Heavy Bullets

Heavy Bullets

Jugar, avanzar y morir. Volver a empezar, conseguir llegar un poco más lejos y volver a morir. No, no es Dark Souls. Es uno de los últimos rogue-like con más gancho.

El rogue-like es un género muy amplio que vio su nacimiento en 1980 con el título Rogue y que tenía unas características muy determinadas que se mantendrían casi intactas hasta el día de hoy, entre ellas, la aleatoriedad de los niveles. Manteniendo la premisa de que cada partida es distinta, muchos títulos han seguido la estela creada por el padre de este género y que, casi como ocurrió con el género de los dungeon crawlers  vivió una época de decadencia y resurgimiento a partir de finales del siglo pasado con juegos como el primer Diablo (Blizzard Entertainment, 1996) siguiendo el concepto de mazmorras diferentes cada vez que iniciáramos una nueva partida; pero especialmente en el mercado oriental, donde las desarrolladoras más importantes de JRPGs como Enix, Square y Chunsoft, comenzaron a dar sus primeros pasos en el género creando sagas que se mantendrían hasta el día de hoy.

No fue hasta 2006 cuando apareció el nuevo boom del género con Dwarf Fortress y la subsecuente llegada de otros títulos como The Binding of Isaac, Dungeons of Dredmor o FTL: Faster Than Light, cada uno de ellos con sus propias premisas, situados en ambientaciones diferentes y con sus articulares sistemas de combate y exploración. Tras estos títulos, todos ellos de una notable calidad, poco se podía hacer para innovar un género que de nuevo parecía estar estancado. Pero de la nada, apareció Heavy Bullets, un rogue-like con una base muy interesante y una dificultad que puede provocar úlceras.

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Parecen pequeñas, pero estas serpientes pueden transformar una partida perfecta en una derrota en segundos.

Heavy Bullets nos pone en la piel de un trabajador de HIGHRISE HUNTING GROUNDS, una compañía cuyosistema de seguridad se ha vuelto completamente loco y ha decidido por su propia cuenta disparar a los consumidores en vez de a los monstruos, que ahora campan a sus anchas por los pasillos del edificio. Nuestro deber como trabajador es conseguir bajar al octavo nivel para poder reiniciar manualmente el sistema. Tarea que si conseguimos completar nos dará la maravillosa cantidad de 5000 dólares. No estaría nada mal este trabajito, si no fuese porque en nuestro camino nos encontraremos un inmenso número de enemigos con una sola meta: matarnos.

Lo primero que vemos al entrar en el juego es su característica paleta de colores que recuerda más a juegos como Hotline Miami (Dennaton Games, 2012) que a los otros mencionados anteriormente. Como podéis ver en las imágenes, Heavy Bullets no escatima en el uso de colores realmente chillones, como se observa en la casi omnipresencia del rosa y el negro para la gran mayoría de enemigos. De nuestro personaje, sólo podremos ver el fiel revólver que nos acompañará durante todo el juego, y durante las muchas veces que intentemos llegar hasta el último nivel. Durante nuestro viaje, nos encontraremos a distintos enemigos divididos en dos tipos: sistema de seguridad y monstruos. Del primer tipo tendremos torretas que se activarán en el momento en el que las veamos y nos dispararán hasta que acaben con nosotros o podamos dispararles a la pequeña caja que tienen al lado. Aunque no sólo nos dispararán, sino que también podremos enfrentarnos a morteros, mucho más peligrosos que las torretas normales debido al rango de explosión. También existen monstruos de varios tipos, aunque muchos de ellos son versiones del primero que nos encontramos, los duendes, un pequeño bicho –bastante mono, todo hay que decirlo- que se lanzará a nosotros en cuanto nos vea. Otras variantes de los duendes son los voladores o las arañas, que usarán sus patas para defenderse de nuestros disparos. Escondidos entre la maleza, pueden existir serpientes que tendremos que detectar de antemano si no queremos ser mordidos y probablemente envenenados, así como pequeños monstruos con forma de bolas que correrán hacia nosotros a una velocidad endiablada para explotar y quitarnos una considerable cantidad de vida.

Estos monstruitos tan monos no durarán en lanzarse hacia nosotros en cuanto nos vean.
Estos monstruitos tan monos no durarán en lanzarse hacia nosotros en cuanto nos vean.

