[Especial] PlayStation cumple 20 años: PlayStation, el origen de la leyenda

[Especial] PlayStation cumple 20 años: PlayStation, el origen de la leyenda

El 3 de diciembre de 1994, Sony dio a luz a la que es la segunda consola más vendida de toda la historia de los videojuegos, y a una de las primeras en utilizar el CD-ROM como soporte de almacenamiento para sus juegos. Estamos hablando de la PlayStation, consola que reinó desde 1994 hasta 2004, y que ha sido hogar de juegos tan míticos como Gran Tursmo (Sony Computer Entertainment, 1997) o Rayman (Ubisoft, 1995).

Esta consola compitió con Nintendo 64 y Sega Saturn, y se convirtió  en la primera consola de la historia en vender más de 100 millones de unidades, que superó su predecesora, PlayStation2. Durante 10 años, esta consola de Sony vendió 102’49 millones de unidades, en todo el mundo. Uno de sus estandartes fue Gran Turismo, que colocó en el mercado más de 10’85 millones de copias, convirtiéndose en el juego más vendido de esta consola.

broken-sword-shadow-of-the-templars-the-director-image679631A título personal, tengo dos PlayStation en mi casa actualmente; el afán de coleccionismo y el hecho de que una de ellas se estropease son las principales razones. Y a pesar de ser una fan acérrima de Nintendo, Sony y esta consola me han proporcionado mucha diversión y grandes momentos durante bastantes años. Esta fue la primera consola de sobremesa que toqué, hace ya más de 17 años. Mis primos mayores fueron los pioneros de mi familia en tener una consola, y no son pocas las tardes las que pasé con ellos intentando pulsar bien los botones o resolviendo puzles o simplemente disfrutando viendo cómo se picaban entre ellos con las entregas de FIFA o de NBA. Esa consola de mis primos, cuya edad roza prácticamente la veintena a día de hoy, llegó a mi casa unos años más tarde, y seguí disfrutando de ella como el primer día.

Tengo un recuerdo especialmente vívido sobre Broken Sword: Shadow of the Templars (Revolution Software, 1996); lo jugué con 6 ó 7 años, y había partes que me daban miedo, y tenía pesadillas con el juego, pero no podía dejarlo. Me atraía lo suficiente como para pedirle a uno de mis primos que me acompañara jugando a pesar de que me dijeran “para qué juegas si tienes miedo”. No sabía muy bien cómo explicarles la fascinación que sentía por estar viviendo esa historia, ni por aquellos escenarios que parecían sacados de una película y que a mí me parecían lo más realista y más perfecto que jamás había visto.

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No puedo dejar atrás tampoco las mañanas de sábado en las que, después de acabar los deberes, me ponía a jugar con Spyro, en este caso, Spyro 2: Gateway to Glimmer (Insomniac Games, 1999), desquiciándome con los controles invertidos y con los joystick del mando, ni tampoco las tardes que pasé en casa con mi grupo de amigos pasándonos los niveles de Crash Bandicoot 2: Cortex Strikes Back (Naughty Dog, 1997), comiendo chucherías e intentando despistar al que tenía el mando en ese momento para cambiar de jugador.

Sin embargo, uno de los mejores recuerdos que tengo es con las dos primeras entregas de Harry Potter –a partir de la tercera fueron para PlayStation2 y sus predecesoras– y con Digimon World 2003 (Bandai, 2002): ambos juegos marcaron un antes y un después, sobre todo por el hecho de que eran juegos de dos de mis cosas favoritas por aquel entonces, y siguen siéndolo a día de hoy. Los juegos de Harry Potter se parecían mucho a los libros y era de agradecer: algunos de los puzles que se planteaban suponían auténticos retos y los controles a veces se hacían endiablados. Bien es cierto que ahora los juegos apenas revisten dificultad alguna para mí –he superado ambos al 100% en unas seis horas y sin guía hace cosa de dos meses–, pero les tengo mucho cariño por lo que representaron en su momento y siguen representando a día de hoy.

gal-silenthill7-jpgCon Digimon pasa igual: era un juego de estrategia, en el que se combinaban los combates con Digimon con juegos de cartas. Era un mundo bastante amplio, y había jefes de zona a los que había que vencer con un combate y una partida de cartas para obtener una insignia que nos permitiese avanzar. Igual que con la saga de Potter, este juego en su momento se me hizo bastante complicado, pero jugado ahora no me supondría un reto excesivamente grande.

Aunque tuve también mi época en la que quise pasar miedo, y lo pasé de verdad. Un amigo me prestó Silent Hill (Konami, 1999) durante un par de semanas y los miedos que pasaba de pequeña jugando al Broken Sword dan risa con el miedo que pasé con este juego. La sirena me hacía temblar, me ponía nerviosa y siempre me acababan matando. Nunca llegué a pasármelo. Recuerdo el hospital con auténtico pavor; lo he rejugado recientemente y sigue dándome el mismo miedo que entonces. Pero a pesar de pasarlo mal jugando, empecé a apreciar el survival horror como género, y tengo mucho cariño a Silent Hill, a pesar de que me hizo pasar muy malos tragos.

Aquella PlayStation que me fue legada por mis primos, sin embargo, tuvo un trágico final: hace tres años dijo adiós y no ha vuelto a funcionar. Unos vecinos tuvieron la bondad de regalarnos su PlayStation One, y a día de hoy, sigo desenchufando la Wii durante un rato para poder recuperar uno de esos CDs y volver a mi infancia durante unas horas, a volver a picarme con mi familia con Gran Turismo, o simplemente, para recordar todo aquello que hizo que empezaran a gustarme los videojuegos.

Especial Playstation 20º Aniversario:

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