Pokémon Rubí Omega & Zafiro Alfa

Pokémon Rubí Omega & Zafiro Alfa

La Tercera Generación de Pokémon vuelve a nuestras portátiles con un “re-make” cargado de novedades pero que, como de costumbre, no apuesta por sorprender.

[dropcap size=big]D[/dropcap]ice el refranero que una vez al año, no hace daño. Y parece ser que una gran parte de las desarrolladoras del mundillo comienzan a aplicarse el cuento a la hora de convertir sus sagas más emblemáticas en entregas periódicas de las que sacar un beneficio anual. Casos recientes como el nuevo Assassin’s Creed dejan en evidencia que esta estrategia comercial puede ser muy perjudicial cuando se pretende hacer de una saga una máquina de churros a costa de tomarle el pelo a sus seguidores ofreciéndoles contenido inacabado, sin pulir y preparado “deprisa y corriendo“. Daños colaterales de preparar juegos de gran ambición en tiempos ridículos.

No obstante, y a pesar de que Nintendo —junto con Game Freak— se ha subido al “carro de lo anual”, hemos de romper una lanza a favor de la compañía nipona. Si algo hay que destacar, agradecer y aplaudir de Nintendo es su máxima preocupación por el acabado de los títulos que salen bajo su firma. Anuales o no, los títulos de la Gran N acostumbran a llegar con un acabado a prueba de bombas y tras haber pasado rigurosos controles de calidad, por lo que es raro sentir que estás ante un título inacabado cuando se trata de un juego de Nintendo. Este nuevo “re-make” no es ninguna excepción. Estamos ante un juego que sabe más a nuevo que a viejo. Y a su vez, tiene un regustillo mucho más antiguo que —paradójicamente—  va más atrás de su entrega original. Tras dieciocho años de su primera aparición en territorio japonés la saga ha incorporado innumerables novedades, pero a su vez ha arrastrado errores de planteamiento que a día de hoy podrían haber sido más que subsanados. Esta entrega, lamentablemente, aún viene con ellos. En ese aspecto, agradeceríamos que Nintendo se parase a pensar que en ocasiones, la novedad no está en añadir sino también en retirar.

La historia de un veterano

Pokémon OmegaServidor es ya un entrenador veterano venido a menos. Recuerdo como si fuese ayer la manera en que devoraba un vídeo (en formato VHS) que distribuyó Nintendo en el que un jovencísimo Adolfo Moreno  —que posteriormente prestaría su voz al mismísimo Ash Ketchum— nos presentaba por vez primera el nuevo universo que llegaría a España desde el país nipón. Un universo llamado “Pokémon” que prometía ser revolucionario ¡Si hasta venía en dos versiones diferentes! Por aquel entonces tenía 12 años, y no podía esperar que llegase el día en que Pokémon aterrizase en las tiendas. Hoy ya tengo 28. Ha llovido mucho, y hemos “crecido” juntos. Y es un recuerdo que guardo con gran cariño.

El juego llegó a España y no defraudó. Yo fui ese compañero que se llevaba su Game Boy Pocket al colegio y se pasaba los recreos sentado en un banco, jugando con la maquinita a un juego que apenas nadie conocía. Poco a poco se fue extendiendo entre los compañeros y en un abrir y cerrar de ojos toda la escuela competía por “hacerse con todos“. Puedo decir con orgullo que fui el primero de mi colegio en tener los 150. Y que el último pokémon que conseguí para completar la pokédex inicial fue un complicado Tauros que aparecía rara vez en la Zona Safari.

Recuerdo perfectamente cómo mi hermano me ayudó —con su versión roja— a conseguir los pokémon iniciales, pues por aquel entonces no existía la crianza dentro del juego. También recuerdo que no había internet, así que la rumorología que nacía en las mentes colegiales era de lo más variopinta. Todos conjeturábamos «¿qué pasará al reunir los 150?» Y las respuestas eran de todo tipo. Por mi parte, decidí quedarme con la versión de que el Profesor Oak me dejaría diseñar mi propio pokémon, aunque había muchas más opciones ¿alguien recuerda alguna de ellas? Por aquel entonces, conseguir los 150 era una hazaña, pues las ayudas externas eran mínimas y el juego no te lo ponía nada fácil.

