Out Run – Las claves de la adicción

En 1986 apareció por primera vez en salas recreativas uno de los arcades más recordados de Yu Suzuki. Estamos hablando de Out Run (Sega, 1986). Por aquel entonces Yu Suzuki llevaba tres años trabajando como programador en Sega Japón y ya se había granjeado cierto prestigio tras dar vida a otros dos arcades largamente recordados: Space Harrier (Sega, 1985) y Hang On (Sega, 1985). Pero el juego que nos ocupa, con su Ferrari Testarrosa rojo, logró cautivarnos a todos y permanecer vivo en los arcades durante más años que ninguno de ellos, y en muchas ocasiones sin tan siquiera estar relegado a un rincón, sino ocupando lugares preferentes a pesar de sus gráficos desfasados en el año 2000. Entre tanto, dio lugar a diversas secuelas y adaptaciones.

Quizá algunas de las mejores para consola sean la adaptación homónima para Mega Drive del año 1991, o la adaptación de la secuela no oficial para salas recreativas, Turbo Out Run (Sega, 1989). Más recientemente hemos podido disfrutar de actualizaciones de la saga con la única secuela oficial, OutRun 2 (Sega, 2003) para Xbox y OutRun Coast2Coast (Sega, 2006) para Xbox y PS2. Ambos recibieron buenas puntuaciones en la prensa especializada sin llegar a destacar especialmente, quizá evidenciando que los tiempos ya no son propicios para esta clase de arcades, pero ayudando en cualquier caso a perpetuar la leyenda de las versiones clásicas.

Si nos paramos a mirar hacia atrás, no queda más remedio que admitir que había algo en ese primer juego que seducía y enganchaba a cuantos lo probaban. ¿Qué tal si nos paramos un momento a desentrañar su secreto?

Los avances

Out Run – Las claves de la adicción 01En su día Yu Suzuki introdujo el bilinear paralax scrolling como novedad en el desarrollo de OutRun. Consistía en la simulación de un mundo 3D mediante el escalado de los sprites y la aplicación de varias capas en el renderizado asociadas a la distancia. De este modo consiguió simular la tercera dimensión de una forma muy convincente para la época. Este avance, unido a la repetición de patrones, proporcionaba una sensación de velocidad pocas veces lograda por los juegos de la época. Es decir, en su día, Out Run resultaba realmente espectacular gráficamente para todo el que lo probara. Y otra particularidad, el juego que nos ocupa fue el primer arcade que permitía a los jugadores elegir la música que querían escuchar de entre una pequeña selección de canciones de distintos estilos.

En realidad, Out Run aúna todas las obsesiones presentes a lo largo de la trayectoria de Yu Suzuki: La innovación tecnológica, no en vano estamos hablando del creador de la saga Virtua Fighter; la música, de gran importancia en todas sus obras como un elemento personalizable; y Ferrari. No debemos olvidar que Yu Suzuki firmó su particular homenaje a la marca del cavallino rampante con Ferrari F355 Challenge (Dreamcast, 2000).

Pero ningunas de estas ideas o avances, a pesar de ayudar a encumbrar el juego en su día a la categoría de obra maestra, habrían logrado convertir Out Run en la leyenda que es por sí solas. En realidad, si nos paramos a pensar qué es lo que hizo que Out Run se convirtiera en máquina imprescindible de los salones recreativos de todo el planeta, el ingrediente fundamental es la jugabilidad, y en concreto, la adicción que generaba.

¿A qué jugábamos?

En Out Run debíamos superar cinco etapas para concluir el juego. Además, al final de cada etapa la ruta se dividía en dos, lo que daba lugar a lo que en aquel entonces parecían una infinidad de combinaciones distintas. Al final de cada etapa se alcanzaba un checkpoint en el que se sumaban segundos a nuestro contador, permitiéndonos prolongar el tiempo de juego para así afrontar la siguiente etapa. En total podíamos desbloquear cinco finales distintos, la mayor parte de ellos con bastante sentido del humor. Y básicamente eso era todo. Premisas sencillas y jugabilidad directa. Entonces, ¿dónde estaba el secreto?

Las claves de la adicción

1. El control.

En primer lugar el control. Incluso hoy en día, después de haber jugado a títulos mucho más avanzados, sigue pareciendo rápido y preciso. Obviamente, se trataba de un juego arcade, cuyo manejo en nada recordaba al de un coche de verdad. No podemos hablar de inercia, de peso del coche, ni de derrapes realistas. Pero una vez jugada una partida cualquiera se adapta a él, a la inmediatez de la respuesta y la precisión de la misma. En definitiva, aquí está la primera clave. Aunque el juego es endiabladamente difícil, el jugador nunca puede culpar a la máquina de sus fracasos, ya que el control responde a la perfección. Ante esta primera premisa, el jugador tiene la certeza de que, si enmienda el último error, tendrá una oportunidad de mejorar en la siguiente partida.

2. Curva de dificultad.

Ésta es una cuestión fundamental. No se trata sólo de que el jugador pueda mejorar si se lo propone, sino de que claramente perciba que puede hacerlo. La curva de dificultad en Out Run está regulada en gran parte por el tiempo. Al final, para mejorar el jugador no tiene más remedio que aprender de memoria el trazado de los circuitos, los obstáculos que se presentan y automatizar las mejores respuestas ante los mismos. Pero de nuevo, la pelota está en el campo del jugador. En el diseño de videojuegos hay una máxima: Cada error debe servir al jugador para aprender algo que aplicar en el siguiente intento. Así se refuerza la conducta – muy conveniente para un arcade – de volver a intentarlo, con la esperanza de enmendar el error que nos hizo fracasar en la última ocasión.