Quizá os preguntaréis, ¿qué es lo que hace a Heavy Bullets especial y diferente de los demás rogue-likes? En primer lugar, tenemos ante nosotros un shooter en primera persona, alejado de la habitual vista cenital de otros títulos del género. En segundo lugar, nuestra única arma principal durante todo el juego será el revólver, y lo más importante, nuestras 6 balas. El lema del juego es “cada bala cuenta” y vaya si es cierto. Demos o no a nuestro objetivo, el proyectil que hayamos usado se quedará en el escenario con lo cual, tendremos que recogerlo para poder seguir disparando, así como no olvidarnos nunca de recargar nuestra arma, acción que a mí más de una vez se me ha olvidado y ha traído consecuencias funestas.

También tendremos a nuestra disposición bombas y una limitada cantidad de sub-armas como minas, misiles e incluso una espada, pero que debido a la estrechez de la mayoría del área de la compañía –excepto en las salas más grandes donde habitan muchos enemigos que tendremos que derrotar con nuestros reflejos- pueden resultar un peligro para nuestra salud. No sólo existen sub-armas que podremos colocar en nuestro espacio libre, también pociones para curarnos vida o el veneno de las serpientes, un casco con pinchos que devolverá daño a enemigos que nos peguen de cerca o incluso la última voluntad.

Este objeto es otro de los motivos por los que Heavy Bullets se diferencia del resto de juegos del género. En nuestra cruzada por la compañía encontraremos distintas máquinas expendedoras: una de ellas será una farmacia, donde podremos curarnos, comprar pociones y aumentar nuestro máximo de vida que se sitúa en tres corazones; una armería, donde podremos adquirir sub-armas, más balas para nuestro revólver o mochilas para aumentar el tamaño del inventario; y finalmente, un banco, donde podremos guardar el dinero que hayamos obtenido al aniquilar monstruos, y vender aquello que obtengamos a lo largo de nuestro viaje y comprar objetos especiales. Estas compras son, básicamente, seguros de vida y últimas voluntades, que harán el juego “más fácil” la siguiente vez que lo comencemos, ya que mantendremos el dinero que hayamos conseguido, así como las balas, bombas y llaves extra.

Del sonido poco se puede decir ya que tenemos a un juego que gana en lo silencioso que resulta en su mayor parte. En pocas ocasiones escucharemos alguna de las melodías de fondo, que casan perfectamente con el frenetismo de la acción y la dirección artística del juego, pero sí tendremos que lidiar con los ruidos que hagan los enemigos con los que nos crucemos que nos mantendrán en tensión tras cada esquina, sin saber por dónde nos van a atacar o disparar.

Heavy Bullets es un juego que, a pesar de todas sus bondades, no es recomendable para los que no sean fans de este peculiar género. Su dificultad puede resultar bastante elevada y su mecánica no permite al jugador fallar demasiado con los disparos. Aparte de eso, algunos bugs que espero que sean corregidos en futuros parches –como el hecho de que los monstruos nos puedan ver a través de las paredes o que los disparos de las torretas nos lleguen a hacer daño cuando estamos ocultos- hacen que la experiencia quede ligeramente dañada. De todas maneras, por 7’49€ tenéis a vuestra disposición un título que os costará terminar y que os resultará muy divertido.

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Las torretas son uno de nuestros peores enemigos debido a su letal puntería.

Una segunda opinión por Fernando Porta Bartolomé

Si Dark Souls os pareció difícil, esperad a ver la pesadilla psicodélica que Terri Vellmann se ha sacado de la manga para Heavy Bullets. Una paleta de colores que invita al desasosiego nos abre las puertas de un roguelike en primera persona con permadeath. Aquí, todo paso cuenta. La ambientación que ha conseguido Vellmann nos produce una mezcla entre la necesidad de ir cuanto más rápido mejor y pensar cada avance muy detenidamente. Doblar una esquina y encontrarnos una torreta de frente que terminará con nosotros rápidamente no es raro.  Pero el elemento que hace que Heavy Bullets brille con luz propia es la utilización de las balas: limitadas a 6 aunque es posible comprar más, es necesario recogerlas por el escenario y saber no fallar ningún tiro si no queremos que nuestros huesos adornen el oscuro laberinto en el que nos internamos. Gestión de recursos a la survival horror.

En definitiva, Heavy Bullets no es apto para impacientes. Su ritmo, su injusticia (el veneno de las serpientes puede fastidiar una partida perfecta) y su dificultad no gustarán a los amantes del shooter facilón. No os dejéis engañar por la aparente simpleza de su apartado gráfico. La solidez de sus mecánicas os tendrán enganchados durante un buen tiempo. ¡Larga vida al indie!

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