A Microsoft se le ha estropeado la brújula

A Microsoft se le ha estropeado la brújula

[dropcap size=big]A[/dropcap]ntes de nada, quiero dejar muy claro que adoro las consolas de Microsoft. Tengo todas las Xbox que hay en el mercado. Desde aquella caja de zapatos, pasando por la magnífica Xbox 360, hasta llegar a Xbox One, la actual plataforma de la compañía de Redmond. Y sobre esta última quiero hablaros principalmente.

Durante todos estos años, la empresa ha ido aprendiendo y evolucionando en el sector de los videojuegos. Mucha gente pensaba que iban a fracasar, que lo suyo eran los ordenadores. Pero ahí llevan quince años al pie del cañón, siendo una de las punteras en esto del ocio electrónico. Y cerrando la boca a aquellos que no le auguraban ningún tipo de futuro.

Fueron comienzos difíciles, sí. Un hardware bastante caro que tenía pocos recursos en un principio. Y sobre todo una falta de confianza brutal por parte del usuario. Sin embargo, nacieron franquicias como Halo (Bungie, 2001) que lo impulsaron de sopetón al entorno mediático. Con ello, y con esfuerzo, consiguieron ir labrándose un respeto por parte de los usuarios, que cada vez se mostraban menos reticentes con aquella consola de logo verdoso y tamaño descomunal.

Con Xbox 360, la montaña rusa de la compañía llegó a su punto más álgido. Una buena estrategia con robos de títulos que hasta ahora habían sido exclusivos de Sony o la creación de nuevas y poderosas IPs como Gears of War (Epic Games, 2007). Sin olvidar el golpe de efecto de lanzar su nueva plataforma más de un año antes que la competencia. Todo esto le sirvió para ganarse definitivamente el cariño del público, muchos de ellos pasaron a ser incondicionales gracias al buen hacer y al empeño. Microsoft había dado un golpe en la mesa.

Sin embargo, la llegada de la nueva generación ha provocado que vuelvan las dudas. A Microsoft parece que se le ha estropeado la brújula que previamente le había llevado al sendero del éxito. Han tratado de revolucionar el mercado intentando adelantarse unos cuántos años. El disparo no le ha sido certero. Han variado el rumbo en varias ocasiones, transmitiendo al jugador lo último que debe transmitirse: confusión.

Cuando presentaron Xbox One en el evento previo al E3 del pasado año, llegaron con las ideas muy claras. Kinect iba a ser obligatorio para poder jugar a la consola, no habría mercado de segunda mano porque los juegos solo podrían utilizarse una vez y por último, sería necesario tener la consola conectada a diario por internet, sino quedaría inoperativa. La red se inundó de críticas. Eso, unido al cachondeo de Sony en la conferencia del evento de Los Ángeles, impulsaron a que desde Microsoft reculasen en todo lo mencionado, menos en la obligatoriedad de poseer Kinect para poder jugar, periférico que se iba a incluir en cada consola.

Decisión correcta. Escuchar al usuario y no cerrarse en banda es algo digno de valorar. La consola llega finalmente al mercado. Su precio, 100€ más caro que el de PlayStation 4 no ayuda a que las ventas sean buenas. Eso unido a la desinformación del usuario estándar, aquel que oye campanas y no sabe de dónde vienen. Lo que provoca que mucha gente siga pensando que en Xbox One no podrán comprar un juego de segunda mano o dejárselo a un amigo. El daño ya está hecho.

Los números, que pese a no ser malos, no son positivos. Están lejos de las cifras que está cosechando Sony con PlayStation 4. Esto acarrea que desde Microsoft tengan que volver a tomar medidas y arruinar de sopetón todos los principios con los que se presentaron hace escasamente un año. Xbox One comenzará a venderse sin Kinect a partir del próximo 9 de junio por 399€. El plan inicial y la actualidad son diametralmente opuestos en menos de 365 días.

Aunque estos cambios son una mezcla de buenas decisiones con otras más que dudosas, el resultado es que no transmite sensaciones positivas de una empresa tantos cambios de dirección. Por ende, la desconfianza vuelve a hacer acto de presencia. Al fin y al cabo, estamos hablando de un producto cuyo precio es elevado, especialmente en la situación de crisis mundial en la que nos encontramos. Hay que pensarse dos veces dónde invertir nuestro dinero, y ya sabemos que a la mínima inseguridad, nos echamos para atrás.

Microsoft tiene en su mano revertir la situación, todavía están a tiempo. Tienen el potencial necesario, pero necesitan encontrar esa estabilidad de manera urgente. Cuidar a un usuario de videojuegos no es difícil. La fórmula del éxito, o de la confianza, ya la conocieron en los albores de Xbox 360. Pero se dejaron llevar. ¿Recordáis algún título exclusivo en Xbox 360 que no haya sido una secuela en los últimos años? A mí sólo se me viene a la cabeza Alan Wake (Remedy Entertainment, 2010). Y posteriormente salió para PC. En Xbox One, ¿recordáis alguno que no sea Ryse: Son of Rome (Crytek, 2013) o el futuro Quantum Break (Remedy)?

Humildemente, señores de Microsoft. Pónganse las pilas con lo que realmente es importante. No es necesario que se compliquen tanto.

Artículo realizado por José Luis Ortega

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