No tardaron en llegar nuevas versiones Oro y Plata en una época donde el boom había estallado y teníamos la serie de TV, los tazos, los muñecos, los cromos y las tarjetas de Pokémon. Y de ahí en adelante todo fue a más hasta nuestros días. Dieciséis años después: muchos seguimos al pie del cañón.

250px-094GengarComo entrenador, la llegada de más y más criaturas —sumado a la paulatina bajada de carisma en sus diseños— hizo que me centrase más en el entrenamiento competitivo que en la opción de completar la pokédex. Me metí de lleno en el mundillo del “metagame“, en el cálculo de IV’s, EV’s, movimientos huevo y demás parafernalia para poder “criar” al pokémon perfecto. Algo que consumía grandísimas cantidades de tiempo debido a la nula comunicación por parte del juego con respecto a estos cálculos. Todo se hacía a través de comunidades que investigaban estos factores ocultos del juego.

Con la competición llegaron las trampas, y con las trampas el desaliento. Surgieron programas que arruinaban la experiencia del juego en sí. Completar la pokédex era algo muy sencillo con este software. Criar al pokémon perfecto era cuestión de dos clics, y una vocecilla dentro de mi cabeza me decía que si Game Freak hubiese hecho más accesible todo el tema del entrenamiento, la gente no habría acabado desarrollando programas que podían ahorrar un tiempo muy valioso. El espíritu competitivo se apagó al verse impotente frente a esta nueva tendencia. ¿Y el espíritu de coleccionista? Enterrado con la sola idea de hacerme con más de 600 criaturas.

Y de pronto me vi a mí mismo, un veterano venido a menos, recorriendo la región de Kalos junto a mis inseparables Sandslash, Gengar y Dragonite. Sin preocuparme ya por tener al pokémon perfecto o rellenar la dichosa pokédex. Disfrutando del mero hecho de volver a recorrer un juego que había marcado mi infancia y que, en un futuro, espero que marque la de mis hijos.

Y entonces llegó Pokémon Ruby Omega y Zafiro Alfa

La oportunidad de volver al pasado y visitar Hoenn una vez más. La oportunidad de volver tres generaciones atrás y contemplarlas a través de un cristal mucho más actual. Cogí mi mochila y no miré atrás. Hoenn merecía volver a ser descubierto. ¿Qué novedades vendrían con él?

treeckoLa primera impresión es excelente. Vuelves a encontrarte dentro del camión de mudanzas, llegando a tu nuevo hogar. No tardas en darte cuenta de que estás ante un juego que ha sido reconstruido desde sus cimientos utilizando el motor que en su día se desarrollase para las versiones X e Y. Que Hoenn te reciba con una escena de vídeo es algo que en su día no hubieses podido imaginar. Y aunque cuando llegas todo es nuevo, no puedes evitar pensar que era así como lo recordabas. Porque lo que no podía poner la gloriosa Game Boy Advance en pantalla, lo ponía tu imaginación.

Como es tradición, la aventura comienza en casa, nos despedimos de nuestra madre virtual y marchamos de casa para volver convertidos en un entrenador legendario. Es entonces cuando se despliegan las mecánicas ya por todos conocidas. Más pronto que tarde nos encontraremos escogiendo entre uno de los tres pokémon iniciales y emprendiendo la marcha a través de las distintas rutas que conectan las ciudades de la región de Hoenn. Por algún motivo volví a escoger a Treecko como principal, pero pasados los primeros minutos servidor decidió darle un pequeño giro a la historia y adoptó al primer pokémon que se cruzase por mi camino como principal. Así, Seedot se convirtió en el protagonista de mi historia. Y hoy por hoy, Shiftry está ya entre mis favoritos.

