Final Fantasy XIV: A Realm Reborn

Final Fantasy XIV: A Realm Reborn

A Realm Reborn no es sólo su título, sino también su motivo de existir. La redención de Square Enix.

No es un secreto que Final Fantasy XIV (Square Enix, 2010)  fue un fracaso. Un increíblemente bello fracaso. El avance técnico del juego chocaba de morros contra todos los obstáculos que poblaban el mundo de Eorzea, ya sea en la horrible interfaz, el aparatoso sistema de combate o la total falta de quests que nos dejaban a nuestro libre albedrío intentando buscar algo divertido que hacer, cosa que era muy, muy complicado llegar a conseguir.

Tras meses gratuitos para sus fieles suscriptores, Square Enix decidió dar carpetazo, destruir (literalmente) el mundo y volver a empezar de cero. Es así como nace A Realm Reborn, una disculpa por parte de la compañía a los fans que querían volver a vivir una aventura online, y a pesar que les ha costado, esta vez han logrado un éxito que da la espalda a su gran fracaso.

Un reino que renace

La historia de A Realm Reborn se sitúa 5 años después de la destrucción de Eorzea a manos de la invocación del Primal Bahamut por parte del Imperio Garlean. Los aventureros que formaron equipo para evitar esa destrucción fue separado y caídos en el olvido. En el momento de la creación de nuestro personaje, nos da la bienvenida uno de los clásicos cristales de la saga con conciencia propia, anunciándonos que nuestra presencia es importante para la restauración del mundo. Poco a poco, recobraremos los recuerdos de su aventura a medida que vaya encontrándose con sus antiguos compañeros y los peligros del pasado volverán a aparecer para reclamar Eorzea.

A pesar de ser una secuela directa de la primera versión de Final Fantasy XIV, los jugadores pueden comenzar directamente a sumergirse en esta aventura online y disfrutar de sus numerosas mejoras, convirtiéndolo en un juego muy recomendable tanto para jugadores de PC como de PlayStation 3 y Playstation 4.

La jugabilidad de un MMO a PS3 se ha llevado a la perfección y usa el Dual Shock en su totalidad y es sorprendentemente cómodo. Si es cierto que algunas cosas resultan complicadas, como acceder al chat, cerrar algunas ventanas emergentes o comprobar estados alterados entre otras cosas, acción que realizaremos con el botón Select, que servirá para moverse por las distintas secciones que veremos en nuestra pantalla. Por otra parte, el movimiento del PJ y de la cámara se realizarán con los dos sticks, marcar el objetivo a atacar o con el que queramos interactuar se hará con el X o las flechas de dirección y para realizar otras acciones como nuestras diferentes habilidades tendremos que realizar una combinación de los gatillos L2 y R2 más cualquiera de las flechas de dirección o los 4 botones. Esto que puede resultar a primera vista un lío, es bastante cómodo si tenemos en cuenta que tenemos a nuestra disposición 16 habilidades y además, por si fuese poco, tendremos a nuestra disposición 8 distintas barras, que podremos acceder con R1, para poner las habilidades que queramos usar.

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A la hora de combatir, en el momento en el que veamos a un enemigo y al pulsar la X, nuestro PJ entrará en posición de lucha y el enemigo se centrará en nosotros, y con el autoataque o usando las habilidades que aprenderemos a medida que subamos de nivel conseguiremos derrotarlos.

Lo sorprendente de Final Fantasy XIV, tanto de las dos versiones como de la anterior entrega online, es la flexibilidad que Square Enix da al juego, ya no sólo por la inmensa variedad y las especializaciones que encontraremos, si no por el hecho de que en cualquier momento podremos cambiar de clase siempre que realicemos la quest apropiada en el gremio de la clase que nos interese. No sólo podemos dedicarnos a la lucha como Discípulos de la Guerra (como Lancer o Pugilist) o como Discípulos de la Magia (como Conjurer o Arcanist), también podemos dedicarnos a trabajar las distintas ramas de trabajos que hay en el juego para así poder ser de ayuda a otros personajes forjando armas o armaduras como Discípulos de la Mano (como carpinterococinero o forjador) o Discípulos de la Tierra (como minero o pescador). Todas las Disciplinas nos permitirán acceder a las llamadas Levequests, una serie de misiones que su objetivo son precisamente eso, ganar experiencia para subir a nuestros personajes con misiones totalmente independientes al mundo que nos rodea, sin embargo, serán sólo los Discípulos de la Magia y de la Guerra las que nos permitirán el acceso a una de las opciones más divertidas del juego, las mazmorras.

