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Análisis Call of Duty: Infinite Warfare

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Análisis Call of Duty: Infinite Warfare

La guerra da un salto al futuro


De acuerdo a nuestro código ético, informamos que la copia analizada de Call of Duty: Infinite Warfare
nos ha sido cedida por Activision Blizzard.

Call of Duty es una de las sagas de videojuegos más conocidas. A lo largo de sus 12 años de historia ha conseguido reunir a una auténtica legión de fans que han esperado con ilusión cada nueva entrega. Con el paso de las generaciones, el género de los shooters ha dado algunos juegos que han plantado cara a la longeva saga, pero Call of Duty siempre se ha mantenido en el trono de los First Person Shooters.

Uno de los puntos clave del desarrollo de esta saga fue su cuarta entrega. Modern Warfare es considerada por muchos como el cénit de los shooters. El juego dejó atrás su ambientación de la segunda guerra mundial para avanzar hasta la época moderna, pero el cambio no se quedó ahí. La jugabilidad se llevó un paso más allá, haciendo avanzar las mecánicas y dando los primeros pasos hacia el shooter moderno.

Call of Duty Infinite Warfare 1

En los años posteriores el avance se detuvo, manteniendo gran parte de las innovaciones en las entregas posteriores. Este estancamiento castigó duramente la imagen del juego, a lo que hay que añadir que las tiendas se poblaron de nuevos shooters que intentaban dar un nuevo enfoque al género. Activision probó otras estrategias, pero las sucesivas entregas no terminaron de conquistar al público como las anteriores.

Infinity Ward, el estudio que impulsó la saga y desarrollador de las entregas más exitosas, intenta dar un nuevo salto hacia delante como ya hizo con Modern Warfare. Una nueva ambientación, futurista y con muchas ideas tomadas de la ciencia ficción, se ponen sobre la mesa para dar un giro hacia algo nuevo y recuperar algo de la emoción perdida con los años. Desgraciadamente, la mayoría de estas novedades no explotan todo su potencial, quedando muy debajo de las opciones que nos ofrecen otros FPS.

Modo Campaña

Quizá la campaña de Call of Duty no sea uno de los aspectos más valorados del juego por sus jugadores más veteranos, pero Infinity Ward la sigue manteniendo entrega tras entrega para darle un contexto al modo multijugador e intentar conservar algo de la esencia de los primeros juegos. Cada historia en la saga sigue unos pasos muy concretos, con unos pilares comunes en cada juego y que son a su vez, sus puntos fuertes y sus puntos débiles.

La historia tiene un fuerte componente cinematográfico, con escenas cargadas de espectacularidad que perfectamente podrían pertenecer a una película de animación. La mayor parte de los hechos se nos cuentan mediante estas cinemáticas o scripts, lo cual no es necesariamente malo si se nos da la posibilidad de tomar decisiones importantes o se nos presenta una historia atractiva. No es el caso. El juego nos cuenta una historia tremendamente genérica y previsible, por mucho que intente disfrazarla con lecciones sobre el honor y el deber.

Call of Duty Infinite Warfare 2

La historia comienza con una Tierra en apariencia próspera, con la humanidad desarrollando los viajes espaciales y colonizando otros planetas. Durante un día festivo y con todas las naves de nuestro ejército reunidas en un mismo sitio, una milicia rebelde de marte toma el control de las principales armas defensivas del planeta para utilizarlas contra nuestras propias naves. ¿Cómo es posible que algo así ocurra? El juego lo deja a nuestra imaginación.

El general al mando del ejército enemigo no es otro que Kit Harington, el actor que interpreta a Jon Nieve en Juego de Tronos y que, al igual que en la serie, no sabe nada. Sus motivaciones son completamente desconocidas y sus acciones parece que sólo buscan darnos una razón para atacarle sin remordimientos, dejando una imagen de personaje plano y deshumanizado. Nada llegamos a saber de como se puso al mando de su ejército, cómo ha conseguido su enorme flota o por qué desea destruir la Tierra más allá de «la guerra por la guerra».

Por suerte, el jugador de Call of Duty espera poco del guión de su historia, lo que lo atrae del juego es su jugabilidad, y en este aspecto no defrauda. Las misiones tienen un ritmo excelente, alternando cinemáticas frenéticas con fases de sigilo, combates aéreos y tiroteos clásicos. Los controles responden a la perfección a nuestros movimientos, haciéndonos sentir rápidos, ágiles y precisos.

La desarrolladora ha aprovechado la nueva ambientación para incluir en el juego algunas mecánicas nuevas. La primera son los tiroteos en gravedad cero. A lo largo de la campaña podremos abordar varias naves, lo que implicará acercarnos hasta ellas sigilosamente en un entorno sin gravedad. En este escenarios nos moveremos lentamente en cualquier dirección, lo que dará lugar a tiroteos con enemigos en otros planos —como las paredes o el techo— que nos obligarán a combatir de forma diferente.

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La segunda novedad son los combates espaciales. En estas fases nos pondremos a los mandos de un pequeño caza y nos enfrentaremos directamente a las naves enemigas. El control de la nave es muy arcade, responde bien y es fácil de dominar. Sin embargo, estos combates pronto nos parecerán repetitivos. Únicamente pelearemos con dos tipos de naves, los cazas pequeños y rápidos; y los destructores más grandes, lentos y mejor armados. Para hacerles frente nuestra nave contará con tres tipos de armas: la ametralladora, el cañón y los misiles. La poca variedad, tanto de enemigos como de armamento, deja estos combates espaciales como un recurso sin explotar. El estudio no ha conseguido sacar partido a toda la libertad creativa que puede ofrecer una ambientación futurista y el resultado está lejos de aprovechar todo su potencial.