Pokemon OMega

En las primeras horas de juego nos toparemos con la novedad que más me ha gustado del título, y un añadido que ya “tardaba” en llegar. Se trata del “DexNav” un nuevo dispositivo al que podremos acceder a través de la pantalla táctil y que reflejará qué pokémon de la zona hemos capturado y cuáles no. Cuando estén todos, una corona metálica aparecerá en la esquina superior derecha del aparato como indicativo. Algo muy parecido a lo que ya encontramos en Pokémon X e Y, pero que decide dar una pequeña vuelca de tuerca e incorporar conceptos con los que muchos soñamos viendo la serie de animación. Con el “DexNav” podremos analizar a los pokémon que nos encontremos en nuestro camino junto a otros NPC’s, para registrarlos en nuestra pokédex. También podremos analizar pokémon que pasen cerca, como si nos sobrevuela una bandada de Wingulls. Además, cada cierto tiempo aparecerá entre la hierba la cabecita de un pokémon y nuestro “DexNav” nos alertará una presencia cercana. Al acercarnos con un nuevo modo de caminar a modo de sigilo, empezarán a aparecer más datos en pantalla. Podremos ver el nivel del pokémon, así como movimientos que tiene y que pueden llegar a ser verdaderamente extraños. Este añadido nos parece una maravilla y esperamos que en posteriores entregas se exploren más estas posibilidades, pues facilitan enormemente la tarea de completar la pokédex junto con la de encontrar ejemplares con los que más tarde podremos criar. Una vez hayamos capturado un ejemplar, siempre podremos hacer clic sobre él en el “DexNav” para buscar más ejemplares de la misma raza. Un acierto por parte de Game Freak y el añadido más memorable de la entrega.

No obstante, como decía al comienzo, el juego y el concepto de Nintendo pecan en varios enfoques que necesitan ser revisados con urgencia. Por norma general, cada nuevo título de la saga viene con una serie de añadidos que pueden ir de lo más superficial —como los concursos de belleza, los pokochos o los pokébloques— a asuntos más profundos, como la inclusión de nuevos tipos, el “Superentrenamiento” o el nuevo “DexNav“. El gran problema es que en ocasiones la novedad no está en añadir: está en retirar. Y si bien Nintendo ha metido en este re-make todas las novedades posteriores a las ediciones Rubí y Zafiro originales, también ha conservado todos los errores que tenía el título.

Repetimos el concepto, sin necesidad de cuestionarnos ni tan siquiera el motivo. Esto implica que volveremos a recorrer un nuevo mundo con sus correspondientes y homónimas rutas, en las que encontraremos pokémon al adentrarnos en las zonas de hierba alta, agua etc. Volveremos a ir desafiando a los líderes de gimnasio, uno detrás de otro, a medida que lleguemos a nuevas ciudades. Entre ciudad y ciudad, nos aguardan rutas cargadas de NPC’s parapetados día y noche a la espera de que pasemos frente a su escasísimo rango visual para asaltarnos con una frase aleatoria que dé paso a un combate de dificultad ridícula. Nada de esto ha cambiado durante dieciocho años de juegos. Absolutamente nada. Y siendo honesto conmigo mismo y con el cariño que le tengo a la saga: ya es hora de que cambie.

img07A estas alturas de la película, no es difícil aventurarnos a soñar con cambios que mejorarían la experiencia del producto como juego de rol; un género que camina de la mano con la posibilidad de toma de decisiones. En pokémon esta característica se basa en un número de contadas ocasiones en las que se nos dejará decir “” o “No“. Si decimos que “no“, entraremos en un bucle hasta pulsar ““. Así que ¿por qué no probar a dejarnos elegir por vez primera? ¿Por qué no dejarnos elegir si rechazar un duelo con uno de esos entrenadores que en lugar de saludarnos con  un “Hola” nos dice “¡Me gustan los pantalones cortos!“? La posibilidad de elegir si llegamos a la siguiente ciudad sin habernos preparado, o de llegar a ella tras haber desafiado a todos los entrenadores que han tenido la mala suerte de cruzarse en nuestro camino. Esa posibilidad no existe, los combates son mandatorios. Y tras dieciséis años jugando a la saga: comienza a resultar tedioso.

