Cuando Mario y Call of Duty van de la mano: pros y contras de la fidelización en los videojuegos

Cuando Mario y Call of Duty van de la mano: pros y contras de la fidelización en los videojuegos

Como seres humanos nos gusta lo conocido, la seguridad, el saber qué nos vamos a encontrar. Como personas deseamos que no nos engañen, que aquello que se nos prometa sea cumplido, sobretodo si procede de algo o alguien que se ganó nuestra confianza. No obstante tanta tranquilidad y estabilidad nos resulta monótona, a la par que aburrida, y por ello buscamos nuevas sensaciones o que nos ofrezcan novedades que mejoren nuestra experiencia dependiendo de nuestra expectativa, creada tanto por lo que se nos otorga desde el exterior, como la vivencia subjetiva que extraemos de las sensaciones y sentimientos que nutren nuestra compleja telaraña de neuronas y nervios. El ser humano es dueño y señor de este mundo. Todo gira entorno a él. El tren donde viajas no desea decepcionarte para que cambies la manera de moverte. La televisión ha estudiado tus gustos para darte aquello que esperas. El sistema de cañerías de tu población debe funcionar perfectamente para que cuando necesites beber agua lo hagas. Todo gira entorno a nosotros. Todo. Y por supuesto, la parte que no vemos – aquella que gestiona esos servicios que nosotros usamos – saca un beneficio.

smb3Los videojuegos, desde sus inicios, ofrecieron a sus jóvenes usuarios un entretenimiento, basado en la simbiosis de los tradicionales juegos de mesa o deportes y la evolución tanto de la tecnología doméstica como de las computadoras, que derivaron en lo que todos conocemos: máquinas recreativas y videoconsolas. Por descontado el invento fue un éxito, y como toda novedad sufrió críticas en los medios más conservadores de la sociedad.

No obstante aquellos primeros gamers demandaban más títulos, nuevas experiencias, más plataformas. Por supuesto aquellos fabricantes que estudiaban a los destinatarios de sus productos lo sabían. El consumidor no se iba a contentar con cualquier cosa. Estaba fidelizado, pero como en cualquier empresa si el producto se estanca y no hay un flujo constante de oferta y demanda, ésta se hunde. Conocemos los casos de Atari o Sega. Enormes titanes que sucumbieron a la mejor adaptación de otro gran conocido, como es Nintendo.

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Esta realidad nos lleva a la de los propios videojuegos. Agrupados en sagas de éxito que requieren contentar a sus seguidores. Fans fidelizados que pueden dejar de serlo si el producto que se les ofrece no cumple con esas expectativas, que cada vez son más exigentes debido a que la ultra-comunicación permite a cualquiera leer, ver y decidir antes de comprar a ciegas, por suerte.

La fidelización en los videojuegos es algo inherente a ellos. Pocos títulos nacen para morir en su primera muestra. Hoy en día disfrutamos de sagas tan longevas como Mario y los Super, 3D, New o los Call of Duty dedicados a conflictos pasados, modernos o avanzados, transitando por fantasmas u operaciones oscuras. Títulos deportivos anuales, que reciben críticas por su falta de evolución, pero que aún así compramos a millones debido a nuestra fidelidad.

advanced__wPor otro lado hayamos los estudios que nos han ofrecido y ofertado grandes momentos, uno detrás de otro y que por este motivo nos han ganado. Esperamos cada título que sacan, pero no nos callaremos si nos defraudan, aunque la mayoría seguiremos pagando, quizás soñando con una nueva exquisitez que nos lleve directo al olimpo gamer.

Somos el centro del sistema, por ello cada parte que forma la estructura de la industria nos quiere complacer a toda costa. Generamos el beneficio que sustenta el negocio. Los empresarios son conscientes e intentan darnos aquello que esperamos, mejorando nuestra vida a base de experiencias conservadoras, con ciertas mejorías o cambios pero sin llegar a revolucionar el producto que nos tiene enganchados. Así consiguen no perdernos o sufrir críticas negativas que nos produzcan dudas.

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La fidelización es compleja. Demuestra que somos el centro, la base. Sin embargo esta realidad oculta una parte negativa que completa la segunda cara que siempre completa una moneda. Nosotros somos a su vez complicados y cada vez estamos más entrenados para exigir, con la boca pequeña, a través de la vías anónimas que nos ofrecen las redes sociales. Cobardes actuaciones en muchos casos que se las llevará el servidor de turno para dejarlas aparcadas en el olvido. Nos hemos mal acostumbrado a absorber  estrenos como si no hubiese un mañana, a ver novedades que, con cada vez mayor frecuencia, son defectuosas o sufren demoras. Aún así, con los problemas que nos encontramos no hacemos nada al respecto y seguiremos comprando para satisfacer tanto nuestro consumismo como a la empresa que juega con nuestra fidelidad, sabedora que siempre vamos a estar ahí si la publicidad es correcta o provocando ese torrente de información que nos hacen llegar distorsionando nuestro ser, sin ya saber donde queda el periodismo puro o el texto objetivo y donde los favores a terceros. El ser humano cada vez es menos dueño de si mismo y más de las tendencias, corrientes consumidoras y de la ignorancia permisiva. No pienso que no seamos conscientes de nada, no obstante ya nos va bien que otros conduzcan nuestro coche, ya que siempre es más cómodo ir en el asiento de atrás.

Estuvimos fidelizados al videojuego, pero la tendencia es estarlo hacia el consumo automático por la carencia de tiempo hacia la reflexión personal y el autocontrol. Es posible que se nos haya ido de las manos, pero también es cierto que aquello que se escapa puede volver a ser alcanzado.  Luchamos contra enemigos tan importantes como el estrés, el egoísmo, la deshumanización, el consumismo, la incultura o la soberbia. En definitiva luchamos contra nosotros mismos y contra lo que nos rodea. Consciente de la alta dificultad de la tarea difícil pero no imposible, intentemos coger el volante de nuestro auto y miremos a nuestro alrededor, seguro que podemos variar el rumbo hacia una realidad mejor.

Texto por Luis García

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