Análisis Grow Home

Análisis Grow Home

Tras Valiant Hearts: The Great War (Ubisoft Montpellier, 2014) y Child of Light (Ubisoft Montreal, 2014), nos llega esta aventura espacial por parte de Ubisoft Reflections. Una aventura tan colorida como desafiante que nos propone alcanzar la estratosfera por medio de una planta de abrumadoras proporciones cuya raíz debemos hacer crecer. ¿Recordáis los cuentos de Jack y las Judías Mágicas? Pues armaos de paciencia y valor, porque comienza una ascensión épica.

[dropcap size=big]A[/dropcap]inguna aventura se siente completa sin un héroe a la altura -nunca mejor dicho- de las circunstancias, es por eso que encarnamos a un robot experto en botánica tan entrañable como patoso. Atiende al nombre de BUD (Botanical Utility Droid), un robot de ojos saltones y cuerpo rojizo que no ha sido programado para ejecutar demasiadas acciones y con serios problemas para caminar sin acabar tropezándose consigo mismo, pero con la extraordinaria habilidad de adherirse a todo tipo de superficies, la cual nos va a ser útlil, muy útil. Tras pasar varias horas a los mandos de BUD y librar un debate interno sobre sus condiciones físicas, aún no he logrado llegar a una conclusión sobre su peculiaridad, que influye irremediablemente en el sistema de control del juego.

Grow Home 3¿Justifica la torpeza de nuestro héroe la imprecisión del control? Por un parte tenemos a un personaje que en cuanto emprende carrera adolece una inercia desmedida que ofrece una sensación similar a esas situaciones en las que caminamos sobre superficies heladas en otros muchos videojuegos y no somos capaces de controlar al 100% nuestros movimientos, algo que, como no podía ser de otra forma, resulta muy peligroso debido a las muchas y diversas superficies que nos disponemos a explorar en las alturas. En los primeros compases del juego no pude evitar pensar que el control es, simple y llanamente, horrible. Entiendo que si se quiere mostrar a un robot más torpe que otra cosa, la exigencia a la hora de dominar sus movimientos sea mayor que en otro tipo de personajes, pero llega un punto en el que las imprecisiones rozan lo grotesco y eso hace que, en caso de tirar por tierra nuestro progreso por un paso mal calculado, acabemos bastante cansados al pensar de nuevo en la subida que se nos avecina.

Hasta el infinito… ¡y más allá!

El principal atractivo de las habilidades de BUD es la capacidad de escalada que posee gracias a sus metálicos y rojos brazos, que nos permiten alcanzar la cima de grandes montañas y otro tipo de superficies en un constante desafío a las leyes de la física. Pero no intentemos hacer la casa por el tejado, porque antes de escalar nada debemos marcarnos un objetivo. Nos encontramos en la superficie de un planeta desconocido y las estructuras que podemos avistar si miramos hacia arriba parecen estar flotando a cientos de metros de altura por lo que, de entrada, no vamos a conseguir nada ni aunque contemos con un Sherpa dispuestos a guiarnos en nuestra aventura. Nuestra meta se encuentra a dos mil metros de altura, casi nada. Nuestro éxito está ligado al crecimiento de la Star Plant, que es el nombre que recibe la gigantesca planta cuyo aspecto recuerda inevitablemente al de esas que hemos visto en las diversas interpretaciones de los cuentos de Jack y las Judías Mágicas. De un color verde esperanza, retorcida como ella sola y con una envergadura imponente, el ser vivo más grande que nunca habríais imaginado necesita de nuestra ayuda para brotar hasta la estratosfera. Por suerte y viendo su tamaño, gracias a Dios que no hay que regarla, me dije. Nuestro objetivo es encontrar unos capullos de color rojo y aspecto espinoso que brotan del tronco de la planta, los cuales podemos activar mediante el brazo de BUD y que hacen que las raíces de ésta crezcan hasta alcanzar distancias abrumadores, dibujano formas imposibles a su paso. Por medio de estas raíces podemos ir subiendo cada vez más hasta encontrar nuevas superficies estables en las que “acampar”. Y digo acampar porque la escalada de la planta no dista mucho de ser como una escalada deportiva, permitiéndonos establecer puntos de descanso entre las diversas etapas por medio de portales de teletransporte que nos harán respirar en caso de una más que factible y fatal caída desde las alturas.