Estas mazmorras comenzarán a estar disponibles a partir del nivel 12 para los Discípulos de la Guerra y de la Magia, en las que tendremos un tiempo límite de 90 minutos para recorrerla en su totalidad, resolviendo situaciones especiales para poder avanzar y finalmente luchar contra los grandes jefes guardianes de los mejores tesoros. Para ello, existe la utilidad Duty Finder, una función que nos ayuda a poder encontrar un grupo con facilidad, grupo que formará un tanque, un curador y dos atacantes (o DPS). Obviamente, la cola será mucho más corta si eres de los primeros, ya que la proporción cae a favor de los DPS y si perteneces a este sector podrías llegar a estar esperando casi una hora para poder acceder a una de las mazmorras.

El increíble apartado artístico de FFIX nos ha dejado con la boca abierta

El problema de esto es que algunos de los eventos especiales, como la magnífica lucha contra Ifrit, una de las invocaciones clásicas de la saga, también cae sobre el Duty Finder y lo peor es que esta batalla es una quest de la historia principal que transcurre en un sitio cerrado y en ocasiones así esperar tanto tiempo puede agotar nuestra paciencia.

Para que estas esperas no sean tan largas, en el juego encontraremos los clásicos grupos de gente llamados Free Company en el que podremos pedir ayuda para poder realizar mazmorras o quests con más compañeros.

En comparación con la primera versión de Final Fantasy XIVA Realm Reborn cuenta con un alto número de quests, ya no sólo las de historia, también aquellas que encontraremos a medida que vayamos explorando nuevos territorios u otros continentes, las Levequests que podremos acceder hablando con el personaje no jugable que nos la entrega y que consisten en realizar un encargo breve que nos otorgará dinero y experiencia, y la novedad de esta entrega, los FATEs (Full Active Time Event), breves eventos que consisten en su mayoría en derrotar a un número de enemigos, acabar con uno bastante más poderoso de lo normal o defender de los enemigos un determinado objeto. Para entrar en estos eventos tan sólo tenemos que acercarnos al área del mapa donde está sucediendo y automáticamente seremos parte del grupo y según nuestra participación, la recompensa será menor o mayor, un sistema que ya se vio en otros juegos online como Warhammer Online (Mythic Entertainment, 2008) o Guild Wars 2 (Arena Net, 2012). En el caso de los FATEs y las mazmorras, si nuestros nivel es más alto del que se pide, será sincronizado para mantener un cierto control aunque claro, nuestra recompensa no será tan significativa para nuestro PJ, al contrario de haber realizado una de nuestro nivel, pero si el evento es mayor que nuestro nivel, nuestra recompensa no será tan alta o en el caso de las mazmorras, obviamente no nos dejarían entrar.

El hecho de que el máximo nivel que se pueda alcanzar de momento en A Realm Reborn sea 50, incita al jugador a que vaya aprendiendo nuevas clases y profesiones y no se estanque tan sólo en una, aunque para evitar que el jugador se aburra en la misma clase también están las especializaciones, clases superiores de los Discípulos de la Guerra y de la Magia que serán imprescindibles para las mazmorras de más alto nivel, entre las que se encuentra Paladin para la que necesitaremos subir la clase Gladiator hasta nivel 30 y Conjurer a nivel 15, o por ejemplo Dragoon, que necesitamos Lancer al 30 y Marauder al 15. Así, el jugador tendrá que ir experimentando poco a poco para saber cuál es su favorita y no tendrá que crearse un nuevo personaje cada vez que quiera experimentar con una profesión diferente.

