda sonora ya se trata de algo especial aunque, por supuesto, no podemos olvidar que estamos ante un videojuego. Como dije un poco más arriba, Nier es un juego de rol y acción con altas dosis de exploración y lo cierto es que, en la mayor parte de su desarrollo, es un juego bastante divertido y completo. Las mecánicas que nos propone no distan mucho de las de otras aventuras de acción y rol, llevándonos a explorar zonas de cierta extensión, superar mazmorras y, cómo no, realizar multitud de misiones secundarias ofrecidas por los diversos NPC con los que nos encontramos por su vasto mundo. A todo esto se suma el desarrollo de nuestro protagonista, que sube de nivel conforme gana experiencia derrotando enemigos, así como la posibilidad de equiparnos con un buen abanico de armas y hechizos que se irán añadiendo a las habilidades de Weiss, nuestro excéntrico compañero de viaje. A todo esto sumamos algunas mecánicas opcionales como la posibilidad de pescar, cosechar plantas y cazar, mecánicas que tienen muy poco protagonismo en la historia principal pero que serán importantes si nos embarcamos en las diversas misiones secundarias. Por último y, sin entrar demasiado en posibles spoilers, Nier nos ofrece ciertas sorpresas jugables, como puede ser una mazmorra que jugamos íntegramente bajo vista isométrica, entre otras secciones “especiales”. Tampoco convendría olvidarnos de los temibles e imponentes jefes finales, pero a esos mejor los vais conociendo vosotros mismos.

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El mayor lastre que sufre Nier es, sin duda alguna, su idioma. Lamentablemente, Nier llegó completamente en inglés, algo que puede ser un problema insalvable para jugadores que no posean cierto dominio de la lengua de Shakespeare debido a la total importancia que tiene la historia en este juego, que nos mantendrá buena parte del tiempo leyendo los numerosos diálogos que se suceden. Si esto no es un problema para ti y aún no conoces Nier, deberías hacer lo propio justo cuando termines de leer este artículo. Porque Nier no es ninguna obra maestra, no es uno de esos juegos que trascienden en el tiempo pero, si hay algo claro, es que los jugadores que lo hemos descubierto jamás lo olvidaremos. Porque hay ocasiones en las que ser mejor o peor en algo no es relevante; ser diferente, sí. Diferente es la palabra perfecta para describir a Nier, un juego que no puede competir con los pesos pesados del mercado en los campos que más trascendencia tienen en la actualidad, pero que es capaz de mirarles de tú a tú y, si me apura, de darles una lección en otros aspectos no menos importantes para muchos jugadores.

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