La cultura del absurdo

La cultura del absurdo

Metal Gear Solid The Phantom Pain (Kojima Productions) es el oscuro objeto de deseo de millones de jugadores, después de que Destiny (Bungie, 2014) haya terminado de robar sus vidas y su tiempo. El aperitivo que tuvimos con esa demo cobrada a precio de juego completo llamada Metal Gear Solid Ground Zeroes (Kojima Productions, 2014) nos dejó saborear lo que nos esperaba en la nueva entrega de la franquicia que siempre está a punto de abandonar Hideo Kojima, pero nunca lo hace. Nuevo sistema de control, evolución natural del que ya experimentamos en Metal Gear Solid 4 Guns of the Patriots (Kojima Productions, 2008); un apartado gráfico de infarto gracias al Fox Engine; y las kojimadas de siempre. A saber, poderes sobrenaturales, lenguaje cinematográfico, muchos CGIs y conspiranoias que nos dejarán clavados en el sitio durante varios minutos con cara de no habernos enterado de nada.

Pero, ¿qué sería de Metal Gear Solid sin mujeres? No hay que olvidar esas mujeres fuertes, curtidas después de mil penurias como son Sniper Wolf, la francotiradora que robó el corazón de Otacon, o The Boss, la soldado definitiva. Ejemplos de superación y de fortaleza que llegaron hasta lo más hondo de los jugadores para mostrarnos sus historias. Metal Gear Solid V The Phantom Pain también tendrá una de estas mujeres pero con una imagen un poco acorde a los gustos del público masculino.

Los titulares ya nos los esperamos. El mundo se escandalizará por otra muestra de sexismo dentro de los videojuegos. Pero, ¿no estamos diciendo todo el rato que lo importante es el interior? [email protected] dirán que sólo es un reflejo de las fantasías de un desarrollador venido a menos, necesitado de mostrar un cuerpo femenino para satisfacer sus necesidades y las de los jugadores, eminentemente masculinos. ¿En serio?

¿The Boss hubiera sido menos The Boss si hubiera aparecido como la veis en la imagen de la derecha? A una sociedad que sigue teniendo como baremo la superficialidad, lo que transmitimos a través de lo que compramos, y lo que aparentamos, sólo se le puede decir que es infantil. Tan infantil como el niño que se ríe cada vez que se mentan las escatologías más comunes. Que sigamos quedándonos con ese elemento demuestra que seguimos siendo inmaduros, incapaces de ver fuera de nuestro reducido campo de visión, y limitando nuestras propias posibilidades.

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Entiendo que hay algunos casos que el sexismo aparece, sin ningún tipo de mesura o justificación. Dead or Alive Xtreme 2 (Team Ninja, 2006) no dejaba de ser una sucesión de minijuegos que servían de justificación para ver los magníficos “pechos bamboleantes” de las luchadoras de la franquicia. ¿Es machista? No. Es un producto dirigido a un determinado tipo de público, como puede ser el porno. Más preocupante me parece el caso de 50 Sombras de Grey (E.L. James, 2011), una obra que es, evidentemente, machista -según los baremos que se utilizan- y no he visto a muchos tirándose de los pelos. Al contrario, ha sido un completo éxito de ventas, aún siendo la mujer protagonista sumisa convencida, con un placer malsano por ser vejada de muchas maneras. ¿Nos va el morbo pero, a la vez, lo rechazamos? ¿Utilizamos el machismo cuando nos interesa (como cuando nos invitan a un café) y lo abandonamos cuando es algo prescindible?

A lo que quiero llegar es, que como creador de juego o película, éste no tiene que tener impuesto el yugo de la apariencia. Soportar la acusación de ser machista o feminista porque determinado género no está representado correctamente. Queremos demonizar determinadas conductas y después, hablamos de pensamiento libre o tolerancia. Gritar a los cuatro vientos la condición de mujer tampoco parece solución para un problema inherente a una cultura que se ha desarrollado durante siglos. El machismo y el feminismo no dejan de ser dos posturas antagónicas, que no tienen sentido en un mundo donde apostamos por unos valores universales. Intentar establecer una posición de superioridad sobre la otra parte es, simplemente, darle la vuelta a las cosas y volver a empezar. Una serpiente que se muerde la cola.

Aunque no se puede cerrar los ojos a unas realidades que todavía nos siguen sonrojando en el mundo real -hechos graves como las diferencias de salario, no las invitaciones a cafés-, el mundo cultural debería ser ajeno a esto. Todo arte u obra nos dará la posibilidad de echar un vistazo a la visión personal del autor. Si éste decide enseñar, por ejemplo, un pecho de una mujer, no creo que debamos acusarle de nada porque si lo hiciéramos, estaríamos cambiando su concepción de la obra -un poco a lo Mass Effect 3 pero más ligero-. Nymphomaniac (Lars Von Trier, 2013) retrata un problema muy grave en una mujer, como ya hizo Shame (Steve McQueen, 2011) con un hombre. Ambas películas muestran un problema muy grave para ciertas personas, incapaces de controlar sus instintos más primarios. ¿Serían machistas o feministas ambas películas por enseñar más de lo que está socialmente admitido, según el lado que retraten?

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¡Miembros y “miembras“! Ni uno ni otro porque griten más, van a conseguir nada. Ni resaltar la condición de mujer, en una suerte de discriminación positiva, dará un mayor reconocimiento a este colectivo; ni imponiendo nuestra posición de hombres podremos llegar a algún lado. El trabajo debe ser conjunto y para cambiar la cultura, debemos dejar a los artistas que plasmen su obra. Como grandes catalizadores de los cambios sociales, no debemos coartar su libertad y, mucho menos, acusarles de nada. Y si consideramos al videojuego como arte, transmisor de un mensaje a través de un contenido audiovisual, menos aún debemos fijarnos en elementos superficiales como cuánta carne enseñan las mujeres que pueblan los juegos. Hay quien no los considerará así, pero no veo por qué no puede haber un producto dirigido a un determinado tipo de público.

En definitiva, el machismo existe con la intensidad que queramos creer en él. Si queremos, podemos verlo hasta en la forma en que los cadáveres cuelgan de una pared según si es hombre o mujer, como hemos podido ver en un vídeo de Youtube que dejaré que busquéis por vuestra cuenta. Sacar de contexto cualquier actitud, al final, nos conduce al absurdo. Y el absurdo, no lleva a nada. Ni siquiera a un cambio. Así que pensemos de verdad. Dejemos de rascar la superficie. Porque los videojuegos son arte y después de la jungla, está el mensaje.

Texto escrito por Fernando Porta.

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