La pelota y la pared

La pelota y la pared

Una pelota y una pared. Un niño que golpea la pelota contra la pared. Impone sus reglas, nunca pierde pero tampoco gana, no hay adversarios contra los que medirse, el único aspecto importante en la ecuación, la propia satisfacción del imberbe de dominar la técnica necesaria para hacer volver a la pelota a sus manos o pies. No es necesario nada más para seguir jugando ni nada menos para pasar las horas frente a esa pared que nos devuelve siempre todas las pelotas sin importar lo que pase y cuyo fin únicamente depende de nosotros. Quizás, a la larga, se vuelva aburrido, pero mientras, seguimos lanzando la pelota a la pared y ésta, obediente, siempre vuelve.

xrwepMuchos dirán que no es divertido jugar a solas, que necesitas de la compañía de otras personas para divertirte y, más aún, para que un juego sea divertido. De hecho, esta idea no sólo la impone el vecino, sino el propio diccionario al definir el juego como una actividad entre dos participantes. De repente, la pelota se habrá convertido en un torbellino que cabalga entre las piernas de diferentes pies vestidos de cuero y nailon. Ya no devuelven todas las pelotas como la pared, siempre igual, sino que unas irán altas y otras bajas siguiendo un patrón aleatorio que dependerá de la pericia del compañero, pero no sólo esto, ahora ganas o pierdes, no hay medias tintas y, desde luego, no siempre terminas el partido satisfecho como ocurría con tu ansiada pared. Entra dentro de la ecuación la competición. La competición ha llevado al ser humano a conocer sus momentos más gloriosos como la llegada del hombre a la Luna, pero también sus momentos más bajos, la competición alemana por alcanzar la hegemonía. Por tanto, y a la vista de los hechos, es un arma de doble filo realmente peligrosa y cortante por ambos cantos. Claro que muchos alabarán la competición como la esencia misma del juego, cuando esta no lo es.

Sin embargo nunca dijimos que no a que el hijo del vecino nos acompañara en nuestras patadas contra la pared. Cuando la competición, cuando la necesidad de situarse por encima no se encuentra presente nunca dijimos que no a compartir nuestra pelota. Fue únicamente cuando el vecino, o nosotros mismos, comenzamos a comprender el juego como un medio para vencer al contrario cuando recogimos nuestros bártulos y nos marchamos a otra pared para continuar lanzando nuestra pelota contra otra pared.

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Los juegos nacieron para aprender ¿Cómo aprende un recién nacido sino es a través de juegos, ensayos y errores? ¿O, acaso aprende a través de la competición con otros recién nacidos por ser el primero que hable o pronuncie la palabra otorrinolaringólogo? No, aprende de una manera individual, regida por sus padres o profesores, sin prestar atención a la insana competición que devora nuestro mundo y nos lleva a sacar lo mejor de nosotros para pasar por encima del contrario en lugar de hacerlo por el mero hecho de sacar lo mejor de nosotros. Cuando jugábamos contra la pared no existían objetivos, tan sólo la diversión y el propio convencimiento de superación personal, no la derrota o victoria frente al contrario. En cambio, cuando el juego pasa a ser multijugador, el objetivo no es la superación personal ni el desenvolvimiento de una trama que vayamos descubriendo, no, es llana y simplemente vencer al contrario, superarnos a nosotros mismos para poder poner encima nuestro pie en el pecho del vencido y clamar a los cuatro vientos: ¡Soy mejor! ¿Es acaso esto juego? Muchos dirán que sí, pero se equivocan.

Adentrándonos en lo descrito anteriormente nos referimos, por supuesto, a los videojuegos. Estos están tomando una peligrosa deriva donde están perdiendo su esencia de juego en solitario o acompañado a pantalla partida o dejando el mando al vecino para convertirse en una simple competición entre contrarios para ver quién es el que mejor domina los resortes de control. La historia, la superación personal por el simple hecho de querer superarse a uno mismo y el aprendizaje se están perdiendo en pos de la espectacularidad de derrotar al contrario de la manera más humillante posible. La pared ha pasado a convertirse en un escenario cerrado y la pelota en un fusil de asalto.

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