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Análisis de Rhythm Paradise Megamix

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Análisis de Rhythm Paradise Megamix

No pierdas el ritmo

De acuerdo a nuestro código ético, informamos que la copia analizada de Rhythm Paradise Megamix ha sido adquirida por la redacción a su PVP oficial.

He de reconocer que he pecado, y ahora lo sé. Habiendo tenido entre mis manos tantas consolas de Nintendo, nunca antes había probado la saga Rhythm, que se estrena finalmente en mi repertorio jugable con una obra sobresaliente. Por si hay todavía alguna oveja descarriada como lo era yo hace unas semanas, aclaro que Rhythm Paradise Megamix es un juego de ritmo, que poco o nada tiene que ver con sus primos hermanos, los juegos musicales.


Tibby será el simpático protagonista de esta aventura.

Esta entrega, que ha visto la luz recientemente en Nintendo 3DS, adopta el papel de colofón final de las entregas anteriores —Game Boy Advance, Nintendo DS y Wii—, recopilando gran parte de sus minijuegos y añadiendo otros tantos completamente nuevos. En total podremos disfrutar de más de un centenar de pequeños niveles, cada uno con una melodía distinta y una duración que oscila entre uno y dos minutos, en los que tendremos que pulsar el botón de turno en el momento adecuado.

Es posible que esto de el momento adecuado suene muy genérico, pero es que realmente engloba una cantidad inmensa de situaciones distintas. Puede suponer que un mono dé una palmada, que un integrante del coro se calle, que una nave espacial dispare un proyectil, que golpeemos una pelota mientras jugamos al golf o al bádminton, que un camaleón saque su lengua para darse un festín de insectos, que tomemos una foto a coches de carreras… Y, en realidad, todo esto es una gran mentira, pues a lo único a lo que está asociado dicho momento es al ritmo de la música que suena, y a menudo lo que vemos en pantalla no es sino un modo de distracción para entorpecer una tarea que, agudizando debidamente nuestro oído, sería bien sencilla.

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Da palmas al ritmo del trío más mono.

A nivel de mecánicas, la utilización del botón A —y, en casos contadísimos, del botón B y de la cruceta— es lo máximo que llega a complicarse Rhythm Paradise Megamix. Esto me ha llamado la atención porque se siente como una ridiculización a tantas superproducciones que necesitan muchísimos elementos para hacer juegos que, en muchas ocasiones, no consiguen ni llegarle a este título a la suela de los zapatos. La forma de hacer orbitar toda una obra en torno a algo tan simple denota un diseño de niveles excepcional. Y no estamos hablando de un juego precisamente volátil pues, al menos quien os escribe, ha jugado ya una veintena de horas… Y lo que me queda.

Aunque es cierto que la variedad de situaciones es muy amplia, quizás podrían haber experimentado más con la inclusión de ritmos diferentes al binario habitual. Como mínimo, creo que debería haber algunos minijuegos con ritmo ternario —el característico del vals—. E incluso, puestos a pedir, hubiera sido interesantísimo poder jugar niveles con ritmos irregulares. Entiendo que esto podría haber disminuido un poco la accesibilidad del título y que por ello hayan decidido tirar sobre seguro, pero tratar de ejemplificar conceptos rítmicos más complejos mediante un videojuego y sus mecánicas habría sido todo un mérito.

Siguiendo con el tema de la variedad de minijuegos, he de aclarar que para los veteranos de la saga puede no ser tan rica como para mí ya que, como he comentado, aproximadamente el 75 por ciento de los niveles son reciclados. Incluso en ese caso, creo que la calidad de los nuevos minijuegos y el lavado de cara que han sufrido los viejos son motivos suficientes como para que esta nueva entrega le merezca la pena a cualquiera que le llame el género.


Por cierto… Que sepas que esta no es una historia de esas serias. Tú relájate y disfruta. ¡Luego no habrá examen sorpresa!

Con estas palabras, justo al terminar el tutorial, el juego nos hace una obvia declaración de intenciones de lo que nos espera en las horas venideras: una experiencia distendida y amable, sin por ello ser facilona. Todos los minijuegos son bastante cortos, por lo que fallarlos no genera una verdadera frustración. Además, la mayoría se centran en aspectos bastante concretos que, una vez entendidos, son sencillos de superar. Si a esto le sumamos un estilo visual de lo más cachondo que invita a relajarse y pasarlo bien, tenemos una experiencia de juego completamente distendida y amena, pero de altísima calidad.

El título se adapta bastante bien a las necesidades y aptitudes de cada jugador. El nivel mínimo de exigencia para superar un minijuego es bastante bajo, de modo que difícilmente nos quedaremos atascados porque seamos incapaces de superar alguno. Sin embargo, hay muchas medallitas que podemos conseguir en cada nivel para completarlo al cien por cien, como obtener una puntuación alta, terminarlo sin cometer ningún error, o hacerlo perfecto en un momento especialmente difícil del minijuego. Por tanto, nosotros somos los que marcamos nuestros propios objetivos, y el juego en ningún momento nos mete prisa por cumplir una meta demasiado alta.

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¡A partir leña!

Aún así, también hay un pequeño lugar para aquellos que quieran angustiarse un poquito: los desafíos. Estos consisten en tres o cuatro minijuegos encadenados que tendremos que completar en un máximo de tres intentos con algún tipo de hándicap añadido, que irá desde un aumento de velocidad del nivel hasta la exigencia de obtener una puntuación alta. Si fallamos, habrá que repetir la secuencia… ¡y algunos desafíos son realmente complicados!

Estos desafíos exigen un pago de monedas del juego para poder probar un nuevo intento, lo que hará que no vayamos a lo loco si andamos mal de monedas —cosa que no suele pasar, todo sea dicho—. No obstante, se nos eximirá de dicho pago si los jugamos en cooperativo con otra persona, tenga esta o no el cartucho del juego. La experiencia es óptima para una partida rápida, haciendo más sencilla la tarea de superar cada desafío, ya que los logros de ambos jugadores se suman.


Conclusiones

No entiendo muy bien por qué Nintendo no ha promocionado este título como Dios manda, pues estamos hablando de un juego cargadísimo de contenido, muy ambicioso en su propia simplicidad, y con un acabado mimado hasta el extremo. En absoluto es un juego menor, aunque es cierto que es ideal para relajarse con sesiones de juego cortas.

A poco que a vuestro metrónomo interior le quede un ápice de cuerda, estoy seguro de que seréis capaces de disfrutar de un título tan amable como este.

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