Grow Home 2En nuestra ascensión hacia esos límites nunca explorados debemos recoger numerosos cristales que nos ayudarán en nuestra aventura. Estas piedras preciosas están repartidas por todo el mundo de Grow Home y la mayoría de ellas están situadas a mala uva, obligándonos a alcanzar puntos de difícil acceso, ya sea explorando cuevas, sobre islotes flotanes e incluso incrustados en el “techo” de las diversas estructuras por las que nos movemos constantemente. Cuando alcancemos un número determinado de cristales obtendremos habilidades que facilitarán considerablemente nuestra escalada. La primera de estas habilidades permite alejar el zoom de la cámara hasta un punto muy lejano, lo cual nos permite calcular el terreno a la hora de tomar una decisión sobre nuestro siguiente movimiento. La segunda y más útil aún añada un dispositivo de propulsión a la espalda de BUD y nos permite planear varios metros cuando ejecutamos un salto con la intención de cruzar a la siguiente plataforma. El resto de habilidades casi mejor que las vayáis descubriendo vosotros mismos conforme exploréis y encontréis un buen puñado de estos cristales, ¡Con cuidado de no caeros!
No todo iba a ser escalar y, pese a que la mayor parte del desarrollo del juego presenta una verticalidad que asusta, también exploraremos algún que otro entorno horizontal en el que tomar un breve descanso y, como siempre, encontrar unos cuantos cristales. Además, también, el juego nos ofrece secciones de plataformeo en las que debemos superar varias situaciones peliagudas a base de saltos, los cuales hay que medir a la perfección puesto que son estas secciones las que más nos hacen sudar debido a los problemas de control comentados un poco más arriba. Personalmente, me encantan los juegos de plataformas, pero tras mi experiencia con Grow Home he terminado sufriendo pesadillas con esas plataformas flotantes en las que tantas veces he fracasado por culpa de la excesiva inercia e imprecisión del control de BUD.

La belleza de lo imposible

Grow Home 1Valorar el apartado gráfico de Grow Home no es fácil. Técnicamente no estamos ante un título que logre ninguna proeza, de hecho presenta un nivel de detalle gráfico discreto y simplista, aunque resultón. Por suerte, la planta es capaz de hacer milagros y no lo digo porque nos permita alcanzar la estratosfera sino por su imponente aspecto, lo que hace que, visualmente hablando, Grow Home llegue a ser un título bastante atractivo, especialmente después de media hora de juego, cuando veamos las raíces de la planta brotar, formando siluetas imposibles y ofreciendo un mundo cambiante que parece propuesta a crecer sin límite. El simpático aspecto de nuestro amigo y protagonista, la enrevesada y caprichosa forma que irá adoptando la planta y el colorido general del mundo de Grow Home conforman un apartado visual discreto, pero muy agradable y original. En cuando al apartado sonoro del juego, poco, muy poco que comentar. De hecho, el juego prácticamente carece de sonido más allá de los efectos sonoros que BUD emite al saltar, caerse y realizar otras acciones, aparte de algunos efectos ambientales. Tal vez le hubiese sentado bien alguna que otra melodía para aderezar nuestro viaje, aunque no es mentira que ante la inmensidad, la ausancia de banda sonora ofrece cierta sensación de soledad y esa frase hecha que dice “no somos nada” viene como anillo al dedo para definir la experiencia que nos propone Grow Home en el largo y duro viaje que nos disponemos a emprender.
Grow Home no es un juego para todos los públicos y es un título que, pese a todo, se basa en una misma mecánica desde el comienzo hasta el final. La propuesta resulta bastante original y es fácil perder la noción del tiempo mientras calculamos el próximo paso que daremos y admiramos la grandeza de nuestra querida Star Plant, si bien es cierto que alcanzar el objetivo final del juego apenas nos lleva unas tres horas si vamos a tiro hecho hacia la cima. En cambio, si decidimos encontrar y recoger todos los cristales esparcidos por su mundo la duración de prolonga considerablemente, aunque es una pena que más allá de obtener algunas habilidades que no son requeridas para superar el juego, no supongan nada más, por lo que tal vez no sea una tarea que ofreza el atractivo suficiente como para animarnos a explorar cada rincón. A modo de conclusión, Grow Home es un buen juego. Es original y cuenta con una mecánica simple pero adictiva mientras que el crecimiendo constante de la planta y el simpático aspecto que presenta hacen que siempre tengamos ganas de llegar un poco más arriba. Por contra, sigo sin explicarme el tema de los controles de BUD. La mecánica principal y casí única del juego pide a gritos un control preciso y ágil, y no un manejo que hace aguas por culpa de la exagerada inercia y el retardo que adolece a la hora de ejecutar nuestras acciones. Grow Home, pese a estar lejos de ser un desarrollo de grandes proporciones presenta una idea ambiciosa y algunos aspectos muy interesantes, pero sus defectos empañan el resultado final.

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