Divinity: Original Sin

Divinity: Original Sin

Divinity: Original Sin es, sin duda alguna, uno de los títulos más completos del año, gracias a su enorme duración, jugabilidad y banda sonora. Es increíble pensar cómo un juego que ha sido financiado por Kickstarter y ayudado en el desarrollo por los mismos fundadores se haya convertido en un imprescindible.

Divinity siempre ha sido, para mí, una saga que se ha dedicado a probar distintos géneros. Desde sus inicios con el excelente Divine Divinity y el pasable Beyond Divinity en 2004, ambos títulos dentro del género hack n’ slash que popularizó Blizzard con su título estrella Diablo. Cinco años después, la auténtica secuela del juego original apareció con el nombre Divinity II: Eco Dragonis, tomando un enfoque en tercera persona, similar al de otros títulos como Risen u Oblivion y que nos daba la oportunidad de poder transformarnos en dragón, un gran reclamo que se quedó en agua de borrajas pero que, sin embargo, nos daba un título realmente entretenido. Finalmente, en 2013, llegó a nuestras pantallas Divinity: Dragon Commander, una nueva vuelta de tuerca en el que se mezclaban elementos de juegos de rol, estrategia y acción, manejando directamente a un dragón para poder conseguir nuestro objetivo.

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Escena de Divinity: Dragon Commander (Larian Studios, 2013)

Larian Studios, padres de Divinity, siempre había querido hacer un juego de rol por turnos, pero no recibían el permiso de su publicador, así que, a través de kickstarter, decidieron lanzar una campaña para recaudar dinero para poder desarrollar la precuela llamada Original Sin. Consiguiendo más de 1 millón de dólares, Larian Studios tenían la gran misión de lanzar al mercado un título que estuviese al nivel de lo que sus fundadores deseaban. Para ello, no dudaron en preguntarles qué deseaban ver dentro del juego, siempre que no se alejara del estilo de juego que querían. Finalmente, el 30 de junio salió al mercado pero, ¿consiguió Larian Studios estar a la altura de las circunstancias?

Divinity: Original Sin nos pone en la piel de dos personajes —un hombre y una mujer que podremos personalizar a nuestro antojo— conocidos como Source Hunters, miembros de una organización dedicada a erradicar una peligrosa magia conocida como Source y sus adeptos, los Sourcerers. Nuestros personajes reciben la orden de investigar el asesinato del regidor de Cyseal, supuestamente muerto a manos de un Sourcerer. Tras su llegada, ven la ciudad sitiada por orcos y no muertos y descubren que todo ha sido parte de una conspiración de Soucerers unida a los Inmaculados, un culto establecido en el bosque de Luculla. Nuestra misión consistirá en parar el culto y acabar con los sacrificios llevados a cabo por los Inmaculados, descubriendo en su aventura la verdad sobre la Bruja Blanca y el destino de los Source Hunters.

El argumento no es nada del otro mundo y, la verdad, está un poco por debajo del nivel al que estamos acostumbrados en el género, pero un par de giros de guión lo salvan y el humor que destila el juego en cada una de sus conversaciones, ya sea entre nuestros personajes o con los numerosos NPCs —¡e incluso animales!—que encontremos por el camino.

Jugablemente es donde Divinity: Original Sin brilla con luz propia. Mucho hay que decir al respecto y la mejor palabra que lo puede definir es espectacular. Nos moveremos libremente por el escenario, haciendo click a donde queramos ir. Podemos interactuar con otros personajes para hablar con ellos y descubrir rumores o avanzar en las numerosas misiones que tendremos a nuestra disposición o también para poder comercial con ellos, ya que todos disponen de objetos que vendernos.

Pantalla de personalización de Divinity: Original Sin
Pantalla de personalización de personajes de Divinity: Original Sin

Cuando veamos a algún enemigo o ellos nos vean a nosotros, disputaremos el combate que se resolverá en un sistema por turnos y puntos de acción, algo muy similar a lo que vimos en el reciente XCOM: Enemy Unknown de Firaxis. Nuestro grupo estará compuesto por hasta 4 personajes, cada uno de ellos con sus propias habilidades según su clase —elegiremos la clase de nuestros dos protagonistas de una lista de 11 diferentes, especializada en una rama distinta, mientras que los personajes que reclutamos en nuestra aventura ya tienen una definida— que podremos usar para combatir. Todo lo que hagamos durante el combate consumirá puntos de acción, ya sea movernos, atacar o usar habilidades. Pero Divinity: Original Sin tiene algo muy importante y es la increíble interacción con el entorno. Tanto nosotros como los enemigos usarán objetos que haya en la zona de combate para favorecer o molestar, especialmente, lo segundo. Bidones de veneno, aceite y agua serán todo un recurrente en los distintos combates, que harán que un área sea impracticable para los personajes, ya que envenenarnos o quemarnos pueden diezmar nuestras fuerzas a una velocidad increíble. Los barriles de aceite, al explotar, pueden causar quemaduras, aunque para evitarlo, podremos invocar zonas de lluvia para apagar los fuegos perjudiciales para la salud de nuestros personajes.

Por si esto fuera poco, algunos de los personajes como, por ejemplo, Jahan —uno de los primeros personajes que podemos reclutar— tienen un hechizo de transportación, consiguiendo poder mover a nuestro antojo y dentro de un área, a objetos o enemigos para mejorar nuestra situación en combate. Es decir, si el equipo enemigo tiene un mago que nos está molestando a distancia o se dedica a curar o resucitar a uno de sus compañeros, podemos transportarlo en mitad de nuestros personajes para que reciba una buena dosis de jarabe de palo. Las posibilidades son ilimitadas para poder hacer lo que queramos para llevar a buen fin los numerosos combates que disputaremos.

