Volvamos a 1993

Volvamos a 1993

Año 1993. Una batalla encarnizada se produce en los confines del patio de un colegio sin que nadie pueda hacer nada por evitar que Nicolás y Manolín se enfrenten a vida o muerte por lo que fue, es y será el motivo de conflicto que más ha acaecido en la comunidad gamer: la guerra de consolas.

En aquellos tiempos de crisis económica, Miguel Indurain y los tazos de Matutano, los bandos se dividían entre nintenderos y segueros, apodos que aún se emplean a día de hoy para autodenominarse como fanáticos de su marca y de todo lo que salga para la misma. Y en este nuestro siglo XXI, época de la obsolescencia programada y de niños rata, los usuarios siguen distribuyéndose (aunque quizá esa sea una palabra demasiado suave) entre los dos grandes monstruos del mercado actual: Sony y Microsoft.

ratilla

Sin embargo, oro parece, plata no es, porque aunque pueda parecer que los antiguos esquemas se repiten existe una diferencia clave en este separatismo social y tecnológico.

En los albores de la humanidad consolera española, lo que realmente importaba, lo que más se valoraba entre el jugador medio, era el juego en sí, y no la plataforma. Nintendo tenía (y todavía tiene) a una legión de seguidores de sagas que aún resuenan a día de hoy como grandes del género bajo el nombre de Super Mario Bros, The Legend of Zelda o Metroid; y por otro lado Sega despegaba con sus ya míticos Sonic, Alex Kidd o Street of Rage.

Muchos de estos juegos destacaban por la belleza y complejidad de sus escenarios, historias y melodías que lograban que sus jugadores realmente disfrutasen de un mundo al que podían acceder con sólo introducir un cartucho en un aparato rectangular y pulsar un botón. Incluso cuando vivíamos en la edad de la inocencia pre-púber, nos decantábamos por un juego u otro en base a aspectos tan triviales como una portada brutalmente diseñada para llamar la atención, y aunque a la hora de tenerlo en la consola dicha imagen tuviera poco o nada que ver con el contenido, apenas importaba para un verdadero gamer noventero.

contra3_11

Este amor incondicional hacia el disfrute y la diversión sin límites evolucionó a la par que las videoconsolas, y con el paso del tiempo la figura del gamer se convirtió en un ser profesionalizado capaz de fijarse en detalles relativamente nimios que, sin ningún lugar a dudas para él, podían cambiar radicalmente la experiencia de juego. Nuestro gamer profesional sabía que el aumento de vegetación de Read Dead Redemption en Xbox 360 convertía esta versión en superior a la de PlayStation 3, pese a que poco importaba en la jugabilidad este aspecto tan ecológico y verde al más puro estilo jardinero coletudo de Bricomanía. Y este mismo gamer también criticó que el pelo de Lightning de Final Fantasy XIII en Xbox 360 se pixelaba, al contrario que en PlayStation 3, dando a esta última plataforma como vencedora en un combate bastante absurdo del que hasta Llongueras se burlaría.

Hoy en día esta profesionalidad ha alcanzado límites insospechados, llegando a poner duda todo aquel aspecto técnico que pueda suponer una mejora significativa con respecto a otra plataforma. Ya no hablamos de juegos, no hablamos de historias, de momentos intensos que se te graban a fuego y te ponen la piel de gallina al mismo tiempo que sueltas el mando porque no terminas de creerte haber vivido semejante escena mientras las lágrimas recorren tus mejillas. Ahora hablamos de antialiasing, clipping, popping, tearing, buffering, lod, DOF, motion blur, filtro anisitropico, lens flare y muchos otros términos más propios de un gurú de la ingeniería informática que de un jugador medio.

aaaa

Estos términos, en la mayoría de las ocasiones, son utilizados por verdaderos fanáticos dispuestos a invertir todo el tiempo posible en defender a ultranza una plataforma concreta y desprestigiar, hundir y cualquier verbo de significado negativo que se os pueda ocurrir a cualquier otra compañía que pudiera, remota e ínfimamente, competir contra la compañía a la que ha decidido entregar su dinero y amor incondicional.

Y sin embargo, es precisamente esta rivalidad entre plataformas la que ha conseguido que estemos donde estamos ahora, con verdaderos monstruos que si bien no llegan al nivel de un gaming PC, se acercan con paso firme con la calidad de sus juegos. Si en cada generación tenemos mejores gráficos, mejor resolución y hasta complementos más o menos útiles, es gracias a la competencia y a intentar superarse para ganar más usuarios. La hostilidad que se ha ido desarrollando con el paso de tiempo y que ha aumentado exponencialmente desde la salida al mercado de las nuevas consolas next-gen, y el enfrentamiento entre los seguidores de ambas plataformas no deberían tener cabida en una comunidad gamer.

Es una cuestión de perspectivas, como quien decide ver el vaso medio lleno, que ciertamente puede influir en la experiencia de juego final y convertir un título mediocre en todo un éxito de ventas simplemente por defender una marca.

Reivindiquemos el placer de cuando éramos niños, volvamos a disfrutar de las historias, de los personajes y de la emoción que supone sumergirnos en un mundo nuevo sin importar nada más.

Volvamos a 1993.

 

Texto por Daniel Recio

 

Artículo relacionado