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Análisis de Punch Club

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Análisis de Punch Club

Puños y patadas a buen ritmo

Punch Club, un simulador de mamporros.


Mientras se lee este análisis, recomiendo encarecidamente buscar y escuchar «Eye of the Tiger»; es casi fundamental para marcar el tono de la lectura, y le dará ese matiz épico que le hace falta a un juego de este calibre. Punch Club, antes que juego, es un gran homenaje a todas aquellas películas en las que los personajes se enfrentan a un rival que parece imposible, pero donde el entrenamiento hace milagros. Es una oda a «Karate Kid», «Rocky» y demás films del estilo, lleno de guiños hacia estos largometrajes, y a otros muchos en los que las peleas son el pan de cada día. Esto significa que si no disfrutáis con el género, es muy posible que el juego no os diga nada, pero si os deleitáis con los mamporros televisivos, os invito a seguir leyendo.

Punch Club es un simulador de luchador, donde nuestro personaje tendrá que intercalar entre su vida diaria y su carrera como luchador. Esto significa que además de entrenar y luchar, debemos trabajar, hacer amigos, ver la tele y otras actividades mundanas. El objetivo del juego es conseguir un equilibrio entre todas esas actividades, y a la vez ir aumentando nuestras tres estadísticas principales. Pero encontrar ese equilibrio no es nada fácil, y muchas veces tendremos que elegir entre las muchas actividades sin poder hacerlo todo.

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Como ya he dicho, hay tres características principales: Fuerza, Agilidad y Resistencia. Subirlas todas a la vez es una tarea imposible, así que lo primero que debemos elegir es en que nos queremos especializar. Esto añade mucha profundidad al juego, y nos permite convertirnos en karateka, boxeador o tanque —persona que no es buena luchando, pero que posee una resistencia sobrehumana—. Las variadas máquinas de entrenamiento permiten subir algunas cosas más que otras y tendremos que ser inteligentes para elegir lo que nos venga mejor en el poco tiempo disponible. El juego dispone de un sistema para indicar que pierdes y ganas al entrenar, mediante unas burbujas que van del personaje al menú. Muy visual y claro. Además, cuando combatimos —ya sea en serio o en el gimnasio— se van ganando puntos de experiencia, que iremos repartiendo en un gran árbol de habilidades. Dependiendo de nuestra especialización es recomendable subir unos puntos u otros.

Pero para poder entrenar debemos cumplir una serie de requisitos. Como si de un Sim se tratara, debemos cuidar a nuestro personaje; esto significa darle de comer, mantenerlo contento, que duerma lo suficiente. El juego trae incluso una serie de barritas, como el antes nombrado. Si nuestro personaje no está contento, entrenará peor, y si no ha comido o dormido, se negará a hacerlo por completo. La gracia está en buscar el equilibrio entre todas las actividades, y hay veces que no será nada fácil conseguirlo, sobre todo a niveles altos.

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El combate es una de las partes más importantes del título, lo suficientemente sencillo de entender pero muy complicado de dominar. A pesar de ser automático, hay que configurar ciertas cosas antes de cada combate. El jugador tiene que activar los ataques que considera necesarios para ese combate; a veces debemos activar el contraataque, otras veces una patada que es útil contra enemigos que esquivan en vez de bloquear, y así con todo. Dado que cada combate se divide en diferentes asaltos, podremos comprobar si nuestra estrategia es buena; si no lo es, podremos cambiarla. Los enemigos no varían su estrategia, y aunque esto resta dificultad, el juego va bien servido de ella en los combates finales.

Todo lo dicho hasta ahora solamente hace del juego una buena base, algo sobre lo que construir una historia. Y ahí radica la grandeza de Punch Club, en su variedad. Cuando parece que el juego ha caído en la monotonía, algún suceso te sorprende; y es que hay de todo. Una trama donde el protagonista es un héroe, llena de sorpresas y giros de guion, una historia contra la mafia, un viaje a otro país… podría seguir enumerando cosas, pero la conclusión es que la posible monotonía queda eclipsada por todas las situaciones que se ven a lo largo del título. El humor está muy presente en la mayoría de escenas, aunque también hay dosis de drama; pero sobre todo, lo que veremos en la historia serán clichés, de todo tipo y condición.

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Todo esto, que no es poco, viene acompañado de un estilo visual basado en el pixel-art, muy cuidado y detallado. Las animaciones del personaje al entrenar o combatir están muy trabajadas, y la paleta de colores vivos ayuda al conjunto. También hay un efecto retro para pixelar aún más los gráficos, para los más nostálgicos. La banda sonora original, muy cañera y que hace homenaje a todas aquellas películas anteriormente mencionadas, es un acompañante perfecto. Después de casi veinte horas de juego, la canción principal se me ha quedado grabada, y no creo que se vaya nunca de ahí.

En conclusión, Punch Club es un juego que gustará a aquellos a los que les gusten los simuladores estilo The Sims, a los que les guste una historia variada y llena de sorpresas —y clichés— o a aquellos aficionados del cine de peleas. Si te gusta más de uno de estos aspectos, es más que probable que el título te llegue a gustar. Y si os engancha, seguramente no podréis dejarlo hasta que lo terminéis. Lo digo porque lo he sufrido en mis propias carnes.

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