Perjuicios y repercusiones del ego del jugador de videojuegos

Perjuicios y repercusiones del ego del jugador de videojuegos

Inmerso en un artículo que busca descubrir las verdades y mentiras sobre las opiniones que la prensa especializada ha vertido sobre el estado actual de la nueva generación, me encontré sumido en una conversación en la que los contendientes coincidieron en valorar mi apreciada Playstation 4 – como es lógico, su homóloga Xbox One debe incluirse en el mismo saco – como una mala opción a lo quel a inversión económica en el presente se refiere. Sus bazas fueron que los gráficos que ofrecen las últimas videoconsolas hace tiempo que se pueden disfrutar en PC o que no distan demasiado de los de la séptima generación. Por otro lado, hacían hincapié en que si la razón de compra de una Playstation 4 o de una Xbox One son los exclusivos, la mejor baza para invertir nuestros ahorros es Nintendo y su Wii U. Dejaré de lado esta predilección por los títulos de la gran N y no por desagrado hacia ellos.

Perjuicios y repercusiones del ego del jugador de videojuegos 01Personalmente, los considero títulos que tienen una calidad contrastada además de un historial que hace de la compañía creadora de Mario un pilar primario de la corta existencia de los videojuegos. La razón para abandonar una comparativa entre exclusivos de diferentes plataformas es que pienso que valorar con hechos objetivos cuales son los mejores es una tarea casi imposible. Al final, el resultado varía por la apreciación subjetiva de cada persona y eso es algo que se debe respetar siempre. Además, debemos calificar a Nintendo como un género en sí, debido a que representa un producto que en temática y catálogo tiene poco en común con las plataformas del mercado. Creo que los comentarios de los usuarios que poseen varias plataformas fijas – entendamos PCs y videoconsolas – tienden a dar como vencedor el ordenador por su apartado gráfico. La opinión de estos usuarios difiere de la mía debido a que mi experiencia personal se nutre principalmente de lo que he vivido con Playstation 3 y Playstation 4. Dejo de lado los largos ratos jugando a consolas portátiles, ordenadores con procesadores de risa y generaciones antiguas ya que no influyen de manera proactiva. Por supuesto, no he tocado un pc gamer desde hace casi una década y lo único que he podido ver, respecto a su potencia, son demos colgadas por norma general en Youtube que visualizo desde mi iPhone, en una pantalla de 4 pulgadas.

Por lo tanto, la valoración u opinión del jugador de cara a la última generación viene lapidada por la experiencia que pueda tener el usuario en ordenadores de gran potencia. No podrán sentir lo mismo que yo salvo que dejen de lado sus ideales, experiencias o prejuicios y cojan el mando para sumergirse en las bondades de ambas plataformas. No se quedarán fascinados por el juego remoto a través de Playstation Vita o con la posibilidad de comprar a distancia desde la aplicación de Sony para móviles que permite al instante lanzar la orden de descarga directa, proporcionando así el llegar a casa y poder disfrutar del título sin demoras. Quizás no puedan valorar la mejoría en el tiempo de carga del menú respecto a su antecesora o ese irrepetible y brevísimo momento en el cual te percatas de que los nuevos móviles Sony Xperia, al encenderse, tienen el mismo sonido que la interfaz de Playstation 4. Pero lo más importante no es que no puedan sentir lo mismo que yo, ni yo que ellos.

EPerjuicios y repercusiones del ego del jugador de videojuegos 02ste no es un artículo en defensa de la nueva generación. El problema y asunto realmente importante es que no somos capaces de empatizar con el que no es afín a nuestros gustos. Nos centramos tanto en nuestra propia experiencia que no podemos ponernos en el lugar del otro. Y aquí es donde aparece por primera vez nuestro protagonista: el ego del jugador de videojuegos. Tras leer el anterior párrafo, podéis pensar que soy sonyer y estaréis en lo cierto. Desconozco en qué momento elegí entre la marca nipona, un ordenador dirigido al videojuego y Microsoft. Creo sinceramente que me dejé llevar por la popularidad de que disfrutaba la compañía nipona en mis círculos más cercanos. A Nintendo la omito también de esta contienda debido a que su catálogo ya no me llamaba, aunque lo valoré muchísimo. La cuestión es que elegí Sony y, tras siete años, me mantengo fiel. Esta actitud me ofrece sensaciones que no podría vivir si dispusiese de más plataformas o estuviese pensando que en un PC vería mejor mis juegos. Reconoceréis que, cuanto menos poseemos, más disfrutamos de las nuevas adquisiciones. Por eso, soy sonyer, pero os respeto y admiro de la misma manera juguéis a lo que juguéis.

No obstante, tribuneros, esto que a simple vista parece absurdo por su lógica aplastante dista mucho de lo que se ve en el mundo de los videojuegos. Encontramos muestras de troleo continuamente en internet y críticas que por desgracia no son nada constructivas. De hecho, la misma prensa especializada tiende antes a buscar una lapidación pública que a valorar las causas u ofrecer comprensión a los defectos o errores de los que hablan sus textos. Por supuesto que esto no está mal, pero considero que sería justo un poco más de balance y mostrar más aportaciones positivas que pudiesen ayudar a mejorar la industria. No pretendamos que las empresas capitalistas sean justas con el consumidor si nosotros mismos somos los primeros que no lo cumplimos. Recordemos que el mercado y las distribuidoras están conducidas por personas que son iguales que nosotros.