La interacción con el entorno es uno de los puntos fuertes de Divinity: Original Sin
La interacción con el entorno es uno de los puntos fuertes de Divinity: Original Sin

Al derrotar a los enemigos, cumplir misiones o explorar el territorio iremos consiguiendo puntos de experiencia que servirán para subir de nivel. Al subir, obtendremos distintos puntos que usaremos para aumentar los atributos básicos como Fuerza o Inteligencia, o las habilidades de los personajes como su maestría en armas de una o dos manos, o en distintas ramas de hechicería. Una de las maravillas del juego es que la sensación de subir de nivel se nota. Es algo que parece una tontería, pero no se siente en la gran mayoría de juegos de rol actuales, excepto en Deus Ex: Human Revolution, donde las mejoras se notaban y te hacían sentir más poderoso a medida que avanzaba la historia. En Divinity: Original Sin pasa algo semejante ya que según vamos explorando el territorio cercano a Cyseal, nos encontraremos con enemigos que nos superan tanto en nivel como en número. Buscando enemigos más asequibles y realizando las primeras misiones que no requieren que salgamos de la ciudad, subiremos un par de niveles y estaremos listos para enfrentarnos a aquellos que nos derrotaban fácilmente. Sin embargo, no sólo importa el poder que nos da subir un nuevo nivel, también tendremos que pensar en la mejor táctica para acabar el combate.

Divinity: Original Sin nos da la posibilidad de poder jugar la aventura completamente en solitario o, si decidimos abrir la partida al público, acompañados por otra persona, ya sea amigo o desconocido, y cada uno manejaremos a uno de los protagonistas. También hará que los diálogos que tengan entre ellos sean más interesantes, ya que la otra persona podrá elegir una respuesta completamente distinta y tengamos que decidir cuál será la decisión dominante en un juego de piedra-papel-tijera muy curioso, en el que también se tendrá en cuenta el modificador de Carisma, Liderazgo… u otra según el tipo de decisión que hayamos tomado.

Escena de Divinity: Original Sin
Escena de Divinity: Original Sin

Gráficamente, nos encontramos un título en perspectiva cenital pero lleno de detalles. Los personajes están muy bien detallados, son fácilmente reconocibles y su aspecto irá cambiando a medida que les vayamos equipando nuevos objetos. Existen diferentes lugares que podremos explorar, diferentes hogares, alcantarillas, cuevas, bosques y dos de los más impresionantes, el reino de las hadas y el Fin del Tiempo —lugar que sirve de base para nuestros personajes—. No sólo nos quedamos en escenarios bellos, los efectos de hechizos y ataques son muy variados y de una calidad al nivel del título.

Los distintos hechizos tienen un efecto según la rama a la que pertenezcan, haciendo que los escenarios se iluminen según vaya moviéndose. Otros efectos, como el fuego o la lluvia, no solo tendrán un efecto visual sino también en los estados de los personajes.

Sin embargo, el motor gráfico se resiente en ocasiones cuando hay una gran cantidad de personajes en acción o efectos gráficos, como la climatología de la zona en la que nos encontremos o el cambio día/noche. De todas maneras, estas ralentizaciones no son precisamente numerosas ni muy escandalosas y, gracias a la naturaleza de los combates, no afectará a la hora de combatir.

La banda sonora del juego, realizada por Kirill Prokovsky —compositor habitual de toda la saga Divinity—, es una maravilla. Desde la que nos acompaña en el título del juego, llamada Original Sin, hasta cada una de las que escucharemos en la aventura son un complemento ideal a la acción. Los violines están presentes en prácticamente la totalidad de la banda sonora y algunos coros se unen para los momentos más importantes de la historia. Sin duda, Divinity: Original Sin tiene una de esas composiciones musicales que se pueden recomendar incluso a aquellos que no vayan a jugarlo o no sean jugones y que, seguramente, podrán disfrutar de cada una de sus piezas. Los efectos de sonido, por otra parte, cumplen con su cometido sin más, pero consiguen que el mundo sea un lugar mucho más vivo, especialmente a la hora de combatir.

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Escena de Divinity: Original Sin

Las voces de los personajes son en la mayor parte acierto y error. Las voces de los protagonistas son muy buenas, y es un placer escucharlos hablar entre ellos y, muchas veces, discutir por tonterías y por las decisiones que hayamos tomado en algunas conversaciones o eventos de la historia. Los demás personajes, en especial, los compañeros de nuestro viaje mantienen una calidad semejante a la de los protagonistas, pero los distintos NPCs suelen sonar, en muchas ocasiones, forzados, como la guardia que busca la pimienta —aquellos que hayan jugado sabrán a quién me refiero y los que todavía no lo hayáis probado, lo descubriréis, no os preocupéis—.

En conclusión, Divinity: Original Sin es un juego absolutamente genial. Es un juego difícil, que nos pondrá a trabajar nuestras neuronas para poder avanzar en la historia; es increíblemente largo, teniendo una aventura a nuestra disposición muy amplia y un montón de misiones secundarias que explorar y, lo mejor de todo, es un juego excepcional como de los que ya no quedan. Original Sin es un genial retorno a la esencia que hizo grande al género. Tiene sus pequeños fallos gráficos, pero estamos ante un título al que se le puede perdonar todo, porque las horas que nos mantendrá enganchados a él son incontables. Desde el 30 de junio podéis adquirir el título desde Steam, pero Meridiem Games, distribuidora española, nos traerá el título en formato físico más adelante, una noticia estupenda para aquellos que prefieran más tocar una caja que el formato digital.

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