El de los videojuegos no es un país para niños

El de los videojuegos no es un país para niños

Seguro que más de uno se ha acercado a su tienda de videojuegos favorita – o la que le caiga más cerca – a ver si encuentra alguna ganga, algún título que le guste y que esté baratito para podérselo llevar al momento. En su búsqueda por los diferentes estantes o cajones, pasa y pasa las cajas vacías de los juegos. Miramos títulos, miramos precio, e incluso miramos características tales como el idioma del juego o si tiene modo multijugador.

1280px-PEGI_-_Logo.svgLas cajas de los juegos traen tanto en su portada como en su parte trasera una serie de indicadores que sirven para que el usuario pueda identificar qué tipo de contenidos se va a encontrar en el juego. En Europa, esto corresponde con lo que se llama el código PEGI – Pan European Game Information.

Este sistema clasifica el contenido de los diferentes títulos por edades de cara a orientar al consumidor sobre su compra. También incluye diferentes etiquetas que ayudan a catalogar los títulos dentro de diferentes categorías según – de nuevo – el contenido del juego.

El eterno debate de si los videojuegos son para niños está más que zanjado, pero no hay que olvidar que una gran parte de los usuarios de videojuegos son menores, niños que dedican parte del día en echar un rato jugando a su juego favorito. Este sistema PEGI es orientativo y no supone ningún tipo de restricción a la hora de comprar videojuegos. En las tiendas especializadas no va a haber alguien que cuando vayas al mostrador no te venda el juego si es para mayores de 18 y tú tienes apenas 15. De hecho tampoco ocurre que si un juego es recomendado para niños de 12 y tenemos nuestras 23 castañas tampoco vayan a vendérnoslo.

Hace poco leía que son muchos los que se quejan de la violencia que se ve en los videojuegos, de las escenas poco recomendables para niños de poca edad y que eso repercute en la vida real – que incluso el niño podía salir salvaje, empuñar un arma y cometer una masacre. Sin irnos más lejos tenemos la reciente polémica levantada por Hatred (Destructive Creations, 2015) un título catalogado como ultra-violento, pero que además ha levantado muchas escamas debido a que parece estar inspirado en las matanzas ocurridas en sitios como Columbine. El juego remueve la conciencia americana y es más su semejanza y el recuerdo de lo ocurrido lo que hiere la moral de la gente que esa violencia a la que ellos se refieren como injustificada. Los más jóvenes acceden con cada vez más antelación a títulos que no son aptos para ellos. Si una persona más mayor no atiende a las indicaciones de la caja, ¿cómo lo va a hacer un niño que lo único que quiere es llegar a casa y ponerse a jugar?

hatred730Aquí es donde entran en juego los padres. Es muy fácil comprar un videojuego hoy día. Tan sencillo como tener 10 o 15 euros ahorrados de un par de pagas semanales e irte a tu tienda más cercana. Pueden caer en nuestras manos títulos muy jugosos. La vaga atención que los padres dedican a sus hijos en cuanto a materia de ocio electrónico se refiere hace que después nos llevemos las manos a la cabeza cuando en los medios de comunicación aparece un chaval de 15 años que ha masacrado a toda su clase porque así lo había visto en su videojuego favorito. El videojuego no le dice al que está jugando ‘ve y mata’. El caso es que para justificar la acción del sujeto, se culpabiliza al medio, es decir, al videojuego al que estaba jugando y al cual ha querido emular. En muchos casos, los jóvenes que han llevado a cabo estas atrocidades padecían diferentes trastornos. Ponerse al mando de un héroe reconocido, fuerte, capaz de acabar con todo lo que se le pone por delante es una vía de escape de la realidad que le rodea.

El sistema PEGI no es un sistema definitivo, no es perfecto. En sus etiquetas pueden indicarse elementos por los que no se define el juego, pero por los que merece la pena pararse un momento a sopesar la compra de uno u otro. Si vemos etiquetas que indican ‘drogas’ no significa que sea un juego en el que continuamente se vean drogas, pero sí que contiene escenas de este tipo. Igual ocurre con las sexuales o las de violencia.

El primer paso ya lo hemos superado. Hay que atender a lo que los juegos nos quieren decir con todas esas ‘pegatinas’ en sus cubiertas. Además, y por si fuera poco, en el CD del disco también encontramos indicaciones de este sistema. Ahora toca atender al juego y a los jugadores, es decir, a los más jóvenes.