Por otra parte está el hecho de que los combates son ridículos. Ya no por lo fáciles, sino por el planteamiento en general. Hay cientos de combates a lo largo del juego, muchos de ellos totalmente obligados. Por si fuese poco, su dificultad es paupérrima. Aún hoy nos encontraremos con el clásico montañero y su equipo de seis “Geodude” o el joven cazabichos y su legión de “Metapods” dispuestos a plantarnos cara y humillarse a sí mismos. Combates que de fáciles son aburridos, y si encima son muchos y obligatorios: peor aún. La solución es tan sencilla como diseñar un modelo de combate mucho más retante y que ponga verdaderamente a prueba la habilidad y la estrategia del entrenador. Nintendo debe entender que no es una cuestión de cantidad: sino de calidad. Y reducir el número de combates por unos enfrentamientos mucho más estratégicos sería un movimiento mucho más gratificante para el jugador. El juego ya ha demostrado que es tremendamente táctico ¿por qué no aprovecharlo? No sólo haría la experiencia más enriquecedora, sino que obligaría a los jugadores a combinar bien sus pokémon y no basarlo todo en “el ataque más fuerte” que es como te puedes pasar el juego de principio a fin.

img03En general, el juego no te enseña a ser estratégico. No te obliga a pensar. No te da pie a buscar la posibilidad de mejorar. Algo que sólo es posible mediante foros y comunidades externas que no tienen nada que ver con Nintendo, por lo que el juego —aunque tiene diseñado un sistema de combate muy profundo— no brinda a los nuevos jugadores la posibilidad de sacarle su máximo potencial.

El argumento sigue siendo de un interés bajo —aunque tampoco es algo nuevo—, un nuevo “grupo” de actividades que en el mundo real podrían ser consideradas como “terroristas” amenaza a la humanidad a través de los pokémon legendarios. Dependiendo de la versión en que juguemos, el Team Magma o el Team Aqua querrán hacerse con el control de Groudon o Kyogre para expandir la tierra o el mar y alcanzar así sus maléficos y despiadados fines. La misma fórmula de siempre. Pero ahora con unos gráficos mucho más atractivos, animaciones e incluso algún que otro intento de animación facial.

Finalmente, arrastra errores de diseño desde su concepción. En este punto Nintendo se ha marcado un tanto algo extraño, así que no sé exactamente qué pensar al respecto. Cuando lleguemos al PC donde almacenamos a nuestras criaturas, volveremos a encontrarnos con el menú que se diseñase hace ya casi dos décadas. Volveremos a encontrarnos con la opción de “Dejar Pokémon” y la de “Sacar Pokémon“, una pareja de opciones que sólo dificultan la gestión de estas criaturas porque dependerá de lo que queramos hacer que tengamos que salir y entrar en dos menús distintos en lugar de poder hacerlo todo desde el mimo punto. A medida que tomaba notas sobre lo mal diseñado que estaba este sistema y la necesidad que tenía de ser rediseñado, me encontré con el NPC que sustituye a “Bill” en esta entrega y que se encarga del sistema de almacenamiento. La muchacha me dijo que prácticamente me había leído el pensamiento y había puesto el botón de “Mover Pokémon” —ese que permite hacerlo todo desde la misma pantalla— en el primer lugar de la lista. Y yo me pregunto ¿por qué? ¿por qué ocultar la posibilidad y convertirlo en una curiosidad? El diseño de la interfaz no debe ser parte jugable del propio juego.

