¿Gamer? ¿En qué momento me hice viejo?

¿Gamer? ¿En qué momento me hice viejo?

Cuando escucho la jerga del mundillo me siento perdido ¿de verdad que ahora es así?

Estaba yo merodeando por una tienda de videojuegos —de esas en las que entras porque sí, aunque vayas mal de tiempo— cuando me crucé con un grupo de chavales a los que muchos llamaríamos cariñosamente “niños rata“. No, no os deleitaré confirmando qué juego tenían entre sus manos, pero sí os diré que cuando les escuché comunicarse entre ellos me percaté de que utilizaban términos que cada vez escucho más y entiendo menos.

Resulta que de la noche a la mañana, este mundillo ya no es lo que era. En algún momento olvidado de nuestra corta historia digital, los aficionados a los videojuegos ya no somos unos “viciaos“. Ahora nos hemos convertido en algo mucho más cool (guay) gracias a la adopción de palabras anglosajonas. Viciao o friki —también del inglés; freak— suenan muy mal y pueden herir el autoestima de algún tierno mozalbete, pero ¿qué me decís de “gamer“? Mola ¿verdad? Suena imponente.

«Yo no soy ningún viciao, nena: soy un gamer.»

Lo que ocurriría a continuación, amigos, no se puede narrar en horario infantil.

En fin.

He jugado. Y he jugado mucho. He jugado más de lo que recuerdo y lo peor es que siento haber jugado menos de la mitad de lo que en realidad me gustaría, teniendo en la estantería más del doble de los juegos que hubiese deseado tener con la mitad de veranos que colecciono. Y por aquel entonces, me los hubiese pasado todos.

Descubrí el mundo online con Dreamcast. A través de la infame “Tarifa Plana” de por aquel entonces, conocí a unos cuantos viciaos con los que aún mantengo el contacto. Exploré el inhóspito Ragol (2001) con mis compañeros de batalla y poco más de un año después decidimos internarnos en las tierras del Rey Arturo; sin dejar de visitar Midgard e Hibernia en Dark Age of Camelot (2002). Por el camino, hicimos escasas incursiones a Vana’Diel (2004), y no tardamos en mudarnos a Azeroth (2004) cuando abrió sus puertas. Lo que quiero decir con la historia de abuelo es que este “viciao” ha visto mucho mundo, y como todos: ha hispanizado palabras a diestro y siniestro.

«Nos han owneado», «Ojo con la zerg», «El chamán está over», «Vámonos de raid» o «¿Nos echamos unas BG’s?» son las primeras palabras que me vienen a la mente a la hora de pensar en cómo he abusado de manera casi obscena del diccionario. Y no sé ni por qué lo digo en pasado ¡si sigo haciéndolo!

¿En qué momento dejamos de ser esos entrañables “viciaos” para convertirnos en “gamers“? Esos verdugos-destroyer que hacen de esta afición un deporte. Recuerdo que en un punto intermedio de esa transición se utilizó durante poco tiempo la palabra “jugón“. Un término que —personalmente— no puedo dejar de asociar al mundo del deporte gracias al inolvidable Andrés Montes.

En fin, nos hacemos viejos. Si me paro a pensarlo, tampoco sé en qué momento los viciaos gamers más torpes llegaron a ser super estrellas de internet gracias a YouTube, pero esa es otra historia.

¿Y vosotros? Qué me decís, ¿llegastéis a conocer el término “viciao”?

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