20101126164343-pegi_iconenjpgDicen que para poder opinar de algo primero tienes que conocerlo. Lo mismo ocurre con los videojuegos. No basta con leer una caja. Los papás y las mamás deberían gastar algo de su tiempo en conocer un poquito más a lo que juegan sus niños. Porque cuando están delante de la pantalla a veces saltan o parece que tienen el baile de san vito.

En la presentación de un libro a la que fui hace poco, y en el que se trata esta cuestión, una periodista decía que nunca se había parado a ver a lo que jugaban sus hijas, que muchas veces se encontraba con que gritaban nombres raros. Finalmente, y a raíz de su lectura, quiso averiguar por sí misma el efecto de los videojuegos en los más pequeños.

El PEGI es un sistema al que no tienen obligación de adscribirse los desarrolladores de videojuegos, y por eso ha sido criticado por numerosas organizaciones. La última palabra siempre la tiene el consumidor, un fan de la saga Assassin’s Creed (Ubisoft, 2007-2014) va a comprar todos los juegos que vayan saliendo aun si su contenido deja de ser apto para su edad. Igualmente seguirá jugando al nuevo Call of Duty de turno porque todos sus amigos lo tienen a pesar de que en él lo que se hace es abatir a balazos a todo el que se ponga por delante.

El sistema PEGI no es infalible.  De hecho sirve para bastante poco ya que se limita a unos pocos iconos en la caja del juego y seguirá cumpliendo una función informativa que la gran mayoría de usuarios va a obviar. Es un hecho los más jóvenes no tienen un control sobre los juegos que pasan por sus manos y que es más fácil poner el grito en el cielo a toro pasado.

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  • Es muy fácil culpar al medio, y por eso es el chivo expiatorio más popular. Antiguamente eran las películas violentas, pero a medida que pasaron a formar parte de la cultura mayoritaria de la sociedad lanar quedó claro que el incipiente e indefenso mundillo del videojuego era el candidato ideal para cargar con el mochuelo.

    El ejemplo más evidente son las masacres en los institutos de EEUU. Siempre provocadas por una mezcla de irresponsabilidad paterna sumado a algun trastorno mental que predisponga o provoque la violencia en el tipejo en cuestión. Y nunca faltan voces que señalan a los videojuegos como causa principal (cada vez menos, todo hay que decirlo). Los juegos no matan gente, las armas matan gente. Y ya ni digamos si las armas son rifles de asalto en manos de un tarado entrenado en su manejo.

  • Sin duda, el mercado de videojuegos enfoca sus esfuerzos en nutrir de títulos a una franja de edad que supera claramente los 16 años.
    Ante esto, los juegos para los más pequeños no salen de adaptaciones de series para infantes que se quedan en meros útiles de aprendizaje. Se olvidan de que los niños también quieren divertirse y no le sacan partido a esto.

  • Ludipe

    Todo el tema de los niños y los videojuegos es bastante interesante y creo que no se trata con la suficiente atención.

    Lo primero es, como has dicho tú, que los padres se involucren, que no le compren a su hijo el juego AA de la película de turno ni algo que no esté recomendado para su edad. Esto viene de alguien que ha jugado a demasiadas cosas que no debería haber jugado en su momento.

    También hay otro problema, la falta de oferta, sobre todo a edades tempranas donde los niños cambian mucho y tienes que orientarlos a franjas de edad muy concretas. Este tipo de juegos los veo muy estancados, igual que hemos visto revoluciones en tantos otros campos aquí se han quedado parados.

    Hace poco me pidieron consejo para niños bastante pequeños, sus padres no encontraban nada interesante en las tiendas. Estuve un rato buscando algo estimulante que les pudiese gustar y después de varias horas terminé rescatando mis juegos antiguos del trastero y poniendo un emulador de MS-DOS; me pareció la mejor opción.

    Estaría bien ver juegos como “Draw a Stickman” o “Scribblenauts” pero con una dificultad más adaptada a edades tempranas. El hecho de que un niño sea pequeño no quiere decir que todos sus juegos tengan que ser de sumar o de reconocer formas, de ahí el problema de que quieran dar el salto tan rápido a otros juegos.