También es digno de mención que se sigue abusando del uso de movimientos ocultos que no mejoran en absoluto la experiencia. No puede ser que nos veamos obligados a utilizar ciertos movimientos que hemos de enseñar a nuestros pokémon y no aporten nada al mismo —salvo, quizás, Surf—. Movimientos que acabaremos enseñando a criaturas que no queramos utilizar, a sabiendas de que si se los enseñamos a nuestros principales luego no será una tarea sencilla el hacérselos olvidar. Por si fuese poco, este juego retoma los 7 movimientos ocultos en lugar de rebajar el número a 5 como lo hiciesen las versiones X e Y. Si se pretende que utilicemos esta clase de movimientos, más vale que merezca la pena enseñárselos a nuestros compañeros; que desde que nacieron tienen problemas de memoria y tan sólo pueden aprender cuatro movimientos de todo el repertorio. Muchos movimientos ocultos reducen, en términos efectivos, el número de movimientos a 3.

Pokémon OmegaEl sistema online sigue la política de Nintendo y enfada más que alegra. Sigue siendo imposible conocer nuevos entrenadores, que siguen siendo meros avatares en tu pantalla inferior. Intercambiar pokémon con desconocidos sigue funcionando mediante un sistema roto donde el 85% de los participantes ofrecen pokémon normalitos a cambio de legendarios. Sigue siendo un sistema tan capado y tan limitado para la época en la que vivimos que no podemos evitar pensar que Nintendo decide por nosotros cómo queremos disfrutar de la libertad online. Y con Nintendo, la libertad es inexistente en ese aspecto. Más allá de la necesidad de libertad, el sistema mejoraría enteros si se pudiesen dar varias opciones de intercambio en lugar de una sola, y además es necesario habilitar la conversación entre entrenadores para poder entablar negociaciones de cara a posibles intercambios. Siendo pokémon un juego que nace bajo la bandera del “cable link” y de la interacción entre jugadores, es incomprensible que Nintendo no abrace el presente de internet.

Por último, se echan en falta antiguas novedades como que tu primer pokémon te siga fuera de la pokéball. Pequeños detalles que estaban bien, y que no sobraban. También se echa en falta la posibilidad de personalizar a nuestro personaje, una curiosidad que hacía de nuestros avatares algo más nuestro en X e Y. Por lo demás, el equipo de Game Freak y Nintendo ha hecho un gran trabajo rehaciendo el juego desde cero. Nos trae un pokémon que no deja de ser uno más, con sus reiterativos conceptos y con sus incomprensibles errores. Pero al fin y al cabo un pokémon que se puede disfrutar, porque el título está pulido, no arrastra errores técnicos, hace gala de una traducción mimada y cumple perfectamente en todos sus apartados como un producto muy sólido. Un juego que incorpora novedades que están más o menos bien —a falta de que probemos la posibilidad de volar por los cielos a lomos de Latios & Latias— y que promete horas de diversión tanto para los neófitos como para los incondicionales de la saga. Pero eso sí, os advierto de que es muy posible que no despierte el interés esperado en jugadores experimentados pero no especialmente fanáticos del sistema. En cuanto al diseño de las nuevas megaevoluciones, es algo tan subjetivo que prefiero no opinar sobre las mismas.

img04Acabo el análisis deseando, como fan, que Nintendo se muestre más valiente. Que se atreva a mejorar los conceptos que ideó hace ya casi dos décadas. Que no tenga miedo de abrazar nuevas tecnologías. Que se atreva a crear un mundo más abierto donde más entrenadores tengan lugar. De crear sistemas de combates más retantes que sean capaces de ponernos a prueba y que acaben convirtiéndonos en mejores entrenadores en lugar de máquinas de pulsar el ataque más potente. De hacer que evolucione su saga y no sólo sus criaturas.

Van a hacer ya veinte años Nintendo ¿llegaremos a verlo algún día?

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