Perjuicios y repercusiones del ego del jugador de videojuegos 03Es imposible hacer desaparecer nuestro ego pero sí que podemos modularlo. Es por ello que escribo este texto: deseo defender una postura, una posición, un gusto o una marca basándome en el respeto hacia el resto de plataformas y por relación a sus usuarios o seguidores. No hay nada en el mundo equiparable a la variedad, como el poder escoger – que se lo digan a aquellos que no disponen de esa posibilidad – y así poder disfrutar de lo que hayamos adquirido. No seré capaz de decirle a nadie que erró adquiriendo su PC, Xbox o Wii U. Lo más probable es que intentaría jugar a cada una de ellas, con el problema añadido de sentir la necesidad de adquirir más máquinas que realmente no necesito. No obstante, siento envidia de aquellos que tienen PCs que permiten tener mi deseada y esperada foto realidad al alcance de la mano, de los que disfrutan de Kinect y una nube como tecnología de vanguardia, de aquellos que pueden salvar a Zelda y convertirse de manera virtual en un cazador de monstruos gigantescos.

Algunos pensaréis que podría adquirir alguna compañera para mi Playstation 4, alguna máquina que complementase su catálogo. No obstante, tengo muy claro que el tiempo de ocio que invierto jugando a videojuegos tiene dueño y estoy muy satisfecho y tranquilo con ello. Por eso cuando critican mi plataforma no me escucharán hacer lo mismo respecto a la otras en un alarde de defensa de mi ego, ni pienso en ello simplemente por la posibilidad de fastidiarle la experiencia a otra persona. Respeto y alabo al jugador, sea el que sea y juegue a lo que juegue. Y creo que esa debería ser la actitud que predominase en los foros: la crítica fundamentada y respetuosa. Por desgracia esta no es una práctica muy común en el mundo en el que vivimos. Al ser humano le cuesta ensalzar los logros del prójimo y prioriza la exhibición de los propios, la exaltación del ego y de lo que poseemos. Estoy seguro que viviríamos bastante mejor si nos olvidásemos de tanto interés personal y entrenásemos la empatía hacia los que nos rodean, aunque no compartan nuestros gustos. Por desgracia, esa certeza se disipa ya que la tendencia social camina hacia otra dirección completamente contraria debido a que tendemos hacia el individualismo y el egocentrismo, actitudes motivadas por lo que nos “impone” tanto el sistema como nuestra naturaleza imperfecta.

La historia nos ha dejado muestras grotescas de falta de empatía desde el principio de los tiempos. Sólo hace falta pensar en las primeras invasiones de territorios ajenos o las luchas de poder entre tribus de homínidos, guerras invasoras entre civilizaciones en lugar de aprender unas de otras, creando fronteras e invirtiendo millonadas en armamentos. Este mismo ego inherente al ser humano es el que produce que todos los sistemas de entretenimiento de videojuegos, salvo en las plataformas de Nintendo, lo nutran a través del sistema de trofeos que nos motiva a seguir coleccionando y competiendo con el resto de jugadores que tenemos agregados como “amigos”, incluso pudiendo saber en qué posición estamos a nivel global. Por supuesto este sistema no es casual y fue diseñado con alevosía sabiendo que el jugador lo iba a agradecer. Este valor añadido fue una nueva alegría para nuestro ego, ya suficientemente curtido de antemano en la mayoría de los casos a través de mensajes que hemos recibido desde otros muchos aspectos de nuestra sociedad.

Perjuicios y repercusiones del ego del jugador de videojuegos 04Debemos hablar de la existencia del potente ego del jugador de videojuegos partiendo del hecho de que, en un porcentaje muy alto, los títulos a los que hemos jugado en toda nuestra vida están hechos para disfrutarlos de manera solitaria, evadiéndonos durante espacios de tiempo indeterminados del resto del universo, o para fomentar nuestra competitividad con el segundo jugador, siendo habitualmente un amigo que pasaba por casa, para luego aumentar a tres o cuatro jugadores simultáneos en el mismo habitáculo y derivar finalmente al multijugador online: sistema que siempre finaliza sus partidas con rankings de resultados donde, cómo no, se prima de nuevo la competitividad individual y, por lo tanto, engorda nuestra satisfacción personal. Entonces, es lógico encontrarnos con jugadores que no empatizan con el resto, ya no sólo en el mundo del videojuego. Y tal vez por eso sea incluso más importante generar una nueva corriente que nos permita avanzar y posiblemente evolucionar.

El ego humano no es negativo. Es más, es completamente necesario. No obstante, debemos encontrar un equilibrio en el cual no nos fastidiemos la experiencia aunque seamos sonyers, xboxers, peceros o nintenderos. Todos somos jugadores y disfrutamos de nuestras plataformas por motivos tan lícitos como los de cualquier otro. Formamos parte de una industria que influye directamente en nuestra sociedad y de la cual la prensa generalizada tiende a hacerse eco, ya sea para bien como para mal. Por ello, es tan importante modular nuestro ego.  Recuerden, por favor, que todos somos jugadores, que más que jugadores somos personas y por eso debemos respetarnos entre nosotros. Así, seguro que todos viviremos más felices; y el primer beneficiado no será otro que nuestro protegido ego.

Texto por Luis García

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