Remakes, remasterizaciones, reboots y la madre que los pixeló

Remakes, remasterizaciones, reboots y la madre que los pixeló

Hablemos de los remakes, remasterizaciones y reboots bien entendidos

Por Israel Mallén


Elegí a Bulbasaur. Mi primera experiencia con un videojuego supuso tomar la decisión más difícil de mi infancia: cuál de los tres iniciales iba a ser mi compañero. No solo para aquella partida, sino para el eterno recuerdo que quedaría de nuestra aventura. Pero aquel vínculo duró poco, lo que tardé en tener que separarme de esa copia de Pokémon Azul, que no era mía, sino de un familiar. Poco después me regalaron una Game Boy Advance SP con Pokémon Oro y Totodile fue mi elección. Sin embargo, me quedó una espina por no completar el juego a mis tiernos 5 años y traspapelar aquel cartucho. Algo frustrado, desembarqué en Hoenn, región que hice mía.

La vida me debía una. Quería volver a elegir a Bulbasaur y hacerme con todos junto a él. Y, por raro que suene hoy, un remake me brindó esa oportunidad. Pokémon Rojo Fuego fue, como Rubí, Zafiro y Esmeralda, el juego que más he disfrutado por edad y experiencia acumulada. Conseguimos ganar aquella liga, todo gracias a un remake. Años más tarde, mi inseparable Nintendo DS sació mi sed de victoria en Johto y Totodile me siguió (literalmente) hasta la consecución de la liga en Pokémon Soul Silver.

Y a qué se debe este derroche de pokénostalgia, se preguntará el lector. Solo tiene que asomarse a cualquier escaparate y verá que gran parte de los títulos actuales son remakes, remasterizaciones y reboots. Las compañías saben que son una forma efectiva de ganar dinero sin necesidad de innovar, simplemente apelando a la nostalgia de quienes fueron niños y no quieren dejar de serlo.

Pokémon Soul Silver Nintendo Game Freak Remakes

Resulta evidente que gran parte de estos títulos responde al perfil de sacacuartos, que, cual turrón navideño, nos invitan a volver al hogar. Al menos regresar a aquellas obras que nos reconfortaron, acogieron y marcaron de jóvenes. Pero también los hay necesarios, desde el remake trabajado hasta la remasterización útil, pasando por el reboot refrescante y el empezar de cero.

Todas estas fórmulas captan a quienes ya han jugado a esos títulos en el pasado, pero sobre todo a los que, por cualquier cuestión, no pudieron hacerlo. Si bien considero que su función para con la nostalgia es positiva, su mérito es devolver a la palestra juegos imprescindibles para la industria.

Pocos remakes ilusionan tanto como los de Pokémon. Ni el jugador experimentado ni el novel se enfadan por su anuncio, más bien al contrario. El rediseño gráfico ajustó a Kanto, Johto y por último Hoenn a los estándares de cada generación. En mi caso, como en el de muchos otros entrenadores, tuve la oportunidad de derrotar a Gary y ganar 16 medallas gracias a dos remakes ejemplares. También habrá quien no pudo surcar los mares de Hoenn y cumplió con ese sueño gracias a Pokémon Rubí Omega y Zafiro Alfa, por mucho que doliera la ausencia de Frente Batalla y el bajón de dificultad.

Respetando la historia de los originales, se basan en la mejora gráfica, incluir a los Pokémon de generaciones posteriores y añadir un post game sólido y alternativo. En el caso de Pokémon Heart Gold y Soul Silver, a las 16 medallas se les unió un Frente Batalla, además del magnífico detalle de que cualquier criatura siguiera al entrenador protagonista. No en vano es considerado uno de los mejores juegos de la franquicia en sus 20 años.

Habrá quien no disfrutó del estilo gamberro de los primeros Crash Bandicoot y pueda hacerlo con el remake que se anunció en el E3 2016, o quien no jugó a Final Fantasy VII, uno de los puntales de esta industria, y vaya a encarnar a Cloud en su respectivo remake.

Las remasterizaciones son, en cierto modo, una perversión de esta idea. En lugar de añadir contenidos nuevos y darle aire fresco a una historia buena de por sí, se centran en actualizar los gráficos a los cánones de la sempiterna next gen. Pongámonos en la piel de un nintendero que no ha tocado una PlayStation hasta la actual generación, pues, decepcionado con Wii U, ha apostado por invertir en una PS4. Las remasterizaciones de una generación a otra, a falta incomprensible de retrocompatibilidad, le permiten jugar a esos títulos vitales para la progresión del medio, como Dark Souls II, The Last of Us, Bioshock o la trilogía original de Uncharted.

The Last of US Sony Naughty Dog remasterizaciones

Ahora, al contrario. Alguien fiel a Sony pero que decide comprarse una 3DS porque PS Vita no le convence. Podrá sudar sangre en el Templo del Agua de Ocarina of Time o apresurarse cuando se aproxime el tercer día en Majora’s Mask. Todo gracias a los ports remasterizados que comparten catálogo con obras originales en la portátil de Nintendo, consola paradigmática por aportar el equilibrio necesario entre el pasado y el presente.

Tanto el remake como las remasterizaciones juegan un papel similar al de las nuevas ediciones o adaptaciones de un libro. No todos tienen el valor de empaparse de las aventuras de don Quijote y Sancho en el castellano que se estilaba en 1605. Pero eso no resulta un impedimento gracias a las actualizaciones del texto que se han hecho periódicamente. Tampoco para los más pequeños, ya que hay versiones pensadas para ellos. Un clásico de la literatura universal al alcance de todos, lo conocieran o no. Epona gozó del mismo trato que Rocinante gracias a una remasterización.

El éxito está asegurado para ambos, no así para el reboot. En los anteriores casos, es muy difícil que una versión prácticamente idéntica de una historia, pero con las mejoras pertinentes, sufra en ventas o crítica. Si bien el reboot cuenta con el renombre de su título, reiniciar una saga es una apuesta arriesgada. Hay a quien le sale bien, como a id Software con el nuevo Doom, que resetea la franquicia y retoma la esencia del original tras la deriva que significó Doom 3. Pero la generación anterior nos dejó casos como el de Bomberman: Act Zero, que denigra a los títulos clásicos del mismo nombre.

La octava generación es la del remake, el remaster y el reboot. Me dejo en el tintero The Legend of Zelda: Wind Waker HD, Grim Fandango Remastered y otros tantos buenos ejemplos. El problema no está en lo que conlleva cada una de estas fórmulas, ni en el tiempo que ha pasado desde el original, sino en el exceso de juegos de este tipo frente a nuevas IP que sorprendan y calen en el jugador. Ese peso lo llevan los indie, pero, salvo excepciones, no tienen la misma repercusión de cara al público masivo. Aun así, tendría menos que lamentar si pudiera revivir las aventuras de Sir Daniel Fortesque en mi PS4.

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