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Análisis de Owlboy

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Análisis de Owlboy

Una aventura de altos vuelos

¡Llegan los piratas!


 De acuerdo a nuestro código ético, informamos que la copia analizada de Owlboy nos ha sido cedida por D-Pad Studio

A veces tendemos a pensar que los desarrollos independientes suelen ir sobre ruedas, que son relativamente rápidos y que no sufren complicaciones. Que se lo digan a D-Pad Studio; Owlboy lleva nada más y nada menos que nueve años en desarrollo. Es posible que durante estos años su nombre no haya aparecido en muchos sitios y que ahora llegue sin hacer ruido, y es por eso que va a sorprender a muchos gracias a su buen hacer. Una mezcla de géneros cuyo resultado se define con eso que muchos conocemos como metroidvania, con una espectacular dirección artística y un sentido de la verticalidad que se convierte en su principal seña de identidad.

 

Verticalidad

Un diseño de niveles único


Otus no es el típico héroe que arrolla con su personalidad y dispone de un sin fin de habilidades para hacer frente a la mayor de las amenzas. De hecho, se echa a temblar en cuanto siente el peligro y ni siquiera es capaz de atacar a nadie por sí solo. Por suerte, tardamos muy poco en ver hacerse efectivo ese dicho de «quien tiene un amigo, tiene un tesoro». Los piratas sueltan sus anclas en nuestra tranquila aldea y lo hacen con cara de pocos amigos. Sin ser habitual en este tipo de juegos, Owlboy nos cuenta una historia que, sin ser algo atemporal, nos ofrece algunos buenos momentos y en ocasiones derrocha sentido de humor. Eso sí, los diálogos están completamente en inglés.

Como todo metroidvania que se precie, el diseño de niveles es la gran prueba de fuego que toda nueva propuesta debe superar… y Owlboy lo hace con nota. A diferencia de la mayoría de exponentes del género, aquí los saltos no son demasiado relevantes y la exploración es mucho más vertical que de costumbre, algo evidente si tenemos en cuenta que nuestro personaje puede volar. Las mazmorras ganan en profundidad conforme progresamos en ellas y los espacios exteriores están plagados de secretos aunque, generalmente, casi todo el contenido secundario se resumen en encontrar monedas.

Ya sabéis que una imagen vale más que mil palabras y resulta evidente que basta con ver cualquiera de estas para tener claro lo bonito que es Owlboy. Además, si ya de por sí es fácil que entre por los ojos, hay que decir que gana mucho más en movimiento gracias a las nubes flotando en el cielo, el agua cayendo de una cascada o la suavidad con la que nos movemos por el escenario. El hecho de que el juego se ambiente en los cielos da lugar a que veamos estructuras imposibles. Un gran conjunto que no se olvida de homenajear a ese aspecto tan habitual que lucían muchos juegos durante la década de los 90.

Owlboy

Polifacético

Variedad de mecánicas


Como decía un poco más arriba, Otus es un personaje prácticamente indefenso y sus alas son más una vía de escape que una virtud en combate. Nuestros movimientos se limitan a esquivar rodando por el suelo y una especie de giro rápido con el que zafarnos de las garras del enemigo. Por suerte, conforme vamos conociendo a otros personajes y progresamos en nuestro viaje, estos nos serán de mucha ayuda puesto que podemos agarrarlos y hacer uso de sus habilidades. El primero que encontramos porta una pistola de plasma y nos viene como agua de mayo para disparar y superar obstáculos.

Si bien es cierto que la exploración de entornos exteriores no está demasiado inspirada y la mayoría de las recompensas que encontramos son cofres u otros objetos que contienen monedas y más monedas, las mazmorras están muy bien planteadas y elevan considerablemente el conjunto. Todas ellas cuentan con diversos puzles que debemos superar haciendo uso de nuestros amigos y sus habilidades. Además, no es raro llegar al punto en que necesitamos desandar nuestro camino para encontrar un artefacto necesario para abrirnos paso por sus —en ocasiones— intrincados diseños. Ni que decir que en todas y cada una de ellas nos aguarda un jefe final al que debemos estudiar hasta aprender su rutina y detectar su punto débil.

El catálogo de enemigos a los que debemos hacer frente no es demasiado variado ni tampoco destaca por su inspiración. La verdad es que habría estado de más una mayor variedad, así como un punto extra de reto en la mayoría de las ocasiones. Por suerte, los jefes finales solucionan este aspecto de un plumazo. No es que estemos ante un juego demasiado difícil, pero el acertado diseño de las mazmorras, los desafíos que nos proponen sus jefes y la variedad de mecánicas —mención especial al sigilo— dan lugar a una mezcla de lo más gratificante.

Owlboy

 

Conclusión

El género está muy vivo


Da gusto ver que ese estilo que pusieron de moda leyendas vivas como Metroid y Castlevania sigue teniendo cuerda para rato. Los aclamados Axiom Verge y Ori and the Blind Forest son buena muestra de ello y ahora llega un Owlboy que si bien se acoge a una fórmula que todos conocemos, lo hace contando con su propia identidad. La verticalidad del diseño de niveles, una dirección de arte que raya a un gran nivel y la variedad de mecánicas que nos plantea lo hacen sumamente recomendable para todos aquellos que gusten de aventuras de acción y plataformas con altas dosis de exploración. Ha llovido mucho desde 2007, pero ha merecido la pena esperar; D-Pad Studio ha concebido un juego fantástico.

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