Análisis de Party Hard

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Análisis de Party Hard

Un verdadero aguafiestas

Música y sangre


De acuerdo a nuestro código ético, informamos que la copia analizada de Party Hard nos ha sido cedida por tinyBuild.

Ponerse en la piel de un psicópata es algo que se ha intentado varias veces a lo largo de la historia de los videojuegos. Y dejando de lado el mayor o menor éxito de estos títulos en críticas y ventas, siempre han estado envueltos en grandes polémicas. Claros ejemplos de esto son Manhunt o el más reciente Hatred. Juegos más recordados por lo que supusieron que por su jugabilidad —sobre todo el segundo, que sin su faceta brutal hoy en día habría quedado en el olvido—. Pero esos ejemplos tienen algo en común; ambos tienen una calidad gráfica aceptable, lo que les permite ser muy gráficos en lo relacionado con sus fechorías. Aquí es donde entra Party Hard, el título que tenemos entre manos, que aunque hace gala de un aspecto en 8-bit muy simple, permite grandes dosis de violencia. Pero lo realmente bueno es que nadie se va a quejar de ello.

Party Hard puede ser definido como un simulador de psicópata, desde un punto de vista que no se decide por lo isométrico o lo cenital, pero que los mezcla con maestría. Se parece a Hotline Miami, pero se centra en causar caos matando más que eliminar enemigos. El objetivo principal de tu personaje es matar; nuestro hombre va de fiesta en fiesta y tiene que asesinar a todo el mundo —en el DLC High Crimes esto cambia, como ya explicaré más adelante—, usando trampas y ciertos elementos del escenario, pero la mayor parte del tiempo confiando en su afilado cuchillo. El juego nos presenta al hombre al comienzo de la historia como un pobre vecino que no puede dormir y desea vengarse, pero las cosas se le van de las manos rápidamente. Además de a ese hombre, podremos manejar otros personajes, desbloqueándolos previamente. Un detalle que puede enamorar a más de uno es la aparición de easter eggs por muchos de los mapas, en forma de personajes o de situaciones; no desvelaré nada pero son curiosas como poco.

1- Party Hard

Las mecánicas del título son interesantes, y sobre todo, novedosas. En la fiesta podremos envenenar la comida, empujar a gente para que se despeñe, tirarlos a barriles con fuego, usar granadas de humo para ocultarnos, y muchas más cosas. Lo fundamental es que no nos vean hacerlo, ya que si no la policía acudirá a la fiesta para detenernos —aunque otra de las mecánicas nos permite evadir a los agentes si somos lo suficientemente listos—. Es interesante como al principio de cada nivel parece imposible llegar al objetivo, y como con cada intento vemos las cosas cada vez más claras. Sin embargo, el mayor problema del título es lo repetitivo que resulta después de jugar varios niveles; en todos hay que hacer lo mismo, y aunque el número de trampas a usar es muy variado, se repiten en la mayoría de niveles. Al morir hay que empezar el nivel desde el principio, así que esta reiteración lastra la experiencia de una forma muy pronunciada.

Pero afortunadamente esto se ve solucionado con el DLC High Crimes. Con cuatro nuevos niveles, los desarrolladores han tomado nota de la repetitividad del título base, y se han puesto las pilas para arreglarlo. En alguna de las misiones hay que matar a una persona en concreto, en otra hay que pasar desapercibido gran parte del nivel, a veces hay que conseguir cierto objeto para poder avanzar, e incluso nos enfrentaremos a un jefe final. Nuevas mecánicas, enemigos, objetos y más que añaden un soplo de aire fresco muy necesario, y totalmente acertado. Si acaso, su corta duración juega en su contra, y un título completo con las ideas de este DLC pero multiplicadas en calidad y duración sería un acierto total. Pero lo que hay es totalmente disfrutable, y es lo realmente memorable del juego.

3- Party Hard

Gráficamente es un título en 8-bit muy resultón, confía en mostrar sangre en su justa medida cuando se apuñala, pero en grandes cantidades cuando alguien es atropellado. Busca un equilibrio que consigue. Otros sprites son también muy efectistas, como el de echar a alguien al fuego, que puede incluso dejar mal cuerpo. A veces es complicado saber dónde se encuentra el personaje principal, porque los mapas son estáticos y hay más de cuarenta  personas en pantalla. La música electrónica tenía que estar presente en un juego donde las fiestas son una constante, y Party Hard cumple con esto sobradamente. Cada uno de los niveles tiene dos temas distintos, y ayudan a no caer en la monotonía rápidamente. Lo normal hubiera sido tres o cuatro canciones, pero la banda sonora original tiene más de diez temas distintos, de una calidad realmente notable. El DLC, por su parte, solo trae una canción por cada nuevo capítulo, pero el cambio de estilo respecto al juego base es tan marcado que se perdona.

En conclusión, Party Hard es un producto con unas mecánicas diferentes y novedosas, que puede ser considerado divertido las primeras horas, pero que peca de reincidir una y otra vez sobre las mismas mecánicas, aburriendo y eliminando la rejugabilidad. Sin embargo, ha ocurrido un milagro; los desarrolladores han escuchado a los usuarios, y se han dado cuenta de sus fallos. Aquí aparece en escena el DLC, y da gusto jugarlo, tanto que parece una experiencia totalmente nueva. Es totalmente recomendable hacerse con todo, como si se tratara de un título completo. Que los desarrolladores se interesen por lo que dicen los clientes es algo inaudito, y debería premiarse con más ventas.

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