No faltan las características cinemáticas

A Realm Reborn es un juego que no entra únicamente por su jugabilidad, el campo visual y sonoro juegan un papel importante en la inmersión del jugador al mundo de Eorzea. La música que nos acompaña durante el juego compuesta por Masayoshi Soken, que cuenta en su haber la creación de las piezas musicales de títulos tan dispares como Drakengard (Cavia, 2005) y Mario Sports Mix (Square Enix, 2010) entre otras, es una auténtica obra maestra. La disparidad entre temas más tranquilos para las ciudades y nuestros viajes por las vastas tierras del mundo hasta los más animados en las batallas con un detalle que gustará a todos los fans de la saga, la clásica entradilla de los combates vuelve para acompañarnos una vez más durante nuestro idilio o la fanfarria que nos alegrará cada nivel que subamos. Pero como no, la música que se quedará en nuestros oídos es aquella que sonará en los combates más intensos del juego, como son los combates finales contra los jefes de mazmorra y aquellos que combatiremos contra los Primales, como Ifrit entre otros. Nuestro PJ no tendrá una voz para los diálogos aunque sí para los clásicos efectos de golpes o esfuerzos que realicen, pero el doblaje del juego para los personajes más importantes de la historia cumple su cometido sin más, no es el mejor trabajo que hayamos visto en un juego de Square Enix, pero no es un mal trabajo en absoluto, algo que contraste con los efectos de sonido: excelentes. Algo que notaremos en particular en los combates, cuando las luchas encarnizadas se adornen de cortes, golpes, gruñidos, magias y cualquier otro efecto sonoro.

Gráficamente es simplemente espectacular. Las ciudades y los escenarios son increíblemente vivos, ya no sólo por la cantidad de PNJ que pueblan por ellos, también por el mimo y el detalle con el que se ha creado el mundo. Todos los personajes que vemos en el juego están muy bien realizados y cada uno de ellos resulta diferente, ya sea por su raza, clase o como lo hayamos editado a la hora de crearlos, con las múltiples opciones que el juego ofrece, y la inmensa cantidad de armas y armaduras que tenemos a nuestra disposición para descubrir, incluso algunas algo absurdas, como una especie de arnés de cuero para los Discípulos de la Guerra de bajo nivel. Sin embargo, el juego puede llegar a sufrir algunas ralentizaciones, en especial en algunos FATEs, donde se une a la vez una gran cantidad de jugadores y enemigos y con todos los ataques y efectos visuales nos puede perjudicar, ya no solo por la caída de frames, también por el hecho de que no podamos atacar correctamente, se nos penalice con una recompensa menor o algo aún peor, que a veces no aparezcan los enemigos o los personajes que pueblan las ciudades, lo que supone estar un rato parado esperando a que la conexión se estabilice. Pero no hay que temer, porque esto no pasa en las mazmorras, ya que al ser áreas exclusivas para el grupo, no existe la posibilidad de que se sume un gran número de enemigos y hechizos, al menos en las de bajo nivel.

Los “Lalafell” aportarán ese toque “kawaii” tan japonés

Como he comentado al principio, Final Fantasy XIV: A Realm Reborn es la disculpa más sincera de Square Enix a su desastroso primer intento, aunque a veces parece que tiran más por el fanservice a la hora de pedir estas disculpas, con los numerosos guiños a los clásicos de la saga que parecen, sin duda, fuera de lugar, como por ejemplo la presencia de las armaduras Magitek de Final Fantasy VI  (Squaresoft, 1994), la entradilla musical de los combates, los moguris, los clásicos chocobos y muchos otros detalles que apelan a la nostalgia de los jugadores, pero que parece que han podido ser incluidos para intentar resarcirse de su error.

No obstante, A Realm Reborn es un juego magistral y lo que Square Enix debería haber hecho desde el principio con su Final Fantasy XIV. El vasto mundo de Eorzea tiene miles de lugares y zonas para ser explorado que hará las delicias de todos los fans de la clásica saga de juegos de rol y de aquellos que disfrutan de los MMO. Además, la compañía ha anunciado que cada 3 meses el juego dispondrá de una actualización grande totalmente gratuita que ampliará todavía más el contenido del juego. Todavía falta por añadir el prometido PvP y realizar un balance de clases, pero poco a poco, este juego puede dar el paso de convertirse de un notable a un excelente.

¿Quién debería probar Final Fantasy XIV: A Realm Reborn?

Fans de Final Fantasy y de los juegos online se encontrarán completamente a gusto en el mundo de Eorzea, con miles de cosas que hacer, con su dinamismo, su fantástica historia y banda sonora y excepcionales mazmorras. La gran cantidad de cosas para hacer te mantendrán enganchado durante meses.

¿Quién debería mantenerse alejado?

Aquellos que nunca hayan disfrutado de un juego online, no quieran pagar una cuota mensual o aborrezcan el grindeo que se puede sufrir en ciertos niveles, especialmente en los altos.

En un futuro, espero poder añadir más información de mis experiencias con el juego, ya que todavía no he llegado a las zonas finales aunque espero hacer más adelante y poder contaros mi opinión de nuevo.

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