Por último, la tercera gran novedad de esta entrega serán las misiones secundarias. Llegado a cierto punto de la historia nos pondremos a los mandos de una enorme nave espacial. Como capitán podremos decidir nuestros próximos objetivos, pudiendo llevar a cabo las misiones principales o emprender otras tareas opcionales que no nos proporcionarán ninguna información nueva ni tendrán ningún peso en el desenlace de la trama. Lo que sí conseguiremos serán nuevas armas y equipamiento, que nos podremos poner a nuestra elección, al comienzo de cada misión. Antes de escoger cada objetivo veremos un breve resumen que nos mostrará los distintos tipos de fases de cada misión: sigilo, asalto o combate en caza.

En nuestro camarote podremos acceder a un ordenador en el que leer los correos que nos lleguen y los distintos informes de misión. También tendremos acceso a un panel que nos mostrará la jerarquía del ejército enemigo, con el general Salen Kotch en lo alto y sus distintos oficiales por debajo. Estos aparecerán en determinados momentos del juego para intentar acabar con nosotros, pero en la práctica, se comportan como soldados normales sin ningún rasgo distintivo para reconocerlos. Tan sólo sabremos que hemos abatido a un oficial gracias a un pequeño aviso en el HUD tras su muerte. Otro planteamiento que se queda a medias sin ofrecer ninguna aportación real al juego.

El resultado final es una campaña a medio gas, que intenta llevar el juego a una nueva dimensión con la ayuda de la ciencia ficción pero no alcanza la calidad de otros juegos similares. Aunque, como siempre, a la hora de disparar se trata de un juego realmente divertido, el guión de la campaña deja mucho que desear y parece que la incorporación de guionistas de Hollywood y actores famosos no ha servido de mucho. Por esos motivos, la campaña siempre queda en un segundo plano, ensombrecida por el modo multijugador.

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Multijugador

El auténtico atractivo de Call of Duty es, desde hace mucho, su modo multijugador. Es aquí donde los jugadores pasan la gran mayoría de sus horas y donde el juego se luce, mostrando todo lo que puede hacer. Al igual que en el modo campaña, la ambientación de ciencia ficción está presente en este modo y le proporciona un contexto. En este modo formaremos parte de un ejército de mercenarios dispuesto a luchar por cualquier bando que pueda pagarnos.

La principal novedad de este modo llega con los módulos. Se trata de unos exoesqueletos que contarán con diferentes capacidades y cambiarán nuestra forma de jugar. Lo que toda la vida se ha conocido como «clases». Al comenzar nuestra partida podremos escoger entre tres módulos diferentes: el guerrero, el más ofensivo; el mercenario, más defensivo; y el sináptico, un dron muy rápido y con habilidades cuerpo a cuerpo. Al subir de nivel desbloquearemos más módulos, armas, equipamiento y opciones de personalización para crear a nuestro soldado perfecto.

Como siempre, el control no defrauda y nos proporcionará reacciones tan rápidas como nuestras manos sean capaces de moverse. Cada mapa está pensado para ofrecer distintas ventajas estratégicas en ciertos puntos, por lo que ser rápidos será clave para adelantarnos a nuestros rivales. En general, todos están bastante bien equilibrados y no tienen fallos de diseño, como se podía esperar de Infinity Ward.

El punto negativo lo encontramos en la propia concepción del juego. Los mapas pequeños, la necesidad de estar en constante movimiento y la cantidad de contenido y opciones son una barrera de entrada difícil de superar para los jugadores nuevos. Todo el juego se basa en saber reaccionar con rapidez y precisión. No hay lugar para la calma y la estrategia, y morir constantemente puede frustrar a más de uno.

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Zombis

El otro modo de juego que ya se ha convertido en un clásico de la saga. Con el paso del tiempo, el modo zombi ha ido evolucionando, incorporando nuevos elementos y mecánicas. Sin duda, ha sido gracias a los jugadores, lo que comenzó como un pequeño minijuego ha sobrevivido generación tras generación. Un nuevo enfoque orientado al multijugador cooperativo que le aporta un poco de frescura a la saga. En Infinite Warfare, el modo zombis podría considerarse un juego dentro de un juego. Sus mecánicas y jugabilidad características podrían sostener un juego entero, sin necesidad de ser un «extra» de un juego mayor.

El juego nos presentará a sus personajes a través de una cinemática inspirada en los dibujos animados de los 80, con sus ambientaciones y clichés característicos. Cuatro amigos se dirigen al cine para ver la última película de terror de su director favorito. Por desgracia para ellos, todo resulta ser una trampa y el mencionado cineasta utiliza magia negra para atraparlos en el film. Aquí llega nuestro momento, cuando deberemos encarnar a uno de estos cuatro personajes para hacer frente a las horas de zombis que intenten acabar con nosotros. Un contexto innecesario pero que le aporta personalidad, a la vez que nos dice que no nos lo tomemos muy en serio cuanto veamos en pantalla.

La ambientación y el tono de toda la partida nos llevan a esas películas clásicas de terror que hoy en día dan más risa que miedo. El lugar perfecto para emprender a tiros a todo aquel que no quiera permanecer muerto y disfrutar de unas partidas más desenfadadas y centradas en la cooperación entre los jugadores.

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Conclusión

Call of Duty: Inifinte Warfare se aleja mucho de lo fue la saga en sus orígenes. El guión de la campaña y su ambientación carecen de originalidad. El salto al escenario futurista está tan desaprovechado que si sustituimos las naves espaciales por submarinos tenemos exactamente el mismo juego. Por suerte, los modos de juego multijugador, tanto competitivo como cooperativo, no defraudan en cuanto a jugabilidad y le aportan un poco de frescura en el caso del modo zombi. Un juego que sólo disfrutaremos completamente si exprimimos todas las facetas que ofrece.

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