Out Run – Las claves de la adicción 02En Out Run el jugador tiene la posibilidad de hacer la carrera perfecta con sólo memorizar las respuestas que tiene que dar en cada momento. Pero claro, para poder aprender estas respuestas tiene que llegar previamente al lugar en el que se presenta la nuva dificultad, pisar terreno desconocido. Al final, se trata de un proceso iterativo en el que el jugador puede llegar cada vez un poco más lejos con el tiempo dado gracias a lo aprendido en la partida anterior. Y no nos engañemos, el sentimiento de superación y de aprendizaje resulta especialmente atractivo para el ser humano y es por ello muy explotado en videojuegos. Pero la dificultad en Out Run no está controlada sólo por el tiempo. El ancho de la carretera es también una variable fundamental que se une a las dificultades planteadas por el trazado. Mientras que en Coconut Beach, la primera de las zonas que debemos atravesar, la carretera ocupa prácticamente toda la pantalla con más de cinco carriles para permitir que nos familiaricemos con los controles, en la siguientes pantallas la calzada se va estrechando, a veces de manera imperceptible y otras de forma evidente, obligando al jugador a ser mucho más preciso en la conducción y certero en sus decisiones si no quiere acabar en la cuneta.

3. Equilibrado

OutRun está convenientemente equilibrado para ofrecer un reto constante. La primera etapa es relativamente fácil de completar con el tiempo ofrecido en primera instancia, que es la dosis mínima para que el jugador pueda familiarizarse con el control y engancharse al reto propuesto. A partir de ese momento cada nueva etapa es un reto en el que cada segundo cuenta y cualquier error se paga con el game over. En realidad, se trata de un equilibrado muy bien realizado que está perfectamente ajustado para exigir al jugador la perfección si quiere completar la partida llegando hasta el final.

4. Rejugabilidad

Todo lo que hemos mencionado ya estaría bien de por sí, pero dejaría huérfano al jugador que logra superar el juego. Conseguido el reto y aprendidas las pautas a seguir, es cada vez más fácil repetirlo para el jugado experto si está realmente concentrado en hacerlo. Pero aquí es precisamente donde llegan las bifurcaciones de caminos que hemos mencionado anteriormente. Una vez completada una de las rutas, al jugador le quedan como mínimo cuatro finales más que desbloquear, en todos los cuales al menos una parte del camino será completamente nueva. Las posibilidades entonces se multiplican, permitiendo que el juego siga vigente incluso para los que ya lo dominan. Pero no se trata sólo de esto.

En Out Run podemos cruzarnos con hasta cinco modelos de vehículos además del nuestro – Volkswagen Beetle, Chevrolet Corvette, Porsche 911, BMW 325 y camión – que se encargarán de dificultar nuestro avance obligándonos a adelantarlos. Y debo admitir que en estos últimos días en los que lo he rejugado intensivamente para preparar este artículo no pude evitar esbozar una sonrisa al redescubrir un pequeño detalle: Me sorprendió gratamente redescubrir que no siempre los encontramos en los mismos lugares ni con la misma frecuencia. A principios de los 80, cuando estábamos acostumbrados a enemigos de patrones fijos en prácticamente todos los géneros, este componente de aleatoriedad aportaba una dosis extra de realismo y emoción y resultaba sorprendente.

5. Ego

Out Run – Las claves de la adicción 03Por último, es más que probable que este factor no parezca tan importante hoy en día para el juego que nos ocupa. Pero en aquel entonces, Out Run permitía a los jugadores soñar con conducir un Ferrari Testarrosa descapotable con una rubia despampanante al lado. Quizá hoy nadie pueda sentir ese deseo realizado con el nivel gráfico ofrecido por un juego que cuenta con más 20 años. Pero en aquel entonces se trataba de un aliciente más que alimentaba el ego de los chavales que por cinco duros cumplían por unos minutos con el deseo de conducir el coche de sus sueños. Y en este punto, el detalle de poder elegir la música te permitía pensar que realmente era tu decisión porque se trataba de tu coche. Pura magia de los noventa.

En definitiva, OutRun despuntó en su tiempo por el nivel técnico alcanzado, pero fue su jugabilidad sencilla aunque de dificultad endiablada perfectamente equilibrada la que unida a un control que funciona con absoluta precisión le permitió llegar a ser considerado una obra maestra.

En el último Gamelab tuve la oportunida de preguntar al propio Yu Suzuki cuál de todas las obras maestras que ha realizado era su favorita. Como no podía ser de otra forma, él se decantó por Shenmue. Pero debo confesar que yo secretamente esperaba que dijera “Out Run”.

Como no fue así, yo sólo puedo recomendar a cualquiera que pueda conseguirlo que lo pruebe y lo juegue. Si eres de aquellos que se gastaron la asignación semanal en los billares de tu barrio tratando de superar todas sus etapas no tardarás ni cinco minutos en recuperar las sensaciones y disfrutar la frenética diversión y el reto que ofrecían los arcades de aquellos años como Out Run. Y si eres más joven y este juego del que te estoy hablando se trata de un perfecto desconocido para ti, te diría que es el momento de arreglar cuentas con el pasado. Descubrirás que hubo un tiempo en el que los juegos no eran de mil tonalidades diferentes de verde y marrón y que no hacían falta tutoriales de dos horas para empezar a divertirse. No te arrepentirás.

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