Homenaje Mass Effect

[dropcap size=big]H[/dropcap]oy rendimos homenaje a una de las sagas más queridas e influyentes de la generación anterior. Desde GTM es todo un honor y un privilegio ofreceros este artículo multimedia, en el que varias voces y varios enfoques unen fuerzas para aceptar un desafío: hacer justicia a estos juegos solo con palabras.

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 Mass Effect tiene alma

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 Hablar de Mass Effect es hablar de una de las sagas más representativas de la generación anterior. Pero a diferencia de muchas de ellas, no se trata de un éxito prefabricado o genérico. Mass Effect tiene alma. Es la viva representación de una pugna: la de Bioware por consolidar una nueva forma de entender los videojuegos, de redefinir el propio género del action-rpg y reordenar sus prioridades para bien.

Pese a las imperfecciones de la primera entrega en aspectos como la jugabilidad o la interfaz, la dirección no podría tener un pulso más firme. Con una ambientación que bebe de la mejor ciencia ficción, al mismo tiempo que consigue forjar un carácter propio e inimitable. Con un guión al nivel de las mejores producciones cinematográficas, y unos giros narrativos que pulverizan las convenciones del género.

Las siguientes entregas potenciaron más el componente «action» en detrimento del «RPG», pero a cambio de ser productos más pulidos y consistentes. Bioware comprendió que si hay un elemento imprescindible para cualquier juego de rol que se precie, es la toma de decisiones. Y construyó un juego y dos secuelas alrededor de esa idea tan sencilla, aprendiendo de sus errores y mejorando de sus propios aciertos.

Toma de decisiones que rara vez es sencilla, pues siempre tienen implicaciones morales, y consecuencias que pueden variar entre lo trivial y lo catastrófico. Algunas de estas decisiones afectan a unos personajes tan bien caracterizados que resulta imposible no empatizar con ellos, otras afectan a toda una especie, o a la galaxia entera. El jugador va sintiendo el peso de la responsabilidad, apilándose sobre sus hombros a medida que la épica de la historia se desarrolla y aumenta en intensidad. Con una acción y un drama que acompañan a ese in crescendo en perfecto equlibrio. El resultado es una de las experiencias más épicas a las que puede aspirar un videojugador, y unos de los fandoms más leales y entregados que uno puede encontrar en internet.

David Cage dijo en una ocasión que «conseguir la implicación emocional del jugador es el Santo Grial del diseño de videojuegos». En cierto modo, se ha materializado la metáfora del Sr. Cage: La saga Mass Effect —y sus creadores— hace tiempo que son inmortales en la memoria colectiva de los jugones.

Miguel Arán

Redactor GTM

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Cada elemento que constituye Mass Effect es parte de una suma perfecta

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Hace solamente cuatro años que jugué a Mass Effect por primera vez, pero su sombra se ha mantenido bien alargada durante todo este tiempo. Mi adoración por la trilogía, por cada uno de sus personajes, por su historia, ha llegado a un punto que raya la obsesión, necesitando jugar a los tres juegos al menos dos o tres veces al año, incluso anulando mis ganas de probar nuevos títulos. Durante mucho tiempo me costó comprender qué tenía de especial para haberme marcado tanto, mucho más que cualquier otro juego. Incluso ahora, a pesar de haber encontrado algo parecido a una explicación, sigo sin entender cómo llegué a este punto de fanatismo.

Cada elemento que constituye Mass Effect es parte de una suma perfecta. El tratamiento dado a los personajes, con sus propios conflictos interiores, con sus dudas, incluso la confianza en Shepard que a veces flaquea, te hace sentirte identificado con ellos. Esa empatía me ha conectado con cada miembro de la tripulación, hasta el punto de que en Mass Effect 2 eché mucho de menos a todos aquellos que no formaron parte de la misión suicida. Y me alegré de verlos o volver a compartir misiones con ellos en Mass Effect 3. Son algo más que personajes de un videojuego, son viejos amigos en un universo contenido en un disco.

Mass Effect no son solo sus personajes, también es su magnífica banda sonora, el modo de juego, el mimo dado a la creación de una historia para cada especie y planeta de la galaxia por la que viajamos, con conflictos a escala galáctica o tan solo pequeñas rencillas que pueden entorpecer la enorme misión que Shepard tiene entre manos. La manera en que todo se conecta es como una planta con millones de zarcillos que la ayudan a sostenerse y a seguir creciendo. Mass Effect no sería lo mismo sin ello, ni yo tampoco me habría sentido tan unida a él.

Pero hay algo más, algo que me ha afectado mucho a título personal. Siempre he sentido fascinación por el universo, por las incógnitas que se esconden en la inmensidad del espacio. ¿Qué hay más allá de nuestro sistema solar? ¿Llegaremos a comunicarnos con otras formas de vida? ¿Conseguiremos alguna vez que el viaje intergaláctico sea posible? Mass Effect me ha permitido imaginar respuestas a estas preguntas aún incluso sabiendo que la interpretación no es correcta científicamente: los relés de masa no son posibles, es más, el efecto masa, piedra angular de la comunidad galáctica por permitir los viajes entre sistemas cercanos, es imposible. Pero no importa, Mass Effect me ayuda a llenar un vacío que posiblemente nunca consiga eliminar. Y será solo ciencia ficción, será solo un videojuego, pero me lleva a mundos lejanos, me hace conocer especies extraterrestres en una comunidad galáctica. La inconmensurabilidad del espacio se hace más abarcable cuando tomo el mando y revivo la historia de Shepard una y otra vez. Y eso, es algo que tengo que agradecer a Mass Effect.

Paz Boris

Periodista Especializada

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 Lo mejor del conjunto es su genial historia

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Como gran aficionado a los RPG por una parte, y gran aficionado a la ciencia ficción por otra, encontré con Mass Effect una conjunción casi perfecta. Me resultaba, y resulta, casi absurdo que un filón tan bueno como este apenas se haya tocado en el mundillo… y sigue sin aprovecharse a pesar del evidente interés de la comunidad.

Por suerte Mass Effect llegó para rescatarme, y de qué manera. Sin apenas precedentes en el género, un juego consiguió acertar de pleno en prácticamente todo. Los personajes, situaciones, estilo, y demás me pareció excelente. Pero sin duda lo mejor del conjunto es su genial historia. Basada en un cliché muy recurrente, como la salvación de la humanidad -galaxia en este caso-, pero hilado de forma magistral. Todo parece formar parte de la trama, sin apenas cabos sueltos; y por supuesto con la ayuda de carismáticos personajes, así como de unos enemigos implacables.

Muchos tópicos, como mencioné antes, pero cuando funcionan tan bien la verdad es que poco importa. Shepard es la guinda del pastel, no es indispensable pero otorga un muy buen toque. Su actitud es bastante la típica de ser la única esperanza de todos, por extraño que resulte dentro de todo un universo. Incluso la posibilidad de elegir actuar como un héroe, o un completo borde, choca un poco con el fin último de salvador de la humanidad.

El haber jugado con su versión femenina añade un tanto de extrañeza, ya que a pesar del loable esfuerzo de que algunas situaciones se adapten al género, queda un regusto de que casi todo encaja mejor con un Shepard masculino.

Pero para mi todo eso es perdonable con tal de disfrutar de una epopeya espacial como esta, en especial por la falta de alternativas existentes. El único pero importante que le puedo sacar, y espero solucionen en el futuro Mass Effect 4, es que no hayan incluído ningún tipo de combate espacial, ni simulador, shooter, o estratégico. Un género que también está muy ausente en consolas, y que personalmente estoy deseando encontrar.

Carlos Santillana

Redactor GTM

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